El Oficial Radassi llegó a aquel edificio poco después del mediodía. La escena ya había sido procesada por la policía científica, y no era mucho lo que el podía llegar a descubrir en ese lugar, pero Alberto Radassi necesitaba ver el sitio donde se había cometido el crimen.
Cuando entró, notó que el cuerpo de la chica seguía en el piso. Radassi caminó lentamente hasta pararse delante. La joven presuntamente asesinada tendría veintidós o veintitrés años. Si bien parecía haber muerto lentamente, su rostro se mostraba ante él tan calmo, tan pacífico, que parecía algo completamente sobrenatural.
El cadáver estaba dispuesto de tal forma que sus piernas formaban un ángulo de ciento treinta y cinco grados con el resto del cuerpo. Aquel detalle llamó poderosamente su atención, por lo que sacó su libreta del bolsillo y anotó el dato. Siguió observando alrededor. Se notaban visiblemente las marcas dejadas por los químicos usados por sus compañeros de "la científica" para procesar la escena.
El no se consideraba realmente un experto ni mucho menos, pero según su experiencia, la disposición de las manchas de sangre por todo el cuarto, solo podía significar una cosa: La víctima había caminado por la habitación mientras se desangraba dejando sangre por todas partes.
Volvió a echar una mirada al cuerpo de la chica, al tiempo que se preguntaba cual podría haber sido la herida fatal. Fue así que notó una cortada de no más de cinco centímetros, en la pierna derecha a la altura del muslo. No parecía demasiado profunda aunque le llamó la atención. Hizo señas entonces al médico forense y le pidió que se acercara. El doctor se aproximó rápidamente y le preguntó que necesitaba.
- Disculpame; Al hacer el examen preeliminar, notaron esa cortada a la altura de la femoral.- El médico miró con atención la pierna de la joven negando con la cabeza.
- En nuestro primer análisis, nos pareció tan solo una cortada superficial, pero ahora que lo mencionás...- dijo al tiempo que se inclinaba para revisar la herida. La sorpresa se marcó de repente como una mueca en su cara.- Es mucho más profunda de lo que parece. Es más, creo que fue por esta herida que se desangró, aunque todo ocurrió de forma muy lenta...-
El médico se volteó y observó a Radassi como si se tratara de un extraterrestre.
- No me explico como fue que ella no lo notó. Es como si realmente no hubiera sido consciente de lo que le pasaba...- Alberto Radassi asintió entonces con la cabeza.
- Eso es simple: Debía estar drogada. Aunque te puedo asegurar que ella no se cortó la pierna para morirse lentamente.-dijo al tiempo que comenzaba a mirar atentamente el piso del cuarto. Buscaba un pequeño cuchillo con una hoja de no más de siete u ocho centímetros; tal vez una navaja o algo similar.
De repente notó que arriba del escritorio, había un abrecartas bastante parecido a lo que él pensaba, debía ser el arma homicida. Se acercó hasta el escritorio, y poniéndose guantes de látex, agarró el pequeño puñal con las dos manos. Lo examinó con atención; el mismo parecía estar excesivamente afilado. Ibarra, el forense que lo estaba asistiendo desde hacía ya unos cuantos minutos, respondió a una nueva seña de Radassi y fue al encuentro del detective. Sabía perfectamente lo que el otro quería comprobar, así que sacó un pequeño frasquito con gotero de su bolsillo, y tiró una gota de aquel reactivo sobre el metal de la hoja. Como Alberto había sospechado, había sangre en ella.
-¡Lo sabía! Esta es el arma homicida...- El médico lo seguía mirando un tanto extrañado. Aquel detective, no se parecía a ningún otro que hubiera visto antes.
Lo veía pasearse por el cuarto, meditando con la cabeza baja y aparentemente perdido en sus pensamientos. Parecía poseer un asombroso poder de deducción. Radassi comenzó entonces a caminar de una punta a la otra de la habitación, como si intentara de alguna forma reconstruir aquel periodo de tiempo entre la herida y la muerte de la chica.
-¿Por qué estás tan seguro de que estaba drogada?- Alberto levantó la vista, y esbozando una sonrisa se dispuso a hablar.
- No es más que simple deducción: la herida es tan limpia y certera que la única explicación posible, es que ella estaba tan "ida" que no se resistió. Vos debés saber mejor que nadie, que una herida tan precisa como esa, solo puede ser hecha si la víctima no se mueve.- Ibarra asintió con la cabeza dándole a entender que estaba de acuerdo.
- Pero el asesino debió ser muy consciente de lo que estaba haciendo...- Radassi inclinó la cabeza haciendo un pequeño gesto El no estaba tan seguro de eso último.
- En realidad lo único que se pude asegurar con certeza es que quien la haya matado, tiene suficientes conocimientos sobre anatomía, como para saber donde cortar. El resto nos lo dirá la muestra de sangre que obtendrán de este abrecartas.- Ibarra lo miró preguntándose como podía estar tan seguro. Alberto que se dio cuenta de lo que pensaba intentó explicarle.
Tomó el abrecartas como presuntamente lo había tomado el asesino. Lo agarró con su mano derecha, pero dejo el índice sobre el borde superior de la hoja.
- Para mi estaba casi tan drogado como ella. Tanto, que no se dio cuenta de que el puñal estaba igual de afilado por ambos lados; tanto, que ni siquiera sintió el corte en la yema de su dedo.-
Ibarra revisó una vez más la herida, y efectivamente la incisión sugería que el arma había sido tomada, como aquel detective postulaba. Aún más: estaba seguro de que las pruebas forenses, determinarían que todo había sucedido de un modo casi idéntico, al que él acababa de describir.
Alberto Radassi, colocó entonces el abrecartas en una bolsa de evidencias, y luego de sellarla se la dio a Ibarra en las manos. Tomó entonces su saco y luego de quitarse los guantes, se despidió. Carlos Ibarra quedó entonces allí completamente azorado. Le resultaba increíble aún habiéndolo visto, pero todo lo que habían dicho sobre Radassi era cierto. El tipo había resuelto el caso, en tan solo veinte minutos...
Cuando entró, notó que el cuerpo de la chica seguía en el piso. Radassi caminó lentamente hasta pararse delante. La joven presuntamente asesinada tendría veintidós o veintitrés años. Si bien parecía haber muerto lentamente, su rostro se mostraba ante él tan calmo, tan pacífico, que parecía algo completamente sobrenatural.
El cadáver estaba dispuesto de tal forma que sus piernas formaban un ángulo de ciento treinta y cinco grados con el resto del cuerpo. Aquel detalle llamó poderosamente su atención, por lo que sacó su libreta del bolsillo y anotó el dato. Siguió observando alrededor. Se notaban visiblemente las marcas dejadas por los químicos usados por sus compañeros de "la científica" para procesar la escena.
El no se consideraba realmente un experto ni mucho menos, pero según su experiencia, la disposición de las manchas de sangre por todo el cuarto, solo podía significar una cosa: La víctima había caminado por la habitación mientras se desangraba dejando sangre por todas partes.
Volvió a echar una mirada al cuerpo de la chica, al tiempo que se preguntaba cual podría haber sido la herida fatal. Fue así que notó una cortada de no más de cinco centímetros, en la pierna derecha a la altura del muslo. No parecía demasiado profunda aunque le llamó la atención. Hizo señas entonces al médico forense y le pidió que se acercara. El doctor se aproximó rápidamente y le preguntó que necesitaba.
- Disculpame; Al hacer el examen preeliminar, notaron esa cortada a la altura de la femoral.- El médico miró con atención la pierna de la joven negando con la cabeza.
- En nuestro primer análisis, nos pareció tan solo una cortada superficial, pero ahora que lo mencionás...- dijo al tiempo que se inclinaba para revisar la herida. La sorpresa se marcó de repente como una mueca en su cara.- Es mucho más profunda de lo que parece. Es más, creo que fue por esta herida que se desangró, aunque todo ocurrió de forma muy lenta...-
El médico se volteó y observó a Radassi como si se tratara de un extraterrestre.
- No me explico como fue que ella no lo notó. Es como si realmente no hubiera sido consciente de lo que le pasaba...- Alberto Radassi asintió entonces con la cabeza.
- Eso es simple: Debía estar drogada. Aunque te puedo asegurar que ella no se cortó la pierna para morirse lentamente.-dijo al tiempo que comenzaba a mirar atentamente el piso del cuarto. Buscaba un pequeño cuchillo con una hoja de no más de siete u ocho centímetros; tal vez una navaja o algo similar.
De repente notó que arriba del escritorio, había un abrecartas bastante parecido a lo que él pensaba, debía ser el arma homicida. Se acercó hasta el escritorio, y poniéndose guantes de látex, agarró el pequeño puñal con las dos manos. Lo examinó con atención; el mismo parecía estar excesivamente afilado. Ibarra, el forense que lo estaba asistiendo desde hacía ya unos cuantos minutos, respondió a una nueva seña de Radassi y fue al encuentro del detective. Sabía perfectamente lo que el otro quería comprobar, así que sacó un pequeño frasquito con gotero de su bolsillo, y tiró una gota de aquel reactivo sobre el metal de la hoja. Como Alberto había sospechado, había sangre en ella.
-¡Lo sabía! Esta es el arma homicida...- El médico lo seguía mirando un tanto extrañado. Aquel detective, no se parecía a ningún otro que hubiera visto antes.
Lo veía pasearse por el cuarto, meditando con la cabeza baja y aparentemente perdido en sus pensamientos. Parecía poseer un asombroso poder de deducción. Radassi comenzó entonces a caminar de una punta a la otra de la habitación, como si intentara de alguna forma reconstruir aquel periodo de tiempo entre la herida y la muerte de la chica.
-¿Por qué estás tan seguro de que estaba drogada?- Alberto levantó la vista, y esbozando una sonrisa se dispuso a hablar.
- No es más que simple deducción: la herida es tan limpia y certera que la única explicación posible, es que ella estaba tan "ida" que no se resistió. Vos debés saber mejor que nadie, que una herida tan precisa como esa, solo puede ser hecha si la víctima no se mueve.- Ibarra asintió con la cabeza dándole a entender que estaba de acuerdo.
- Pero el asesino debió ser muy consciente de lo que estaba haciendo...- Radassi inclinó la cabeza haciendo un pequeño gesto El no estaba tan seguro de eso último.
- En realidad lo único que se pude asegurar con certeza es que quien la haya matado, tiene suficientes conocimientos sobre anatomía, como para saber donde cortar. El resto nos lo dirá la muestra de sangre que obtendrán de este abrecartas.- Ibarra lo miró preguntándose como podía estar tan seguro. Alberto que se dio cuenta de lo que pensaba intentó explicarle.
Tomó el abrecartas como presuntamente lo había tomado el asesino. Lo agarró con su mano derecha, pero dejo el índice sobre el borde superior de la hoja.
- Para mi estaba casi tan drogado como ella. Tanto, que no se dio cuenta de que el puñal estaba igual de afilado por ambos lados; tanto, que ni siquiera sintió el corte en la yema de su dedo.-
Ibarra revisó una vez más la herida, y efectivamente la incisión sugería que el arma había sido tomada, como aquel detective postulaba. Aún más: estaba seguro de que las pruebas forenses, determinarían que todo había sucedido de un modo casi idéntico, al que él acababa de describir.
Alberto Radassi, colocó entonces el abrecartas en una bolsa de evidencias, y luego de sellarla se la dio a Ibarra en las manos. Tomó entonces su saco y luego de quitarse los guantes, se despidió. Carlos Ibarra quedó entonces allí completamente azorado. Le resultaba increíble aún habiéndolo visto, pero todo lo que habían dicho sobre Radassi era cierto. El tipo había resuelto el caso, en tan solo veinte minutos...
