El colectivo dobló justo en la esquina anterior a la que ella esperaba. Aldana se quedó mirando embobada, como perdía la oportunidad de alcanzarlo. Su colectivo no paró ni en esa ni en ninguna de las siguientes diez esquinas. Claro que si por error uno se toma un rápido, eso no resulta tan extraño...
Hacía casi cinco años que lo había visto por última vez. En esa ocasión, él le había dicho que debía partir al extranjero, para emprender unos estudios, pero que no se preocupara, que se mantendrían en contacto por carta o por mail. Lo cierto era que desde entonces, jamás había recibido un solo mail, y mucho menos una carta o una postal.
Ella había estado muy enamorada, y aquella desaparición tan brusca, le había partido el alma. Esos últimos cinco años había endurecido su corazón a tal punto, que no había vuelto a enamorarse de nadie. Ya no sentía absolutamente nada por él. Y hasta que esto sucedió, no había pensado para nada en él, por casi tres años. Era evidente que su corazón había sanado, o al menos eso había creído ella hasta el momento en que se lo cruzó en la calle...
Caminaba por el centro como lo hacía casi todos los días. Trabajaba para una empresa de consultoría, y su trabajo consistía en ir a los clientes para efectuar las evaluaciones que requería la tarea. Habría caminado unos treinta minutos sin un rumbo fijo, intentando despejar la cabeza; relajarse. Había sido una semana muy complicada.
De repente le pareció ver de refilón a alguien conocido, su rostro perdido entre un mar de rostros. Agudizó un poco sus sentidos, y al verlo, el corazón le dio un vuelco. Era él; después cinco años de no tener noticias, después de casi tres años sin pensar siquiera en él, allí estaba a unos pocos metros de ella.
Aldana se acercó lo más rápido que pudo diciendo su nombre en voz alta, pero él no se daba por aludido. Finalmente lo vio de frente, y con un tímido "hola" lo saludó; el otro le devolvió el saludo, pero no parecía saber quien era ella. Aldana no entendía porqué hacía de cuenta que no la conocía, pero se mantuvo allí, parada frente a él.
Aquel hombre a quien ella conocía como a nadie más, se despidió con un gesto y se subió a un colectivo. Ella quedó allí parada con el corazón destrozado. Lo que más le había dolido, era la forma en que la había mirado: como si realmente, jamás la hubiera visto.
Para cuando pudo reaccionar, el colectivo estaba a una o dos cuadras de distancia. Miró entonces en el sentido contrario y vio que otro coche se acercaba. A ese se subió. Pero no se había dado cuenta de un detalle: era un "semi rápido". Lo habría perdido nuevamente, y esta vez casi seguro hubiera sido para siempre; pero por algún motivo, el destino no quería ese desenlace...
Unas veinte cuadras después, el colectivo en el que ella iba se descompuso, y todos ellos se bajaron. Fue entonces que volvió a verlo. Observaba hacia todas partes, como si tratara de encontrar algo o a alguien. Finalmente, ella vio como se sentaba en un banco, dejándose caer pesadamente. Aldana, que estaba a unos cien metros de allí, raudamente se acercó hasta pararse delante de él y nuevamente lo saludo.
- Hola Julián...- él la miró extrañado, y finalmente, con un marcado acento extranjero le contestó.
-¿A caso tu me conoces?- ella lo observó muy sorprendida, pero le contestó.
- Por supuesto que te conozco. Hace cinco años que no te veo, pero te reconocería en cualquier parte.- El se rascó la cabeza, aún intentando asociar su rostro con algún recuerdo. Parecía que aquello le costaba horrores. Finalmente su cara se iluminó y entonces habló.
- Creo que algo recuerdo. Tú y yo nos conocimos hace unos ocho años. Claro que eso fue mucho antes de mi accidente...-
-¿Accidente?- el asintió cabeza.
- Si, me ocurrió a los tres o cuatro días de llegar a Frankfurt. Tuve un accidente de tránsito, y desde entonces no recuerdo más que algunas cosas inconexas. Una imagen, un sonido, un olor... Cosas que de repente me resultan muy familiares, pero nada más. Volví a la Argentina para intentar recordar algo. Mi terapeuta dice que eso puede ayudar.
-¿No recordás nada de nada? ¿Ni siquiera tu nombre?-
- No se cual es mi segundo nombre: en mis documentos, solo figuraba la inicial.- De repente el odio hacia ese hombre había desaparecido. Tan solo quedaban el dolor y la incertidumbre. Pero incluso eso, de algún modo, le resultaba reconfortante. Esbozó entonces una sonrisa y le habló.
- "Alejandro". Tu nombre es Julián Alejandro Xisqueira...-
- Por lo que veo me conoces bastante bien.- ella asintió con la cabeza y con un gesto algo melancólico que él detectó enseguida le contestó.
- Mucho más de lo que imaginás...- y luego de una pequeña pausa le preguntó aquello que le estaba carcomiendo la cabeza.- ¿Tenés novia?-
-¿Novia?- preguntó bastante confundido.
- Alguna chica que te esté esperando en Frankfurt.- él, que comenzaba a imaginarse que clase de relación había existido entre ellos, sonrió.
- No.- Aldana entonces sonrió también. Había muchas cosas que debía explicarle. Y lugares que mostrarle.
Fue entonces que levantó la vista y de pronto se dio cuenta, de que estaban sentados frente al edificio, donde ella había vivido cinco años atrás. Volteó entonces hacia Julián y lo miró sin entender nada.
- Sabes una cosa - continuó él- Siempre tuve la sensación de que alguien, me estaba esperando en Buenos Aires...-
Hacía casi cinco años que lo había visto por última vez. En esa ocasión, él le había dicho que debía partir al extranjero, para emprender unos estudios, pero que no se preocupara, que se mantendrían en contacto por carta o por mail. Lo cierto era que desde entonces, jamás había recibido un solo mail, y mucho menos una carta o una postal.
Ella había estado muy enamorada, y aquella desaparición tan brusca, le había partido el alma. Esos últimos cinco años había endurecido su corazón a tal punto, que no había vuelto a enamorarse de nadie. Ya no sentía absolutamente nada por él. Y hasta que esto sucedió, no había pensado para nada en él, por casi tres años. Era evidente que su corazón había sanado, o al menos eso había creído ella hasta el momento en que se lo cruzó en la calle...
Caminaba por el centro como lo hacía casi todos los días. Trabajaba para una empresa de consultoría, y su trabajo consistía en ir a los clientes para efectuar las evaluaciones que requería la tarea. Habría caminado unos treinta minutos sin un rumbo fijo, intentando despejar la cabeza; relajarse. Había sido una semana muy complicada.
De repente le pareció ver de refilón a alguien conocido, su rostro perdido entre un mar de rostros. Agudizó un poco sus sentidos, y al verlo, el corazón le dio un vuelco. Era él; después cinco años de no tener noticias, después de casi tres años sin pensar siquiera en él, allí estaba a unos pocos metros de ella.
Aldana se acercó lo más rápido que pudo diciendo su nombre en voz alta, pero él no se daba por aludido. Finalmente lo vio de frente, y con un tímido "hola" lo saludó; el otro le devolvió el saludo, pero no parecía saber quien era ella. Aldana no entendía porqué hacía de cuenta que no la conocía, pero se mantuvo allí, parada frente a él.
Aquel hombre a quien ella conocía como a nadie más, se despidió con un gesto y se subió a un colectivo. Ella quedó allí parada con el corazón destrozado. Lo que más le había dolido, era la forma en que la había mirado: como si realmente, jamás la hubiera visto.
Para cuando pudo reaccionar, el colectivo estaba a una o dos cuadras de distancia. Miró entonces en el sentido contrario y vio que otro coche se acercaba. A ese se subió. Pero no se había dado cuenta de un detalle: era un "semi rápido". Lo habría perdido nuevamente, y esta vez casi seguro hubiera sido para siempre; pero por algún motivo, el destino no quería ese desenlace...
Unas veinte cuadras después, el colectivo en el que ella iba se descompuso, y todos ellos se bajaron. Fue entonces que volvió a verlo. Observaba hacia todas partes, como si tratara de encontrar algo o a alguien. Finalmente, ella vio como se sentaba en un banco, dejándose caer pesadamente. Aldana, que estaba a unos cien metros de allí, raudamente se acercó hasta pararse delante de él y nuevamente lo saludo.
- Hola Julián...- él la miró extrañado, y finalmente, con un marcado acento extranjero le contestó.
-¿A caso tu me conoces?- ella lo observó muy sorprendida, pero le contestó.
- Por supuesto que te conozco. Hace cinco años que no te veo, pero te reconocería en cualquier parte.- El se rascó la cabeza, aún intentando asociar su rostro con algún recuerdo. Parecía que aquello le costaba horrores. Finalmente su cara se iluminó y entonces habló.
- Creo que algo recuerdo. Tú y yo nos conocimos hace unos ocho años. Claro que eso fue mucho antes de mi accidente...-
-¿Accidente?- el asintió cabeza.
- Si, me ocurrió a los tres o cuatro días de llegar a Frankfurt. Tuve un accidente de tránsito, y desde entonces no recuerdo más que algunas cosas inconexas. Una imagen, un sonido, un olor... Cosas que de repente me resultan muy familiares, pero nada más. Volví a la Argentina para intentar recordar algo. Mi terapeuta dice que eso puede ayudar.
-¿No recordás nada de nada? ¿Ni siquiera tu nombre?-
- No se cual es mi segundo nombre: en mis documentos, solo figuraba la inicial.- De repente el odio hacia ese hombre había desaparecido. Tan solo quedaban el dolor y la incertidumbre. Pero incluso eso, de algún modo, le resultaba reconfortante. Esbozó entonces una sonrisa y le habló.
- "Alejandro". Tu nombre es Julián Alejandro Xisqueira...-
- Por lo que veo me conoces bastante bien.- ella asintió con la cabeza y con un gesto algo melancólico que él detectó enseguida le contestó.
- Mucho más de lo que imaginás...- y luego de una pequeña pausa le preguntó aquello que le estaba carcomiendo la cabeza.- ¿Tenés novia?-
-¿Novia?- preguntó bastante confundido.
- Alguna chica que te esté esperando en Frankfurt.- él, que comenzaba a imaginarse que clase de relación había existido entre ellos, sonrió.
- No.- Aldana entonces sonrió también. Había muchas cosas que debía explicarle. Y lugares que mostrarle.
Fue entonces que levantó la vista y de pronto se dio cuenta, de que estaban sentados frente al edificio, donde ella había vivido cinco años atrás. Volteó entonces hacia Julián y lo miró sin entender nada.
- Sabes una cosa - continuó él- Siempre tuve la sensación de que alguien, me estaba esperando en Buenos Aires...-
