lunes, 28 de diciembre de 2009

La Casona (Parte 5 y Final)

Viene de Parte 4

5

Si bien él había creído que sería algo fácil, le tomó tres días dar con la combinación correcta de teclas, que destrabara la puerta. Para entonces, la mayor parte de la manada, se había ido acercando al recibidor, para ver en que se entretenía su líder. Finalmente, la puerta cedió y Todos los presentes se encontraron, ante lo que les pareció una terminal. Pudieron ver los mostradores, las bandas transportadoras funcionando, e incluso a los despachadores trabajando. Eso fue lo que más asombró a todos. Marcelo se alejó un poco del grupo, y acercándose a uno de los empleados intentó hablarle. No le dio tiempo ya que de repente, fue el hombre el que habló.
- Ustedes deben ser los del nuevo grupo de la casona. Están atrasados. Los esperamos hace ya dos días.- Deal no entendía nada.
-¿Nos esperaban? ¿Para qué?- El otro lo miró sin ninguna clase de expresividad y le contestó.
- Para que sigan su viaje. ¿Para qué más? De acá parten los túneles que los llevaran a su destino. A la colonia.- El despachador seguía caminando casi sin fijarse si Marcelo lo seguía o no.- Hoy ya es tarde. Reúnanse todos y vengan mañana antes de las diez. Habrá alguien esperando para guiarlos...- luego de decirle eso último se volvió a alejar. De nada valió que Marcelo lo llamara una y otra vez; el tipo no se dio por enterado.
Deal volvió entonces junto a su gente y les contó lo que aquel hombre le había dicho. Para el atardecer, todos en la casa sabían sobre lo que había pasado. Esa noche hubo un acalorado debate, donde cada uno tenía una opinión diferente; pero hubo algo en lo que todos estuvieron de acuerdo: De quedarse allí, no había garantías sobre cuanto tiempo más estarían a salvo. Hasta el momento nadie había intentado entrar, pero no sabían si las cosas seguirían igual. Por otro lado, a muchos les daba algo de desconfianza toda la situación. Sin embargo sabían que se habían quedado si opciones. Salir de la casa por la puerta principal, estaba totalmente descartado. Los túneles -les decía Marcelo-, eran su mejor opción.

Al día siguiente todos se despertaron temprano y prepararon las cosas para su partida. Luego de hacer una última revisión y de tomar lista, esperaron juntos la aparición de la puerta de acceso a las escaleras. Serían alrededor de las nueve treinta, cuando apareció. Marcelo dejó pasar a todos, y luego de dar una última mirada hacia atrás, cerró la puerta y se apresuró para alcanzar a su grupo. Cuando bajó hasta el segundo subsuelo, vio que la puerta estaba abierta de par en par, pero ninguno de sus amigos se atrevía a pasar. El fue el primero en hacerlo; recién entonces, el resto de la manada lo siguió.
Al otro lado los esperaba el mismo hombre, con el que Marcelo había hablado el día anterior.
- Hola Deal. Veo que has convencido a tu gente de seguir el viaje.- Marcelo lo miró, y tranquilamente le contestó.
- Creo que no nos quedaban demasiadas opciones. El camino de los túneles nos parece el único factible.- el otro asintió entonces con la cabeza. Pero no dijo nada más sobre el tema. En cambio volteó y comenzó a hablar de algo totalmente distinto.
- Ella se llama Marisa.- dijo señalando a una joven.- será su guía.- Marcelo la observó por unos instantes y la reconoció: era la mujer con la que se había visto caminando en aquel sueño. Extrañamente eso no lo sorprendió, por el contrario. Con toda la naturalidad del mundo, se acercó a ella y la saludó.
- Un placer Marisa, yo me llamo Marcelo.- la chica, le devolvió el saludo con una sonrisa en la cara.
Aquel hombre, que luego supieron, se llamaba Basilio, comenzó a pedirles que se apuraran. Fue recién entonces que el grupo pudo ver la entrada, al sistema de túneles que los llevarían a su próximo destino. El túnel era bastante amplio, pero mal iluminado.
- Bueno gente, ya es hora de partir. No se despeguen de mi, y cualquier duda que tengan, consúltenme. Cada uno llevará consigo una lámpara de aceite. Nos iremos alternando en su uso, para que nos duren todo el camino...-luego de decir aquellas palabras, Marisa se internó en el túnel. Marcelo la siguió, al igual que el resto del grupo.

En el preciso momento, en el que el último de ellos entró; la puerta del segundo subsuelo, se cerró estrepitosamente. Basilio que se había quedado cerca, sonrió. Ninguno de los miembros de la manada lo supo en ese momento, pero en el preciso instante en el que esa puerta se cerró, todo en la casona, volvió a estar como el día en el que ellos habían llegado.
La gigantesca heladera volvió a estar contra la pared, la puerta del “P2” volvió a quedar tapada por un muro de ladrillos, y el enorme portón de madera de la entrada principal, volvió a quedar abierto de par en par.

Aparentemente la casona, se estaba preparando para recibir a sus próximos huéspedes. Muy pronto, se convertiría en el refugio de un nuevo grupo de fugitivos...

miércoles, 23 de diciembre de 2009

La Casona (Parte 4)

Viene de parte 3

4

Durante varias noches, Marcelo Deal intentó resolver los acertijos que representaban, cada uno a su manera, el segundo piso y el segundo subsuelo. En algún punto, durante aquellas horas de desvelo, comenzó a creer que tal vez si lograban entrar al segundo piso, podrían resolver el misterio del nivel más profundo de la casa.
Para Don Vicente no fue muy difícil preparar un par de cargas y disponerlas de tal modo, que pudieran volar la irregular pared que cubría la puerta del "2P". Durante años se había dedicado a demoliciones, y desde su ingreso en la Manada, se había convertido en su experto en explosivos; eso los había salvado algunas veces.
Don Vicente colocó las cargas, en los puntos en que consideró que serían más eficientes, y se alejó. Detrás de él, a un metro más de distancia, estaba Marcelo observando. Tenía los brazos cruzados y la vista clavada en el muro. Don Vicente contó mentalmente los segundos, y al llegar a diez, accionó el detonador. La pared se derrumbó limpiamente, revelando una puerta de metal gris oscuro, igual a las puertas de los demás niveles. Marcelo se acercó y bajó el picaporte. Para su enorme sorpresa, este cedió y la puerta se abrió.
En un principio la penumbra absoluta en la que se encontraba aquel lugar, le impidió observarlo, pero conforme sus ojos se acostumbraban a ese ambiente casi sin luz, Marcelo pudo ver más y más detalles; hasta que en un momento comenzó a distinguir algo más que sombras. Don Vicente miraba hacia todas partes como intentando encontrar algo. Marcelo Deal, comenzó a caminar por todo el cuarto, con la convicción de que la clave para poder entrar al segundo subsuelo, estaba en ese lugar.
El "P2", estaba repleto de artefactos inútiles. De un modo muy parecido a lo que sucedía en el primer subsuelo, pero con la particularidad de que allí, todo estaba increíblemente ordenado. Casi al final del pasillo, habiendo pasado el amplio espacio del hall, vio una puerta que parecía ser diferente a las demás. Para empezar, tenía una inscripción bastante extraña en la parte superior, pero además, aparentemente estaba cerrada.
Marcelo pensó de repente que la llave de esa puerta, debía estar en aquel manojo de llaves, que había encontrado en el portón de la cocina de planta baja. Aún las tenía encima; por algún motivo, las había llevado con él durante los últimos diez días... Se acercó hasta situarse delante de la puerta, y sacó el manojo de su bolsillo. Probó entonces con la que le pareció, la llave más adecuada. El cerrojo increíblemente cedió, y con un ensordecedor chillido, la pesada hoja de metal se abrió.
Al entrar, pudieron ver que dentro del cuarto, había una mesa sobre la que se encontraban etiquetadas un gran número de piezas; mayormente de tamaño reducido. Marcelo se aproximó y miró las cosas detenidamente. Sabía que cuando viera lo que estaba buscando, de algún modo lo reconocería.
De repente todo estuvo claro en su cabeza; simplemente lo supo. Su mente acababa de resolver gran parte del enigma que encerraba aquella casa, permitiéndole concluir que su mejor opción, era seguir la ruta que aquello que gobernaba la casa, les estaba indicando. Era como si algo o alguien, le hiciera llegar la información, directamente a su cabeza. Fue luego de pensar justamente en eso, que encontró lo que buscaba...
Era un pequeño aparatito rectangular, que pronto entendió encajaría perfectamente, en el zócalo que había visto en la puerta del segundo subsuelo. Tenía cinco teclas, dispuestas en forma de cruz con un vértice central. Resultaba obvio concluir, que debería introducir alguna clase de combinación para abrir la puerta. Pero ese no sería realmente un problema, ya que se le acababan de ocurrir un par de posibilidades.

Esa noche soñó cosas bastante extrañas. Se vio a si mismo caminando por una serie de túneles oscuros, con una lámpara de aceite como única iluminación. Todo en aquel sueño le parecía muy normal. Junto a él, caminaba una joven que jamás había visto antes; pero que parecía conocer a la perfección aquel sitio.
Al despertar, tenía la plena seguridad de que aquellos túneles, eran el lugar al que la casa los estaba guiando, y más aún, estaba convencido de que la entrada estaba en el segundo subsuelo. Aquella noche no pudo dormir más...

A la mañana siguiente, se levantó como si hubiera dormido ocho horas seguidas. Tenía mucha energía, y parecía estar inquieto. Desayunó algo de pasada, y se paró a esperar que la puerta de las escaleras apareciera. Para entonces, ya le había tomado el ritmo a la casa, y podía calcular aproximadamente, donde y cuando aparecería una puerta o cuando se encontrarían de repente en otro piso. La puerta tardó un rato largo en aparecer. Deal se apoyó contra la pared, y pacientemente esperó. Especulaba sobre cual podría ser la combinación que abriría la puerta. Creía tener la respuesta entre un grupo de números que había armado. Finalmente la puerta apareció, y sin perder más tiempo, entró y comenzó a bajar por las escaleras. El recibidor del segundo subsuelo, estaba igual que la última vez que lo había visto. Marcelo se acercó entonces a la puerta, y sacando la pequeña caja de su bolsillo, la colocó en su lugar. La caja encajó a la perfección, y de inmediato vio como se iluminó el display, que hasta entonces había estado apagado...

Continuara parte 5 y final

viernes, 18 de diciembre de 2009

La Casona (Parte 3)

Vine de parte 2

3

El "3P", se parecía más a un centro comercial que a otra cosa. Frente a él tenía lo que parecía la sucursal de un banco, con cajero y todo; un hall central llenó de pequeños stands de bijouterie, y otros artículos de lo más variados. Incluso allí había un salón de conferencias. Pero encontró algo, que incluso en un sitio tan extraño como ese, parecía estar totalmente fuera de sitio. Fue algo que vio al final de aquel enorme hall central: allí había una escuela. No cabía ninguna duda; figuraba el nombre, la nomenclatura escolar, e incluso el numero del colegio. Marcelo no podía explicar la presencia de todas esas cosas, en el tercer piso de la casa; pero pronto dejó de importarle.
Aquel lugar tenía de todo. Estaba abandonado, pero podía arreglarse y ponerse en funcionamiento. Por alguna razón que él aún intentaba deducir, las patrullas del Orden no habían tomado esa casa, y no se mostraban muy ansiosos por hacerlo. Las cosas extrañas que allí sucedían parecían ser la causa.

Así pasaron tres días. La manada se acomodó perfectamente en la casona, y pronto se acostumbraron a todo lo extraño que allí sucedía. Cosas tan descabelladas como aparecer de repente, en un piso diferente al que uno estaba inicialmente, o que las puertas aparecieran y desaparecieran mágicamente. En esos tres días, Marcelo había estado explorando la casa. Usando el ascensor, había visitado cuatro de los cinco niveles de la casa; esto incluyendo uno de los dos niveles subterráneos, el cual estaba ocupado por toda clase de objetos, de las más diversas procedencias. Pero aún le faltaba visitar el segundo subsuelo, al cual aún no había podido entrar por una sencilla razón: el ascensor no abría la puerta...
La primera vez se había asustado bastante, le había ocurrido lo mismo que al llegar al tercer piso, pero con la diferencia de que en aquella primera ocasión, después de un rato, las puertas habían abierto. En cambio, en esa oportunidad y en las siguientes, debió marcar el botón de algún otro piso, para poder salir de allí. Era como si el nivel estuviera sellado.
Por supuesto, de entre todos los misterios que encerraba esa casa, el mayor era sin lugar a dudas, el del segundo piso. Un nivel entero que supuestamente no existía. Marcelo sabía que era muy probable que el piso realmente no existiera, y que la nomenclatura 3P fuera un mero accidente, o una broma del constructor. Sin embargo, su instinto le decía que había algo más...

Llegó un punto en el que habían logrado encontrar, cierta clase de lógica en las transformaciones que sufría la casa. Una especie de "ritmo" que se repetía una y otra vez a intervalos más o menos constantes. De ese modo, el grupo de Deal, había logrado acoplarse casi por completo a las modificaciones (puertas desapareciendo, cambios en la ubicación de los cuartos) de la casa. Ya habían pasado unos diez días, y en todo ese tiempo, las patrullas nos los habían molestado.
Marcelo seguía intentando descubrir si había o no un segundo piso, y tratando de entrar al segundo subsuelo. Poco a poco durante aquellos últimos días, algunos se habían unido a su búsqueda; más por combatir el aburrimiento que por convicción, pero lo habían ayudado mucho.
Ese día encontraron una puerta que nunca había visto antes, y para su sorpresa vio que era el acceso a las escaleras que conectaban todos los niveles. En un principio no se animó a entrar, temeroso de que la puerta desapareciera y no pudiera regresar; pero luego de descubrir el patrón que seguía, donde aparecía y con que frecuencia lo hacía, se aventuró al otro lado.
Según las inscripciones, él había ingresado por planta baja. Comenzó entonces a subir por la escalera y vio la puerta del prime piso. Subió un nivel más, y donde debía estar la puerta del segundo, observó una porción de pared totalmente diferente a la de alrededor. Eso le dio la pauta de que allí, en algún momento había existido una puerta. Tanto el tercer piso, como el primer subsuelo, tenían sus accesos habilitados. Pero al llegar al final de la escalera -al llegar al segundo subsuelo-, se dio cuenta de que la puerta, al igual que la del ascensor, estaba clausurada. La puerta parecía oxidada y bastante derruida, aunque inexplicablemente, había señales que hacían pensar a quien la viese, que había sido abierta recientemente. El extraño zócalo que tenía en lugar de cerradura, tenía una inscripción que él jamás había visto antes en la casa: "Santuarium". Aquello estaba escrito en letra clara y bien delineada.

Continuara parte 4...

domingo, 13 de diciembre de 2009

La Casona (Parte 2)

Viene de parte 1

2

Siguió observando y entonces vio que a un lado de la puerta, había un enorme refrigerador, aún más grande que la abertura. Era muy pesado, pero confiaba en que con ayuda, podría moverlo. Entre varios comenzaron con la tarea que sabían de antemano, no sería nada fácil. Pero casi al mismo tiempo que ellos lo intentaban, desde la parte de afuera de la casa, uno de los autos patrulla de la policía del Orden, embistió contra el portón. Las puertas se abrieron de par en par, y ellos pudieron ver como la Chevy amarilla, retrocedía para de ese modo volver a tomar carrera. Ya solo les quedaba una posibilidad, y era lograr mover el refrigerador. No creían poder hacerlo a tiempo. Sin embargo a último momento, y dejando una gran marca en las baldosas, la base se deslizó sobre el piso, pudiendo mover así el gigantesco electrodoméstico, hasta situarlo delante del portón cerrado. Un instante después, sintieron el impacto del auto al chocar contra el portón. Increíblemente, este no cedió.
El refrigerador, tenía prácticamente un metro setenta de profundidad, por dos de alto. Por si mismo pesaría al menos dos toneladas. Además de que al situarlo delante de la entrada, había quedado encajado en un desnivel del piso, un pequeño escalón de no más de tres centímetros, pero suficiente para impedir que el refrigerador se deslizara. Por otro lado, era virtualmente imposible que pudieran voltearlo.

Estando seguro de que por ahí no lograrían entrar, continuó revisando las habitaciones. Justo al lado de la cocina había dos puertas; eran las de dos baños. Uno de ellos parecía encontrarse en perfecto estado, aunque estaba un poco sucio y descuidado; eso resultaba completamente lógico. Sin embargo, lo que realmente llamó la atención del grupo fue el segundo baño.
Al entrar, notaron que el lugar estaba lleno de cosas como juguetes, libros de colorear, e incluso una pequeña e improvisada cama color rosa. Todo indicaba que en algún momento, aquella habitación, había servido como cuarto para una niña. La presencia de todas esas cosas, indicaban que habían debido irse apresuradamente, dejándolo todo atrás. Si bien aquel baño despertaba su curiosidad, Marcelo sabía que debía seguir con su recorrida. Así que cerró las ventanas y salió del cuarto.
Al final del pasillo vio una luz. En ese momento pasaron decenas de cosas por su cabeza, docenas de explicaciones para aquella luz, pero ninguna de sus especulaciones estaba cerca de explicar lo que estaba a punto de ver...
Con cautela se acercó a la puerta y entró. Era una segunda cocina, pero se encontraba en perfecto estado. Los platos estaban apilados sobre la mesada, los vasos al borde de la pileta, y los cubiertos secándose en el escurridor. El piso era blanco, y relucía de limpio. A la mesa, estaban sentadas dos mujeres, conversando animadamente sobre los temas más intrascendentes. Marcelo las observó intentando reconocerlas, pero no recordaba que fueran parte de la manada. Las mujeres ni siquiera repararon en él, pero por algún motivo eso no le preocupó demasiado. Elevó la vista y vio una enorme ventana tipo vaivén; debía cerrarla. Se acercó, y por más que buscó un modo de trancar aquella ventana, luego de casi cinco minutos no había podido hacerlo. Finalmente una de esas dos mujeres le habló.
- Esa ventana no se puede trabar. Igual no te preocupes, que estamos en un primer piso...- Marcelo miró de nuevo hacia la mesa y vio como las dos señoras le sonreían. Entonces asomó la cabeza por la ventana y miró hacia afuera. Efectivamente estaban en un primer piso.
Se veía el techo de tejas, la gran arboleda que ocultaba del exterior buena parte de la casa, y más abajo -a unos cuatro o cinco metros- el césped del parque trasero. Ya de por si, todo era muy extraño; pero más extraño aún fue el hecho de que al voltear nuevamente, la cocina había cambiado por completo: Las dos mujeres no estaban, y todo lo que antes había estado limpio y reluciente, ahora estaba sucio y roto.
Las cosas estaban tornándose muy extrañas. Marcelo comenzó a hacerse entonces una idea, de la razón por la que los miembros de las Patrullas, le temían a la casa...

Fue casi una hora después, que regresó a aquella cocina. En esa segunda ocasión, vio algo que no había visto la primera vez; parecía un ascensor. Era el típico "elevador" con puertas automáticas, todo de metal brillante. Algo que jamás había esperado encontrar en una casa. Al costado de la puerta, había un panel con dos botones, y cinco luces que marcaban cinco paradas. Eso le llamó mucho la atención.
Decidió presionar uno de los botones, y casi de inmediato, la puerta se abrió. Dentro, el elevador estaba todo recubierto por espejos. A un costado, vio el panel con los botones; uno de ellos decía "3P". Aparentemente, ese era el punto más alto del lugar. Le extrañó que no hubiese un segundo piso, pero fue algo más en la lista de cosas extrañas que estaban sucediendo allí. Presionó entonces el botón y las puertas se cerraron.
No tardó demasiado tiempo en detenerse, pero las puertas no se abrieron de inmediato. Por el contrario, transcurrió tanto tiempo que en cierto momento, él comenzó a preocuparse. Finalmente la puerta se abrió, y lo que vio entonces, fue algo increíble...

Continuara parte 3...

martes, 8 de diciembre de 2009

La Casona (Parte 1)

1

Las patrullas del "Nuevo Orden Mundial", estaban conformadas por vetustas camionetas Ford y Chevrolet, bastante antiguas y deterioradas. Su misión era la de mantener a raya los ánimos de los habitantes de la Tierra. En todo el mundo, se podían ver por las noches a sus temibles miembros, sembrando el temor entre los niños y los adultos.
A todos efectos, estaba prohibido salir por las noches de las casas. Dicha restricción era tan extrema, que el solo hecho de encontrarse en la calle, significaba la perdida de todas las garantías civiles, y habilitaba a las patrullas a "tirar a matar". Sin embargo siempre había gente dispuesta a transgredir las reglas, y Marcelo Deal, era uno de ellos.
Marcelo era un muchacho de unos veintidós años, proveniente de una familia de ideología progresista, que había repudiado la instauración del "Nuevo Orden", desde el primer día. Lo habían criado bajo la premisa de que el llamado "Nuevo Orden Mundial", era algo que debía ser combatido por todos los medios. Y fue así que Marcelo fue creciendo y en cierto momento se unió a la Resistencia. Una facción totalmente heterogénea, conformada por jóvenes, adultos e incluso familias completas, que buscaban un lugar donde vivir lejos del yugo despótico del gobierno.
Pertenecía a uno de los grupos, que formaban parte de la resistencia. En la jerga les decían "Manadas", estaban formadas por chicos, jóvenes, adultos y ancianos. Familias enteras en muchos casos, que buscaban un mejor modo de vivir. Su Manada estaba vagando desde hacía un par de semanas. Habían oído hablar de una casona vieja, que las patrullas por algún motivo desconocido, no habían requisado aún. Sus contactos con otros grupos, les dieron información sobre el lugar. Según lo que les dijeron, si bien la casa era bastante extraña -y allí solían pasar algunas cosas inexplicables-, era justamente esa la razón por la cual las patrullas, no se animaban a entrar...
Estaba ubicada justo en el centro de la zona de su mayor actividad. El grupo no iba a pasar precisamente sin hacerse notar. Sin embargo, se les estaban acabando las opciones, y según lo que habían escuchado, aquel lugar era su mejor opción.
En las últimas semanas, Marcelo se había constituido tácitamente, en el líder de la manada. La muerte de su antiguo guía los había dejado casi a la deriva, hasta que Marcelo comenzó a infundirles ánimos. Todos ellos confiaban plenamente en él, a tal punto que estaban dispuestos a aventurarse al corazón mismo de la zona más vigilada de la ciudad, para intentar tomar aquella casa.
El sabía que no les podía pedir que lo acompañaran en aquella empresa, pero no hizo falta, ya que todos estuvieron dispuestos a hacerlo.

La operación había sido muy difícil; dejando como saldo de la avanzada unos cuantos heridos, pero por suerte ninguna muerte que lamentar. Finalmente estaban delante de aquella casona. Desde allí no parecía tan imponente como habían esperado; pero por algún motivo -al menos en un principio-,los integrantes de las patrullas no se acercaban a ellos.
Marcelo observó la fachada de aquella casa. La enorme puerta de madera, estaba abierta de par en par, y las luces estaban encendidas. Habían pasado demasiados peligros para llegar a ese sitio, así que no lo pensaron demasiado y entraron. Fue en ese preciso momento, que quienes los perseguían parecieron salir de su letargo, y comenzaron a correr hacia la casa.
Don Vicente, fue el último en entrar. El era un hombre muy corpulento, con una fuerza descomunal. Un vez que cerraron aquella puerta, él comenzó a empujar un enorme mueble de madera maciza, con la idea de trancarla.
Marcelo miró entonces a su alrededor, y notó que la mayoría de las ventanas estaban abiertas de par en par, así que indicó a algunos que lo acompañaran, en una recorrida por aquel lugar. El objetivo era cerrar todas las ventanas, puertas, e incluso ductos que condujeran al exterior.
Así fueron recorriendo el corredor principal. Al final del mismo, se encontraba lo que parecía una cocina. Estaba por cierto en un estado de conservación deplorable. La puerta metálica de doble hoja, que daba acceso al enorme parque que rodeaba aquella casa, se encontraba abierta, y su cerradura estaba completamente oxidada y endurecida. Los intentos que hicieron por girar aquella llave fueron totalmente inútiles: La cerradura no servía. Debían encontrar otro modo de cerrar el portón...

Continuara parte 2...