sábado, 25 de julio de 2009

Un Boleto Ganador (Parte 3 y Final)

Viene de parte 2

Al otro lado le contaron que debería presentarse el ganador, junto a un representante de la agencia, lo antes posible, ese mismo día si el ganador podía. Le aseguraron que la entrega del premio se haría en un plazo no mayor a diez días corridos, y que sería depositado en la cuenta bancaria que él indicara, una vez hechos los descuentos que fijaba la ley.
En la práctica eso significabaque Juan recibiría aproximadamente el 70% del monto total, unos 35 millones en total. El resto se usaría para pagar la comisión de la agencia, las contribuciones fiscales, y el impuesto a las ganancias. Lara cortó poco después la comunicación, y le explicó detaladamente lo que le habían dicho. Juan no tuvo demasiados problemas con el tema de los descuentos... 35 millones, seguían preciendole más que suficiente.
El le aseguró que podían ir cuando ella quisiera a la sede de Loterías Nacional; dandole a entender que esperaba que fuera ella quien lo acompañara. Del fondo se escuchó la vos de un hombre algo mayor que habló.
- Andá Lara, que yo me puedo arreglar perfectamente solo por un par de horas.-
-¿Seguro don Ernesto?-
- Si niña. Yo no tengo interés de ir, así que ve tú. Y asegurate de completar todos los papeles como corresponda, no me gustaría perder semejante comisión, por un problema administrativo...- Lara le aseguró que no tenía que preocuparse por nada, y poco despúes, tomó su cartera y se encaminó hacia la puerta.
- Cierre usted don Ernesto.- del interior del negocio, se escuchó un leve gruñido, como si al viejo le hubiera molestado el recordatorio. Ella entornó la puerta tras de si, y juntos comenzaron a caminar por aquella vereda, con suma tranquilida.
Lara no podía evitar seguir observándolo, Juan, hacía rato que esperaba el momento oportuno para decir la "frase justa". Y así, en ese clima cargado de insinuaciones y miradas complices, siguieron caminando hasta llegar a la boca del subte. El viaje no tomó demasido, y media hora después se encontraban en la entrada del edificio al que debían ir. Los tramites les resultaron bastante más sencillos de lo que habían esperado, y luego de completar la última planilla, y hacer sellar el último cupón, salieron del lugar. Juan la observaba esbosando una sonrisa algo seductora. Ella caminaba con la vista puesta en el piso, intentando evitar mirarlo directamente a los ojos. Fue en ese momento que él habló.
- Hemos hecho bastante más rápido de lo que habíamos calculado... ¿Aceptarías una invitación para almorzar?- ella no pudo evitar levantar la vista entonces y mirarlo directamente.
-¿Ahora? ¿Yo debo volver a la agencia?- Juan se acercó entonces un poco a su persona, consciente del efecto que tendría en ella. Lara se estremeció un poco.
- No veo el inconveniente. Hemos hecho todo en menos de una hora. En teoría tardaríamos dos o tres...- Lara lo pensó unos momentos, y finalmente reconoció que su acompañante tenía razón.- ¿Y entonces? ¿Aceptás mi invitación?- Ella lo miró bastante ruborizada, pero con una sonrisa en el rostro, aceptó.
- Pero con una condición.-
-¿Cual?- preguntó él.
- Que me dejes elegir el lugar...- Juan sonrió, al tiempo que con un gesto de su mano y una pequeña inclinación le daba a entender que estaba a su disposición. Lara se puso entonces aún más colorada.
Comenzaron a alejarse de la entrada del edificio de Lotería Nacional, mientras Juan miraba a Lara, al tiempo que reflexionaba sobre lo mucho que había cambiado su vida en las últimas veinticuatro horas. Sacó nuevamente el portadocumentos de su bolsillo, y observó una vez más el billete de lotería que había cambiado su vida par siempre...

jueves, 23 de julio de 2009

Un Boleto Ganador (Parte 2)

Viene de Parte 1

Juan caminó por aquella calle, hasta la intersección con la avenida Corrientes. Su casa quedaba a escasos doscientos metros de allí. No le llevó demasiado tiempo caminar aquellas dos cuadras, y pronto estuvo dentro de su hogar. Lo primero que hizo al entrar, fue levantar el teléfono para hablar con el arquitecto Ramirez. Lo encontró de muy buen humor, así que le comentó que tenía un trámite urgente que resolver, y que necesitaba tomarse aquel franco que le estaban adeudando, al día siguiente. El arquitecto no tuvo ninguna clase de objeción, aunque no recordaba aquel franco adeudado.
La verdad era que el franco no existía, pero como él siempre le había inspirado la más absoluta confianza a Ramirez, este estaba convencido de su existencia. Juan Contaba con eso. Además, jamás se había abusado de aquella cualidad de su jefe: la falta de memoria.
Juan vivía solo desde hacía casi tres años. Sus padres se habían divorciado hacía casi quince. Su padre se había vuelto a casar, y su madre había muerto poco antes e que él se mudara a aquel depto de dos ambientes. Su vida era bastante monótona; se reducía al trabajo y poco más en realidad. Aquella noche, le costó bastante conciliar el sueño, en realidad era un manojo de nervios.

A la mañana siguiente, se levantó más tarde de lo habitual. Hacía mucho tiempo que no podía dormir dos o tres horas de más, así que disfrutó enormemente aquel momento. Se giró sobre si mismo, y observó el reloj despertador. Eran casi las diez de la mañana. Juan se levantó de la cama ágilmente, y se encaminó hacia el baño.
Ese día tardó más tiempo del habitual en arreglarse. Se miraba en el espejo, se peinaba una y otra vez, e incluso se afeitó; algo raro para él a mitad de semana. Desayunó frugalmente, y salió de su casa. La agencia, había abierto tal vez una hora y media antes. Caminó las pocas cuadras que separaban ambos lugares, y al llegar, abrió la puerta casi sin detenerse. Dentro, atendía el local, la misma chica del día anterior Creía recordar que le había dicho su nombre: Lara.
Lara estaba apoyada con ambas manos sobre el mostrador, totalmente absorta en unos libros que parecían ser estados de cuentas o algo por el estilo. El ruido de la campanita de la puerta al cerrarse, hizo que levantara la vista.
- Buenos días Lara. Acá estoy, como habíamos quedado ayer.- La chica sonrió más efusivamente de lo que habría querido, y le contestó.
- Hola Juan, te estaba esperando. Dame dos minutos que termino con esto, y ya estoy con vos.- dijo levantando aquel cuaderno en el que estaba trabajando.
En ese instante desapareció de su vista, yendo hacia la trastienda del local. Muy pronto reapareció por la misma puerta, ya sin el libro que antes había estado completando. Lara seguía mirandolo con insistencia, tanta que Juan entendió que lo había estado haciendo desde su primer encuentro; aún antes de que supiera que él era el ganador de los cincuenta millones...
Aquella mirada solo podía significar una cosa: la chica mostraba interés por su persona. él estaba seguro de eso. Adoptó entonces también un lenguaje corporal mucho más insinuante. Ya que a él le pasaba algo parecido: La joven lo había fascinado de igual modo. Ella trató de guardar la compostura, pero había algo en él que le impedía dejar de observarlo. Intentó disimularlo del mejor modo, pero era consciente de que no estaba teniendo mucho éxito. El se estaba dando cuenta de lo que le pasaba; y la verdad era que no estaba del todo segura de que aquello la molestara. Muy por el contrario, quizás sería algo bueno.
- Dame un segundo que busco el número de Lotería Nacional.- Lara no tardó demsiado en tomar el teléfono y marcar el numero. Al otro lado una voz la saludó...-
Durante los siguiente minutos, ella conversó con aquella persona, diciéndole que tenía delante de ella al ganador del sortéo del dia anterior...

Continuara (Parte 3)

lunes, 20 de julio de 2009

Un Boleto Ganador (Parte 1)

La vida de Juan estaba a punto de cambiar completamente, sin embargo él aún no lo sospechaba ni remotamente. Si bien había jugado esa convinación exacta de numeros en la lotería, jamás imaginó que realmente tuviera posibilidades de ser el ganador, del pozo acumulado por cincuenta millones de pesos.

Esa día era para él como cualquier otro. Se levantó muy temprano y se dedicó a ordenar las cosas antes de salir a trabajar. Le gustaba tomar un buen desayuno todas las mañanas, así que se levantaba con bastante margen de tiempo para poder hacerlo. Pronto salió de su casa y caminó hasta la entrada del subte que se encontraba a escasos cien metros de su puerta. La linea I acababa de inaugurar su primer tramo, de Cordoba y Escalabrini Ortiz, hasta Rivadavia a la altura de Caballito. El vivía relativamente cerca del "Mio Cid" (más bien para el lado de Corrientes).
Llegó a su trabajo a las ocho como todos los días, y como lo hacía habitualmente, prendió la radio justo a la hora del informativo. Como cada día, los locutores recitaron los números ganadores y fue entonces, luego de un rato de incredulidad, que entendió que aquellos números coincidían exactamente con los de su boleto. El era el ganador...

Fue recién a la tarde, cuando las agencias de lotería estaban a punto de cerrar, que Juan fue a donde había comprado el boleto.
La chica que atendía el local lo vio entrar, y por alguna extraña razón tuvo la sensación de que él era el misterioso ganador. Aquel del que habían estado hablando todo el día. Lo observó de arriba a abajo. No debía tener más de treinta años, y siceramente le parecía bastante atractivo. No era exactamente delgado, pero tampoco era gordo. Tenía el pelo lacio, y muy corto, y era de color castaño. Sus ojos eran de un marrón bastante oscuro. Su rostro transmitía bondad. Resultaba inexplicable aún para ella, pero así, de repente se sintió terriblemente atraida por ese muchacho.
- Buenas tardes; ¿En que puedo ayudarlo?- Dijo intentanto que no se notara su turbación. Juan tenía en su mano derecha el boleto ganador, pero por alguna razón estaba paralizado.
Observaba a la muchacha fijamente; era alta y muy flaca. Sus ojos eran de un color marrón muy claro, como el color de la miel más pura. Su rostro tenía sus rasgos finamente delineados, y sus labios eran rojos como la fresa. Su pelo lacio y largo, que caía hasta media espalda, era de color negro. Su piel blanca como el algodón, contrastaba un poco con la suya, más bien morena. La joven no era voluptuosa, por el contrario, pero su rostro angelical, de facciones casi perfectas, hizo que él sintiera que se perdía en si mismo al verla.
Estaban los dos allí, uno frente al otro sin saber que hacer, e ignorando que el otro se sentía igual de afectado. La chica se llamaba Lara.
Ella fue la primera en reaccionar, cuando escuchó las campanitas de la puerta que había vuelto a abrirse. Lo miró fijamente a los ojos, tratando de superar su parálisis, y volvió a hablarle. El alejando aquellas sensaciones tan intensas, parpadeó un par de veces y entonces le respondió como pudo.
- Oh si, disculpame. Es que necesito que me orienten. Ayer compré este boleto, y...- Ella le hizó una seña para que callase y le indicó que esperara. Atendió al otro hombre lo más rápido que pudo, y al salir aquel, cerro la puerta con llave. Fue recien en ese momento que volvió a hablarle.
- Perdoná que te haya interrumpido, pero es mejor asegurarse en estos casos...-
-¿En qué casos?- preguntó él algo confundido.
-¿Tenés un boleto ganador no?-
- Sí. Exácto...-
- Bueno, en estos casos, los recaudos que se tomen nunca son suficentes. Quien sabe de que puede ser capaz la gente.- En ese momento él entendió lo que la chica estaba diciendo. Se acercó entonces con el ticket y se lo mostro.
- Estos son los numeros que jugué. Los revise con el diario cinco veces; son los mismos.- Lara miró totalmente alucinada los numeros. El muchacho se había ganado los cincuenta millones del premio...- ¿Qué es lo que debo hacer para cobrar tamaña suma?- Ella lo miró y rio divertida.
- Perdón que haya reido, pero esto es increible.-
-¿Qué cosa?-
-¿Te puedo decir la verdad?- él asintió con la cabeza- No tengo la más remota idea. Jamás había conocido a un ganador de lotería.- Juan sonrió también.
- Pero seguro has pagado alguna vez alguna jugada de quiniela. ¿Cómo es en esos casos?-
- Si, pero eso es distinto. Son unos pocos pesos, y en general se les paga en el momento. Esperame dos minutos; voy a hablar con don Ernesto. El seguro va a saber que hacer... Ah, por cierto, mi nombre es Lara. ¿y el tuyo?- en ese momento él sonrió.
- Yo soy Juan.- dijo un poco más suelto de cuerpo.- Mucho gusto Lara.-
La chica desapareció por la puerta del costado y tardó varios minutos en regresar. Juan se quedó allí preguntandose muchas cosas al mismo tiempo. Pero no pudo meditar mucho más, ya que en eso apareció ella otra vez, trayendo en su mano un librito negro.
El libro parecía que estaba forrado con cuero muy fino. Era delgado y aparentemente bastante viejo. La chica abrió el libro aproximadamente a la mitad y comenzó a leer. Levantaba por momentos la vista y volvía a bajarla; ella lo observaba insistentemente. El aún se esforzaba por no perder la concentración. Finalmente soltó el pequeño cuaderno, y le habló.
- Debemos reclamar el premio desde acá. En dos o tres días habrá que ir con el boleto a lotería nacional.- él se quedó callado unos instantes, pero luego le preguntó.
-¿Eso es todo?
- Eso es todo.- afirmó ella.
La chica hizo una prolongada pausa, y por un momento le pareció que ya no volvería a hablar. Juan estaba allí parado, observandola, esperando que dijera algo más. Pero cuando el creyó que no lo haría, Lara continuó.
- Ya es algo tarde para llamar a Loteria Nacional, esos vágos se van a las cinco o antes. Yo te recomiendo que trates de volver mañana temprano, así los llamamos y arreglamos los detalles. ¿Te parece?- el se quedó pensando, que encontraría el modo de conseguirse la mañana libre, y tal vez, si jugaba bien sus cartas, todo el día.
- Ok, quedamos así. Mañana por la mañana estaré aquí.- Le dijo finalmente.
Juan enfiló entonces hacia la puerta, y luego de agradecerle una vez más por su ayuda, salió del negocio. Lara se quedó allí observando a aquel muchacho alejarse. Había algo en él, que la había turbado increiblemente. Trató de alejar aquel pensamiento de su mente, y se dedicó a terminar con sus tareas. Ya solo faltaban diez minutos para cerrar la agencia, y don Ernesto ya estaría apagando todo allá atrás.

Continuara... (parte 2)