Es muy raro que hable en primera persona en mis posts. Solo lo he hecho dos veces: Cuando ignauguré este blog, y ahora. El cuento que están a punto de leer, lo escribí especialmente para un grupo de gente que busca su origen biológico, su historia...
La agrupación que formaron, se llama Raiz Natal ("por el derecho a la identidad biológica"), y desde hace casi siete años, trabajan para ayudar a quienes se acercan, y para concientizar a la sociedad.
Acá los dejo con el relato. Espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo...
El llanto de María
El llanto de María José se escuchaba en toda la casa. Sus padres estaban sentados en la cocina sin saber como actuar. Y era lógico que no supieran que hacer, ya que al haber guardado el secreto durante tanto tiempo, habían olvidado planear como le dirían la verdad. En realidad, habían llegado a creer que no sería necesario revelar aquel secreto. ¿Cómo iban a imaginar que ella lo descubriría por si sola?
María José había sido siempre una chica muy jovial; muy despierta para sus 17 años. Le encantaba salir con sus amigos, y solía ser la voz consciente del grupo. Sus padres sabían que su hija era de fiar. Su vida transcurría como la cualquier adolescente de su edad, hasta el día en el que tuvo aquel accidente.
El choque no fue demasiado grave en si mismo. Su novio Alejandro, era quien conducía, pero de ningún modo se podía decir que él era el culpable. El otro conductor estaba borracho, y se había empecinado en circular del lado contrario del camino. Ambos jóvenes fueron hospitalizados. Alejandro estaba inconciente, pero ella podía escucharlo todo.
Había perdido bastante sangre a causa del profundo corte que tenía en la pierna. Sin embargo, los médicos decían que se iba a recuperar por completo. Necesitaba una transfusión sanguínea, así que los médicos se acercaron a su familia para pedir donantes, ya que su grupo, era uno de los más inusuales que existen: el denominado "0" negativo. Lo extraño fue lo que escuchó decir a uno de los doctores un rato más tarde: Ninguno de sus padres compartía ni su grupo, ni su factor. En ese momento, estaba demasiado débil como para hacer preguntas; tanto que pocos instantes después ella también perdió el conocimiento.
Despertó varias horas más tarde. Se encontraba en una cama de terapia intermedia, cuidada por sus padres. Levantó la vista y pudo verlos a ambos, estaban dormidos en el sillón de la habitación.
Les preguntó por su novio. Sus padres le aseguraron que él estaba bien, y le pidieron que descansara. Ella accedió; en ese momento, no tuvo el valor de preguntarles nada. Así pasó una semana. El mismo día, Alejandro y ella fueron dados de alta. María José estaba bastante rara y Alejandro estaba comenzando a preocuparse. Fue recién un día más tarde que él se animó a preguntarle que era lo que pasaba.
La respuesta de ella le resultó aún más preocupante. En un primer momento, quiso convencerla de que seguramente, había escuchado mal a causa de la perdida de sangre. Pero la insistencia de ella, y el hecho de que realmente su tipo sanguíneo era extremadamente raro, le hicieron comprender que su chica tenía razón. Había algo muy raro.
Fue él quien puso manos a la obra y comenzó a investigar. Así supo, luego de hacer ciertas averiguaciones, que había un modo relativamente fácil de saber lo que querían: revisar la partida de nacimiento de ella. ¿Había alguna clase de inscripción al margen? Cuando el se lo planteó, ella se percató de una cosa. Se dio cuenta de que en realidad, jamás había visto su partida de nacimiento. Al menos no en detalle falta. Además, su madre guardaba esa clase de papeles, como si se tratara de un tesoro nacional...
Decidió que en cuanto tuviera la oportunidad, le daría una hojeada a su partida de nacimiento.
Pasaron varios días más, y la oportunidad de revisar los papeles en la pieza de sus padres no aparecía. Hasta que finalmente, un día su madre se fue de la casa, asegurando que volvería tarde. María José no quiso perder tiempo, y raudamente se dirigió a la pieza. Los armarios estaban todos cerrados con llave, pero ella ya había tomado los recaudos necesarios, y había tomado la llave que su mama llevaba siempre en su cartera. Jamás había entendido porque mantenían aquellas puertas cerradas, pero creía que estaba por descubrirlo.
En un rincón en el fondo del armario, encontró una caja color ámbar, repleta de papeles. Estaba segura que lo que buscaba esta allí, así que vació el contenido sobre la cama y empezó a leer. Allí había de todo, desde un comprobante por la compra de un sillón veinte años antes, hasta el certificado del curso de operación de grúas que su papá había sacado dos o tres años antes; pero aparentemente, la partida de nacimiento no estaba allí.
Ya estaba a punto de desistir, cuando recordó otro lugar donde solían guardar esa clase de cosas: En el fondo del placar, habían practicado un corte en la madera y colocado una pequeña caja de seguridad oculta. Ella sabía que sus padres no eran muy avispados en cuanto a la tecnología, así que confió en que jamás hubieran cambiado la combinación de fábrica. E increíblemente, jamás lo habían hecho. Digitó los cinco dígitos y esperó que la puerta abriera. En su interior halló lo que buscaba.
La idea era que ellos no se enteraran que había estado revisando, así que valiéndose del multifunción de la PC, hizo dos copias. Tomó el original y volvió a dejarlo en su lugar. Lo mismo hizo con los demás papeles que había revisado. Terminó justo a tiempo para sentarse en el sillón del comedor, segundos antes de que su madre entrara por la puerta de la cocina.
Los días que sucedieron a aquel, fueron interminables para María José. Había revisado la partida de principio a fin, pero lo único extraño que había encontrado fue una referencia a la hoja y el folio de la partida original, y un numero que ella no entendía. Fue su novio Alejandro, que entendía algo sobre papeles legales, quien le explicó finalmente lo que decía allí.
Revisó la partida de arriba a abajo, y advirtió algo que su novia no había visto. La partida estaba fechada dos años después de su nacimiento. Según él, eso solo podía significar una cosa: ella había sido adoptada.
A esas alturas, María ya no tenía dudas, pero no se sentía con la fuerza suficiente, como para enfrentar a sus padres ella sola. Fue por eso que les pidió a Alejandro y a su mejor amiga Verónica que al día siguiente, la acompañaran a su casa luego de clases...
Entraron por la cocina. Sus padres estaban allí sentados tomando unos mates. Le tomó aún unos minutos más, pero finalmente reunión el valor suficiente para hablar. Estaba allí sentada, con la cabeza inclinada hacia abajo cuando les espetó:
- Se que soy adoptada. Lo descubrí todo.- les dijo, mientras luchaba porque sus piernas dejaran de temblar como gelatina.
Sus padres la miraron con los ojos desorbitados. No podían creer que su "bebe", hubiera descubierto la verdad. Realmente no se molestaron en tratar de fingir, decirle que estaba equivocada; por el contrario, le pidieron perdón. Le dijeron que la habían adoptado, y que sino se lo habían dicho, era por que jamás habían podido reunir el valor para hacerlo. María José, se levantó llorando de la mesa, y salió corriendo hacia su cuarto. Allí quedaron entonces, sentados a la mesa, sus padres, Alejandro y Verónica, mirándose entre si en el más absoluto de los silencios, y sin saber que hacer o que decir.
El mundo de María, lo que siempre había creído era la historia de su origen, acababa de derrumbarse por completo, y de repente sintió que había perdido una parte de su identidad; desconocía su origen. Ya vendría más adelante la posibilidad de investigar, y tal vez comprender lo que había pasado entre aquel día en que había llegado al mundo, y aquel otro en el que sus padres la habían adoptado. Pero en ese momento, ella se sentía desolada. Lloraba desconsoladamente
Mientras en aquella cocina, sus padres lamentaban no haber tenido el valor suficiente, para no lastimar de ese modo, a la persona que ellos amaban más que a ninguna otra en el mundo...
para saber más sobre esta problemática visiten el sitio http://www.raiznatal.com.ar
