miércoles, 17 de junio de 2009

¿Tan solo un error?

Colocó una moneda en el borde del mostrador, el vendedor akeliano lo miró como si le estuviera pagando con basura, y luego exigió un mejor pago. El Atenasoide no llegaba a comprender cuanto más le pediría por un simple vaso con agua. Claro que él no sabía que allí, el líquido vital era mucho más caro que el combustible de su nave.
Sin embargo, como Texus no hablaba el dialecto akeliano no tenía modo de enterarse. El venía de las tierras vírgenes del planeta Atenasó, ubicado mucho más cerca de la estrella de su sistema. A diferencia de lo que sucedía en Akelia, su planeta tenía un enorme reservorio de agua dulce.
Aquel en el que ahora estaba, era un planeta casi desértico, donde la mayor parte de su superficie estaba cubierta de arena o en su defecto por extensos mares, ricos en sales de toda clase. Sin embargo, al ver la ciudad de Damar, eso podía parecer imposible.
Lo que muchos visitantes no sabían, era que todo eso que lo rodeaba era artificial, resultado del trabajo de sus habitantes, y algo cuyo mantenimiento consumía enormes recursos gubernamentales. Texus intentó seguir regateando, pero cuando comprendió que el cantinero no aceptaría menos de treinta créditos, por un vaso de agua, decidió que realmente no tenía tanta sed, y continuó caminando.
El atenasoide siguió atravesando los pasillos de aquella feria, pero no se percató de que una mujer lo estaba siguiendo. De haberla visto hubiera entendido enseguida que no se traía nada bueno entre manos. Vestía con las ropas de quienes responden a la autoridad de Xenon, figura protectora de los integrantes del gremio interplanetario de asesinos.
Texus estaba demasiado ocupado pensando en otros asuntos, así que olvidó mirar hacia atrás cada cierto tiempo, como se había acostumbrado a hacerlo desde hacía unos meses atrás, cuando su antiguo Jefe, Plentar, le había puesto un precio a su cabeza. Pero estando allí en Damar, se había confiado en demasía. Después de todo, Allí, el gremio de asesinos no tenía acuerdos con nadie; no podrían andar a sus anchas como lo hubieran hecho en ciertas zonas de Terranova, o en el mismísimo planeta Atenasó.
La asesina aparentaba encontrarse en la flor de la vida. Tenía las orejas puntiagudas, y sus ojos parecían los de un felino. Por lo demás su apariencia física era bastante similar a la de un humano, salvo el color del pelo, que era de una tonalidad bastante difícil de definir. Se movía sigilosamente, como entre sombras. Parecía que sabía muy bien lo que estaba haciendo, como si actuara con la seguridad de quien ha hecho lo mismo cientos de veces...
Texus ni siquiera volteó al sentir la mano sobre su hombro, pero de inmediato adivinó lo que estaba ocurriendo. Los largos y finos dedos de aquella mano más bien huesuda, solo podían pertenecer a aquella mujer Draconiana cuya fama la precedía en todo el cuadrante. Fue recién entonces que entendió la importancia que tenía para Plentar, el que él muriera: Aquella mujer era Alayha, la asesina más famosa en varios cientos de años luz a la redonda.
Alayha apretaba aún su mano sobre el hombro de su objetivo. Tenía muy poco tiempo para inyectarle el veneno; y por un momento no supo si hacerlo o esperar otra oportunidad. Ese lugar era público, y el veneno, provocaría horribles gritos de dolor casi de inmediato. Decidió mejor esperar, seleccionar cuidadosamente otro veneno que actuara de una forma más discreta que aquel...

Texus, volteó tan solo tres segundos después de sentir la mano, pero aquella mujer había desaparecido. Por un momento pensó que todo lo había imaginado, pero la marca de unos dedos largos y delgados sobre su hombro izquierdo, le hicieron darse cuenta de que no era así. El Atenasoide quedó allí bastante asustado, y con la certeza de que sus días estaban contados: "La Asesina", jamás había fallado.


En ese momento, Alayha caminaba por el pasillo a unos doscientos metros de su objetivo. Sabía que había estado a punto de cometer un tremendo error. Aquel veneno en particular, era el menos recomendable para utilizar. La agonía comenzaba casi de inmediato, y la víctima se convulsionaba de un modo tan evidente, que ella no hubiera tenido tiempo de desaparecer. Usar ese veneno, era casi un suicidio. No entendía como había elegido ese en particular, era como si su subconsciente quisiera sabotearla. Al pensarlo un poco, eso le parecía ridículo pero últimamente, le estaban ocurriendo cosas como esa, bastante a menudo.

"La Asesina", siguió caminando por aquel corredor, consciente de que su víctima, ahora sabía que su verdugo estaba muy cerca. Se golpeó la frente suavemente con la mano, como recriminándose aquella enorme torpeza.
Mientras tanto en lo más profundo de su subconsciente, la pequeña sombra de lo que alguna vez había sido su verdadera personalidad, se daba cuenta de que, poco a poco, comenzaba a recuperar la capacidad de influir en sus actos.
Tenía la apariencia física de la asesina, pero había algo en su semblante totalmente diferente. De repente, su expresión lúgubre y sombría, se iluminó. Comprendió en ese instante, que no pasaría mucho más, antes de que su conciencia recuperara el control; antes de que Alayha "La Asesina", dejara de existir...

martes, 2 de junio de 2009

Ya nada importara... (parte2 y final)

viene de parte1


Por más que insistí y pregunté a todos, nadie recordaba que hubiese una nena en el auto. Todos me decían lo mismo. A ese hospital, solo habíamos llegado mi mujer y yo. Alejandra no estaba en ningún lado, ni en ese hospital, ni en ningún otro. Comencé a desesperar.
La policía tomó mi declaración y corrió un boletín con la foto y los datos de mi hija. Pero no hubo caso. Parecía como si se la hubiera tragado la tierra. Mi madre, que había llegado a la sala de espera un rato antes de que despertara, no se había enterado de nada. Ni siquiera de la muerte de Victoria. Yo no sabía como decírmelo...

3

Menos de un mes después mi mama falleció. Siempre había sufrido del corazón. Se cuidaba, tomaba sus medicinas, pero la situación era demasiado para ella. Mi hija seguía sin aparecer. La policía la buscaba, pero no había siquiera un rastro. Yo lo había perdido todo; mi única esperanza era que Alejandra apareciera sana y salva.
La necesidad de seguir viviendo, pagar las deudas, un detective que buscara a mi princesa, me obligaron a volver al trabajo. Yo no estaba para nada listo, pero así al menos me mantendría ocupado en algo.

Fue casi dos meses después que obtuve mi primera pista. Había indicios de que nuestros atacantes trabajaban para la mafia de Laredo. Si era así, eso explicaba muchas cosas, ya que según algunos comentarios algo dudosos, Una de las prácticas de Laredo, era reclutar a su gente a muy temprana edad, antes de los diez años. Se decía que mataban a toda una familia si era necesario, para luego secuestrar al niño, y educarlo con sus retorcidos valores.
Si eso era lo que había pasado, Laredo y su gente lo pagarían. Lo había perdido todo, no tenía absolutamente nada que perder. Solo me quedaba mi pequeña Alejandra, y la pensaba recuperar fuera como fuera.

4

Me preparé durante semanas para enfrentarme a ellos. Me entrené con los mejores instructores que el dinero podía pagar. Me estaba endeudando de una manera monumental, pero no me importaba. Lo único que tenía en claro, era que lucharía por mi hijita, hasta el último aliento de vida que conservara. Entrené, y preparé un plan para acercarme a él.
Laredo era un hombre muy engreído, él y su gente se jactaban de no conocer el rostro de sus víctimas. No sería difícil acercarme a su círculo sin que me reconocieran. Así que me presenté una noche en su club nocturno, y traté de captar su atención. Provoqué una pelea de tal magnitud, que el mismísimo Sander, su segundo, se acercó.
Sander no fue realmente un contrincante para mí. El no tenía ni idea de lo que yo era capaz de hacer. No le di la menor oportunidad, y ahí mismo, usando tan solo mis manos, lo maté: le rompí el cuello. Obviamente eso levantó un tremendo revuelo, y Laredo en persona se acercó. Me miraba con una sonrisa malévola en el rostro, demostrando la mayor de las indiferencias ante la muerte de su lugarteniente.
Yo jamás había matado a nadie, y aunque era consciente de lo que había hecho, no reaccioné como lo hubiera hecho cualquier persona en mi situación. Permanecí inmutable, manteniéndole la mirada a Laredo, demostrando una confianza absoluta. El hizo un gesto con la mano, y todos se alejaron. Caminó hasta pararse delante de mi, tan cerca como aquella vez cuando aún era un delincuente de poca monta, cuando yo tenía tan solo doce años. Pero a diferencia de entonces, yo no tuve miedo.
De improviso, rodeó mis hombros con su brazo, y dirigiéndose a todos los que estaban allí, proclamó que había encontrado a su nuevo "Sander". Entendí que se refería a mí cuando noté las miradas de odio de los otros lugartenientes. Me sentía muy extraño, siendo abrazado por el tipo que había ordenado la muerte de mi mujer y el secuestro de mi hija. En ese momento por primera vez entendí que acababa de entrar en un juego siniestro. Pero como dije antes, no tenía nada que perder, y algo que recuperar: el ultimo trozo de lo que había sido hasta hace poco, una vida normal.

5
Los días comenzaron a sucederse uno tras otro. Si bien cada día me ganaba más y más la confianza de Laredo, aún no había podio averiguar nada sobre mi hija. En esas últimas semanas había hecho cosas que jamás hubiera imaginado que era capaz de hacer. El lado oscuro empezaba a apoderarse de mí, y lo único que me mantenía cuerdo era mi búsqueda. Laredo me había encomendado algunos trabajos tan retorcidos, que harían avergonzar a la mayoría de los criminales.
Cuando pienso en ello, me pregunto si realmente estaré haciendo lo correcto. Es una gran contradicción moral para mi, ya que por un lado lo que hago va en contra de todos mis principios morales; pero por el otro, se que es la única forma en la que podré recuperar a mi hijita... Cada día, me siento algo más cómodo con lo que estoy haciendo, y eso me asusta enormemente. Solo espero encontrar a mi hija antes de que este lugar acabe con todo lo bueno que hay en mí, antes de que mi nuevo "trabajo" consuma totalmente mi alma.

Cuando eso suceda, ya nada importará...