domingo, 12 de septiembre de 2010

Toda Una Vida

Timothy Ramsey tenía veintidós años de edad. Era un joven oriundo de un pequeño pueblo de Oregon, que jamás había salido de su pueblo, hasta el día en el que había decidido servir a su país. Lo atípico fue el modo en el que decidió hacerlo. A los veinte años, se había convertido en agente del servicio secreto estadounidense. Y era tan solo un novato en el momento en el que su comandante, le asignó una misión que cambiaría su vida para siempre. 

Lo enviaron a la embajada "norteamericana" en Buenos Aires, con una misión muy especial: asumir la identidad de otra persona, y acercarse a ciertos grupos tildados de "subversivos" por el estado de aquel país. Era el año 1979, y en esa época, en la mayoría de los países de sudamérica, los ánimos estaban bastante exacerbados. En un primer momento, comenzó a preguntarse cual podría ser la razón por la cual, su gobierno se mezclaba en ese tipo de asuntos. Sin embargo, jamás se lo planteó a ninguno de sus superiores. 
Unos meses después de llegar a la Argentina, Ramsey asumió la identidad de Carlos Rafeti: Un joven de buena familia, que se había educado en el MIT, y que volvía a su país, justo en medio de todos aquellos sucesos, de los que se hablaba en el mundo, pero de los que dentro de la Argentina, no eran de conocimiento público. Timothy, había estudiado español como segundo idioma y había llegado a ser muy bueno hablándolo. Hoy por hoy, eso no tiene nada de extraño, pero en esos días, era muy raro que un estadounidense supiera habar español con tanta fluidez... Su misión comenzó bastante bien, pero en cierto  momento, tan solo unos meses después de comenzar, perdió todo contacto con su gente. Su ultima orden había sido continuar, pasara lo que pasara. Al quedar aislado, solo le quedó una opción: Continuar. 

Debía acercarse a Marisa Cagnoli; una mujer despampanante, de cabello rojizo y piel blanca como la nieve. Debía seducirla, convertirse en su novio y de ese modo, ingresar a ese submundo al que, según los informes de inteligencia, pertenecía ella. Carlos, cumplió tan bien con su objetivo, que con el tiempo terminó casándose con ella, y teniendo dos hijos. Sin embargo, jamás conoció a ninguno de esos subversivos que supuestamente, eran parte de su grupo de amigos. Con el tiempo volvió a establecer contacto con su comando, pero las instrucciones seguían siendo las mismas: debía continuar.
Los años pasaron, y la orden que le habían dado en 1979, seguía vigente: debía permanecer cerca de ella, ya que aún luego de unos años -cuando la democracia ya había vuelto-, seguían sospechando de su mujer. Carlos, terminó olvidando casi por completo que alguna vez había sido Timothy Ramsey, y vivía felizmente su vida junto aquella mujer que había conquistado su corazón, desde el primer momento en el que la había visto. Por supuesto, ella jamás supo la verdad, y de ese modo pasaron treinta y un años.
Su vida careció por completo de todo aquel glamour con el que había soñado al ingresar al servicio secreto. Carlos Rafeti, era un simple vendedor de seguros. Con aquel título del MIT que le habían proporcionado sus superiores, el podría haber conseguido empleos mucho mejores, pero el temor de que alguien lo descubriera, lo había hecho desistir de ello.
Su matrimonio era muy feliz. Después de veintiocho años de casados, aún seguían manteniendo la llama encendida. Marisa se había recibido de contadora, y trabajaba como tesorera de una sucursal de un banco que paradójicamente, era de origen estadounidense. El por su parte, con el tiempo había llegado a ser el gerente de la sucursal donde trabajaba, y había hecho varios cursos y maestrías de especialización. Sus hijos tenían veinticinco y veintidós años respectivamente.
La más grande, Malena, era la viva imagen de su madre a esa edad. Acababa de recibirse de Arquitecta, y ya había conseguido un trabajo en un estudio de diseño de la capital. Juan Pablo por su parte, aún no decidía que hacer con su vida. Se dedicaba a comprar autos en mal estado, arreglarlos y venderlos. Solía sacar una buena diferencia, y con eso sustentaba sus gatos con comodidad. Por lo visto no tenía demasiado apuro por decidir sobre su futuro, pero Carlos no estaba realmente preocupado; ya que estaba seguro de que llegado el momento, su hijo sentaría cabeza.

Su vida era buena. Tenía una mujer a quien amaba con locura, y dos hijos que adoraba. Se podría decir en pocas palabras, que era feliz. Hacía tiempo que no recibía un solo comunicado de sus superiores; al menos unos nueve años. Según le habían dicho en su momento, aún investigaban a su mujer. El no había entendido nunca porque aún insistían con ese tema. El se había dado cuenta casi de inmediato, de lo que para él siempre había resultado obvio: los informes de inteligencia estaban equivocados; sin embargo, sus superiores jamás lo habían escuchado.

Ese día en particular -que de hecho había comenzado como cualquier otro-, ocurrió aquello que jamás había esperado: Sus superiores se comunicaron; y después de haberlo olvidado por casi una década, solicitaron su inmediato regreso a Washington. Aparentemente, luego de más de treinta años de investigación, finalmente habían cerrado el caso. Ahora, le pedían que volviera a asumir su verdadera identidad. Eso implicaba muchas cosas: primero que Rafeti dejaría de existir, y segundo que debería abandonar lo que por más de tres décadas, había sido su vida.
Carlos no sabía que hacer. Por un lado, le agradaba la idea de volver a ver a sus padres, pero por otra parte, no tenía la menor intención de abandonar a su mujer y a sus hijos. El ya se había acostumbrado a ser Carlos Rafeti, y había olvidado completamente, como ser Timothy Ramsey.
Su primer reacción fue la de acatar las órdenes de sus superiores, pero casi de inmediato, recordó que en realidad, eran los superiores de Ramsey; no lo suyos. Carlos Rafeti, era un egresado del MIT, que había trabajado toda su vida de agente de seguros. Tenía dos hijos, y una bella esposa que lo amaba. Desde su punto de vista, Timothy Ramsey había dejado de existir hacía muchos años.
- Piense lo que está diciendo Ramsey.- comenzó a decirle el comandante de trabajos especiales de la agencia. Carlos jamás lo había visto; diez años atrás, había sido otro comandante el que había hablado con él.- Usted es un oficial del gobierno de los Estados Unidos. Ha jurado poner a su patria por sobre todas las cosas. Además, esa vida que lleva es totalmente falsa.- Rafeti lo miró fijamente a los ojos
- Agradezco que se haya tomado el tiempo de venir aquí, y comunicarme que mi misión finalmente ha terminado. Sin embargo creo que está completamente equivocado: Durante los últimos treinta y un años, esta ha sido mi vida. Me casé y tuve dos hijos. He armado una vida en este país. No estoy dispuesto a dejarlo todo, solo porque usted me lo ordena.- Carlos hizo una pausa y mirándolo incluso con mayor ímpetu, redobló la apuesta.- Es más, presento mi renuncia. Por lo que a mi respecta, puede declarar que Timothy Ramsey, murió en el cumplimiento de su deber. Después de todo, eso es más o menos lo que pasó...- 

Carlos Rafeti se dio media vuelta, y comenzó a caminar alejándose de aquellas dos personas que, en ese momento, representaban su único nexo con aquella otra vida, que casi no recordaba. Realmente no pensaba volver. De hecho, había decidido que nunca más respondería a ningún llamado de aquella gente. Como le había dicho al comandante, Ramsey había desaparecido hacía mucho tiempo... 

Siguió caminando entonces, sin voltear siquiera una vez. Dejando a esos dos militares vestidos de civil, parados allí, completamente solos. El comandante Connor, miró extrañado a su asistente, esperando ver la misma consternación en su rostro. Sin embargo, aquello no era exactamente lo vio allí. Más bien, parecía ser que aquel asistente, comprendía perfectamente la reacción de Ramsey.
- No pareces demasiado sorprendido Gutierrez...- El otro lo miró y sonriendo levemente le contestó.
- En verdad no estoy sorprendido en lo más mínimo. Le dije que no querría volver. Y eso es lógico. Allá en USA, no hay nada para él. Su vida está aquí.- Connor seguía mirando fijamente en la dirección por la cual se alejaba Ramsey.
- No estoy sorprendido por esa razón. Es más, me hubiera resultado extraña otra diferente. Lo que me sorprende, es la seguridad con la que se desenvolvió. Creo que desperdiciamos a este agente: Podría haber sido muy bueno en el servicio activo...- Gutierrez asintió con la cabeza. El había seguido la misión de Ramsey, desde su misma génesis.

Para él siempre había estado claro: Allí, nunca hubo nada que investigar. Tan solo las teorías paranoica de un grupo de meciánicos. Sin embargo lo hecho, hecho estaba. Ramsey, se merecía seguir viviendo como Carlos Rafeti, y ellos al menos, le debían el no interferir de ahí en adelante. A pesar de lo que había dicho unos minutos antes, Connor creía lo mismo. Levantó entonces la mirada y observó por última vez la silueta difusa de su agente, al tiempo que le deseaba la mejor de las suertes...