lunes, 5 de diciembre de 2011

La Noche de las Sombras

La luz mortecina de aquel velador no alcanzaba para iluminar ni la tercera parte del cuarto. El rincón opuesto al de su cama quedaba pues, sumido en la más absoluta oscuridad. Clara no podía dormir, tenía su mirada fija en ese sitio, como si esperara que de un momento a otro saliera algo horrible de allí. Era verano, por lo que solía dormir destapada, pero esa noche no. Se había cubierto completamente con la sabana -incluso la cabeza-, dejando tan solo un pequeño espacio por el que miraba constantemente hacia allí...
El viento movía las cortinas, al compás de un silbido tenebroso, que anunciaba la proximidad de una tormenta. Los ruidos, las sombras y la absoluta oscuridad en esa porción específica de la habitación, le parecían por momentos algo sobrenatural. Sabía que su miedo era completamente irracional, pero le era imposible no sentirlo. Hacía horas que Clara intentaba dormir, pero aquella sensación que la embargaba, le impedía incluso cerrar sus ojos.

Poco a poco al principio, y luego a un ritmo cada vez mayor, el viento aumentó su intensidad y su estruendo. Las sombras comenzaron a invadir la habitación, como no lo habían hecho hasta entonces y poco a poco su ansiedad comenzó a aumentar. Las formas, por momentos fantasmagóricas y amenazantes, se acercaban a su cama y se volvían a alejar. Ella intentaba recordar por todos los medios que era tan solo su imaginación, pero cada vez le costaba más separar la realidad de la fantasía.

Su mente le estaba jugando una mala pasada, y a medida que los minutos transcurrían le era cada vez más difícil mantener la calma. Los monstruos imaginarios comenzaron con su desfile macabro, avivados una y otra vez por el viento y los silbidos. Pronto comenzaron a caer los primeros relámpagos, y con ellos los truenos. Clara seguía mirando fijamente el rincón; lo había hecho durante varias horas. Esperaba que alguno de esos instantes de claridad, iluminara aquel lugar, trayéndole algo de calma a su agitado ser. Su corazón latía cada vez más rápido, y su respiración, por momentos se volvía entrecortada.
A esa altura solo quería que llegara el amanecer, y que al hacerlo, ahuyentara a todos esos seres que tanto miedo le estaban causando. Finalmente el cansancio pudo más que el temor, y Clara se durmió sin siquiera darse cuenta. De repente su semblante se relajó, y en su rostro se dibujó una sonrisa...
A la mañana siguiente Andrea entró al cuarto. Le pareció extraño encontrar la pequeña linterna de pared aún encendida, pero no le dio mucha importancia. Miró entonces a Clara que aún estaba dormida. Parecía muy cansada, como si no hubiera podido dormir muy bien. Era domingo, así que decidió dejarla dormir un rato más. Entonces relacionó la luz encendida con la tormenta de la noche anterior, el viento y su zumbido, y supo entonces porque Clara estaba tan cansada. "Pobre Chica" pensó; su hijita tenía una imaginación asombrosa...

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