Siempre me ha gustado escribir. Imaginar Historias de toda clase y plasmarlas en papel. Aunque debo confesar que las historias de ciencia ficción han sido mis predilectas, he escrito de todo. La idea de crear este blog viene rondando en mi cabeza desde hace mucho tiempo; es más ,hace casi un año que abrí este sitio. Pero no fue hasta hoy, casi llegando a fin de año que me decidí a postear la primer entrada.
Desde este espacio en la web, deseo llegar a todo aquel al que le interese la literatura. Las historias que serán publicadas aquí serán todas de mi autoría, a menos que se especifique lo contrario. En ese sentido, invito además a todo aquel que comparta mi pasión por escribir, a contactarse del modo que prefiera; ¿y por qué no? a que se animen a escribir aquí también. Obviamente esa es una posibilidad que barajo como tantas otras para más adelante. En principio pretendo comenzar publicando aquí algunas historias cortas, como para "tantear el terreno".
Me presento ante ustedes, y les doy la bienvenida a este nuevo espacio que he decidido llamar "Usina de Historias", con la esperanza de llegar a cumplir con la premisa que tan ambisioso título...
Bueno, sin más dilaciones, los dejo con esta la primer historia del Blog:
DOMINGO 28 DE DICIEMBRE DE 2008
En ese momento
En ese momento, él estaba mirando hacia otro lado. Creía que algún día podría saber que era lo que realmente había pasado. Se sentía algo vacío, pensando que, en ese momento, ella estaría con otro…
“José Luis, era un muchacho de unos 20 años. Hacía ya casi un año que salía con Eugenia. Las cosas habían estado yendo bien, hasta que dos semanas atrás, Eugenia comenzó a actuar muy extraña. En un principio él no le dio importancia, era época de exámenes, y ambos estaban algo estresados. Era natural que hubiese algunos roces; o al menos eso había creído él.
Aquella noche, un par de días atrás, José Luis salió a dar una vuelta con sus amigos. Fue en aquel bar, cuando después de un rato de estar matando el tiempo, la vio. Estaba sentada en otra mesa, cercana a la suya, besándose con un tipo.
En aquel momento, no tuvo ni fuerzas para confrontarla; así que se fue. Sus amigos no entendían nada de lo que estaba pasando. No entendían porqué José Luis se iba tan apresuradamente del bar, y menos aún porque estaba actuando de ese modo. Ninguno de ellos reparó en Eugenia ese día, y si bien los había dejado de una pieza el modo en el que él se había ido de allí, todos continuaron tomando y riendo a viva voz.
Esa noche, José Luis vagó por las calles de Buenos Aires, sin rumbo fijo. Quería ir a cualquier parte, menos a su casa. Allí habría sido seguro, que ella lo encontrara, que intentara explicarle que “las cosas no habían sido como él creía”. José Luis no necesitaba aquello. En ese momento, lo único que quería, era poder olvidar, borrar aquella noche de su mente, aquel maldito instante, en el que se había dado cuenta de que la había perdido…”
Miraba el paisaje. Desde allí todo se veía pequeño. Ese era su lugar preferido en toda la ciudad; a donde iba cada vez que necesitaba estar solo. De poder hablar, aquel sitio hubiera podido contar la historia de su joven vida. Aquel sitio había visto sus alegrías y sus penas; sus triunfos y sus derrotas.
Ese día estaba destruido, e hizo falta una pequeña cosa, un fugaz pensamiento, para que tomase aquella decisión. Resultaba irónico que aquel lugar, en el que había vivido tantas cosas, fuera el único testigo de su muerte. Porqué ese día, en la terraza de aquel edificio de Libertador, José Luis decidió terminar con su vida…
Los paramédicos, no tardaron en llegar, pero el joven había caído desde quince pisos de altura; ya no podían hacer nada por él. Su familia decidió velarlo a cajón cerrado. Su madre lloró durante mucho tiempo, sus amigos estaban desconsolados, y Eugenia, se sentía tan culpable, que terminó siendo internada por un ataque de nervios.
A Eugenia le tomó seis meses recuperar la salud; pero nunca más fue la misma. Maldecía el día en el que había decidido salir con sus amigas. Aquella noche en la que había aceptado un trago de un extraño; y en la que el tipo, le robó un beso…
Desde este espacio en la web, deseo llegar a todo aquel al que le interese la literatura. Las historias que serán publicadas aquí serán todas de mi autoría, a menos que se especifique lo contrario. En ese sentido, invito además a todo aquel que comparta mi pasión por escribir, a contactarse del modo que prefiera; ¿y por qué no? a que se animen a escribir aquí también. Obviamente esa es una posibilidad que barajo como tantas otras para más adelante. En principio pretendo comenzar publicando aquí algunas historias cortas, como para "tantear el terreno".
Me presento ante ustedes, y les doy la bienvenida a este nuevo espacio que he decidido llamar "Usina de Historias", con la esperanza de llegar a cumplir con la premisa que tan ambisioso título...
Bueno, sin más dilaciones, los dejo con esta la primer historia del Blog:
DOMINGO 28 DE DICIEMBRE DE 2008
En ese momento
En ese momento, él estaba mirando hacia otro lado. Creía que algún día podría saber que era lo que realmente había pasado. Se sentía algo vacío, pensando que, en ese momento, ella estaría con otro…
“José Luis, era un muchacho de unos 20 años. Hacía ya casi un año que salía con Eugenia. Las cosas habían estado yendo bien, hasta que dos semanas atrás, Eugenia comenzó a actuar muy extraña. En un principio él no le dio importancia, era época de exámenes, y ambos estaban algo estresados. Era natural que hubiese algunos roces; o al menos eso había creído él.
Aquella noche, un par de días atrás, José Luis salió a dar una vuelta con sus amigos. Fue en aquel bar, cuando después de un rato de estar matando el tiempo, la vio. Estaba sentada en otra mesa, cercana a la suya, besándose con un tipo.
En aquel momento, no tuvo ni fuerzas para confrontarla; así que se fue. Sus amigos no entendían nada de lo que estaba pasando. No entendían porqué José Luis se iba tan apresuradamente del bar, y menos aún porque estaba actuando de ese modo. Ninguno de ellos reparó en Eugenia ese día, y si bien los había dejado de una pieza el modo en el que él se había ido de allí, todos continuaron tomando y riendo a viva voz.
Esa noche, José Luis vagó por las calles de Buenos Aires, sin rumbo fijo. Quería ir a cualquier parte, menos a su casa. Allí habría sido seguro, que ella lo encontrara, que intentara explicarle que “las cosas no habían sido como él creía”. José Luis no necesitaba aquello. En ese momento, lo único que quería, era poder olvidar, borrar aquella noche de su mente, aquel maldito instante, en el que se había dado cuenta de que la había perdido…”
Miraba el paisaje. Desde allí todo se veía pequeño. Ese era su lugar preferido en toda la ciudad; a donde iba cada vez que necesitaba estar solo. De poder hablar, aquel sitio hubiera podido contar la historia de su joven vida. Aquel sitio había visto sus alegrías y sus penas; sus triunfos y sus derrotas.
Ese día estaba destruido, e hizo falta una pequeña cosa, un fugaz pensamiento, para que tomase aquella decisión. Resultaba irónico que aquel lugar, en el que había vivido tantas cosas, fuera el único testigo de su muerte. Porqué ese día, en la terraza de aquel edificio de Libertador, José Luis decidió terminar con su vida…
Los paramédicos, no tardaron en llegar, pero el joven había caído desde quince pisos de altura; ya no podían hacer nada por él. Su familia decidió velarlo a cajón cerrado. Su madre lloró durante mucho tiempo, sus amigos estaban desconsolados, y Eugenia, se sentía tan culpable, que terminó siendo internada por un ataque de nervios.
A Eugenia le tomó seis meses recuperar la salud; pero nunca más fue la misma. Maldecía el día en el que había decidido salir con sus amigas. Aquella noche en la que había aceptado un trago de un extraño; y en la que el tipo, le robó un beso…

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