Colocó una moneda en el borde del mostrador, el vendedor akeliano lo miró como si le estuviera pagando con basura, y luego exigió un mejor pago. El Atenasoide no llegaba a comprender cuanto más le pediría por un simple vaso con agua. Claro que él no sabía que allí, el líquido vital era mucho más caro que el combustible de su nave.
Sin embargo, como Texus no hablaba el dialecto akeliano no tenía modo de enterarse. El venía de las tierras vírgenes del planeta Atenasó, ubicado mucho más cerca de la estrella de su sistema. A diferencia de lo que sucedía en Akelia, su planeta tenía un enorme reservorio de agua dulce.
Aquel en el que ahora estaba, era un planeta casi desértico, donde la mayor parte de su superficie estaba cubierta de arena o en su defecto por extensos mares, ricos en sales de toda clase. Sin embargo, al ver la ciudad de Damar, eso podía parecer imposible.
Lo que muchos visitantes no sabían, era que todo eso que lo rodeaba era artificial, resultado del trabajo de sus habitantes, y algo cuyo mantenimiento consumía enormes recursos gubernamentales. Texus intentó seguir regateando, pero cuando comprendió que el cantinero no aceptaría menos de treinta créditos, por un vaso de agua, decidió que realmente no tenía tanta sed, y continuó caminando.
El atenasoide siguió atravesando los pasillos de aquella feria, pero no se percató de que una mujer lo estaba siguiendo. De haberla visto hubiera entendido enseguida que no se traía nada bueno entre manos. Vestía con las ropas de quienes responden a la autoridad de Xenon, figura protectora de los integrantes del gremio interplanetario de asesinos.
Texus estaba demasiado ocupado pensando en otros asuntos, así que olvidó mirar hacia atrás cada cierto tiempo, como se había acostumbrado a hacerlo desde hacía unos meses atrás, cuando su antiguo Jefe, Plentar, le había puesto un precio a su cabeza. Pero estando allí en Damar, se había confiado en demasía. Después de todo, Allí, el gremio de asesinos no tenía acuerdos con nadie; no podrían andar a sus anchas como lo hubieran hecho en ciertas zonas de Terranova, o en el mismísimo planeta Atenasó.
La asesina aparentaba encontrarse en la flor de la vida. Tenía las orejas puntiagudas, y sus ojos parecían los de un felino. Por lo demás su apariencia física era bastante similar a la de un humano, salvo el color del pelo, que era de una tonalidad bastante difícil de definir. Se movía sigilosamente, como entre sombras. Parecía que sabía muy bien lo que estaba haciendo, como si actuara con la seguridad de quien ha hecho lo mismo cientos de veces...
Texus ni siquiera volteó al sentir la mano sobre su hombro, pero de inmediato adivinó lo que estaba ocurriendo. Los largos y finos dedos de aquella mano más bien huesuda, solo podían pertenecer a aquella mujer Draconiana cuya fama la precedía en todo el cuadrante. Fue recién entonces que entendió la importancia que tenía para Plentar, el que él muriera: Aquella mujer era Alayha, la asesina más famosa en varios cientos de años luz a la redonda.
Alayha apretaba aún su mano sobre el hombro de su objetivo. Tenía muy poco tiempo para inyectarle el veneno; y por un momento no supo si hacerlo o esperar otra oportunidad. Ese lugar era público, y el veneno, provocaría horribles gritos de dolor casi de inmediato. Decidió mejor esperar, seleccionar cuidadosamente otro veneno que actuara de una forma más discreta que aquel...
Texus, volteó tan solo tres segundos después de sentir la mano, pero aquella mujer había desaparecido. Por un momento pensó que todo lo había imaginado, pero la marca de unos dedos largos y delgados sobre su hombro izquierdo, le hicieron darse cuenta de que no era así. El Atenasoide quedó allí bastante asustado, y con la certeza de que sus días estaban contados: "La Asesina", jamás había fallado.
En ese momento, Alayha caminaba por el pasillo a unos doscientos metros de su objetivo. Sabía que había estado a punto de cometer un tremendo error. Aquel veneno en particular, era el menos recomendable para utilizar. La agonía comenzaba casi de inmediato, y la víctima se convulsionaba de un modo tan evidente, que ella no hubiera tenido tiempo de desaparecer. Usar ese veneno, era casi un suicidio. No entendía como había elegido ese en particular, era como si su subconsciente quisiera sabotearla. Al pensarlo un poco, eso le parecía ridículo pero últimamente, le estaban ocurriendo cosas como esa, bastante a menudo.
"La Asesina", siguió caminando por aquel corredor, consciente de que su víctima, ahora sabía que su verdugo estaba muy cerca. Se golpeó la frente suavemente con la mano, como recriminándose aquella enorme torpeza.
Mientras tanto en lo más profundo de su subconsciente, la pequeña sombra de lo que alguna vez había sido su verdadera personalidad, se daba cuenta de que, poco a poco, comenzaba a recuperar la capacidad de influir en sus actos.
Tenía la apariencia física de la asesina, pero había algo en su semblante totalmente diferente. De repente, su expresión lúgubre y sombría, se iluminó. Comprendió en ese instante, que no pasaría mucho más, antes de que su conciencia recuperara el control; antes de que Alayha "La Asesina", dejara de existir...
Sin embargo, como Texus no hablaba el dialecto akeliano no tenía modo de enterarse. El venía de las tierras vírgenes del planeta Atenasó, ubicado mucho más cerca de la estrella de su sistema. A diferencia de lo que sucedía en Akelia, su planeta tenía un enorme reservorio de agua dulce.
Aquel en el que ahora estaba, era un planeta casi desértico, donde la mayor parte de su superficie estaba cubierta de arena o en su defecto por extensos mares, ricos en sales de toda clase. Sin embargo, al ver la ciudad de Damar, eso podía parecer imposible.
Lo que muchos visitantes no sabían, era que todo eso que lo rodeaba era artificial, resultado del trabajo de sus habitantes, y algo cuyo mantenimiento consumía enormes recursos gubernamentales. Texus intentó seguir regateando, pero cuando comprendió que el cantinero no aceptaría menos de treinta créditos, por un vaso de agua, decidió que realmente no tenía tanta sed, y continuó caminando.
El atenasoide siguió atravesando los pasillos de aquella feria, pero no se percató de que una mujer lo estaba siguiendo. De haberla visto hubiera entendido enseguida que no se traía nada bueno entre manos. Vestía con las ropas de quienes responden a la autoridad de Xenon, figura protectora de los integrantes del gremio interplanetario de asesinos.
Texus estaba demasiado ocupado pensando en otros asuntos, así que olvidó mirar hacia atrás cada cierto tiempo, como se había acostumbrado a hacerlo desde hacía unos meses atrás, cuando su antiguo Jefe, Plentar, le había puesto un precio a su cabeza. Pero estando allí en Damar, se había confiado en demasía. Después de todo, Allí, el gremio de asesinos no tenía acuerdos con nadie; no podrían andar a sus anchas como lo hubieran hecho en ciertas zonas de Terranova, o en el mismísimo planeta Atenasó.
La asesina aparentaba encontrarse en la flor de la vida. Tenía las orejas puntiagudas, y sus ojos parecían los de un felino. Por lo demás su apariencia física era bastante similar a la de un humano, salvo el color del pelo, que era de una tonalidad bastante difícil de definir. Se movía sigilosamente, como entre sombras. Parecía que sabía muy bien lo que estaba haciendo, como si actuara con la seguridad de quien ha hecho lo mismo cientos de veces...
Texus ni siquiera volteó al sentir la mano sobre su hombro, pero de inmediato adivinó lo que estaba ocurriendo. Los largos y finos dedos de aquella mano más bien huesuda, solo podían pertenecer a aquella mujer Draconiana cuya fama la precedía en todo el cuadrante. Fue recién entonces que entendió la importancia que tenía para Plentar, el que él muriera: Aquella mujer era Alayha, la asesina más famosa en varios cientos de años luz a la redonda.
Alayha apretaba aún su mano sobre el hombro de su objetivo. Tenía muy poco tiempo para inyectarle el veneno; y por un momento no supo si hacerlo o esperar otra oportunidad. Ese lugar era público, y el veneno, provocaría horribles gritos de dolor casi de inmediato. Decidió mejor esperar, seleccionar cuidadosamente otro veneno que actuara de una forma más discreta que aquel...
Texus, volteó tan solo tres segundos después de sentir la mano, pero aquella mujer había desaparecido. Por un momento pensó que todo lo había imaginado, pero la marca de unos dedos largos y delgados sobre su hombro izquierdo, le hicieron darse cuenta de que no era así. El Atenasoide quedó allí bastante asustado, y con la certeza de que sus días estaban contados: "La Asesina", jamás había fallado.
En ese momento, Alayha caminaba por el pasillo a unos doscientos metros de su objetivo. Sabía que había estado a punto de cometer un tremendo error. Aquel veneno en particular, era el menos recomendable para utilizar. La agonía comenzaba casi de inmediato, y la víctima se convulsionaba de un modo tan evidente, que ella no hubiera tenido tiempo de desaparecer. Usar ese veneno, era casi un suicidio. No entendía como había elegido ese en particular, era como si su subconsciente quisiera sabotearla. Al pensarlo un poco, eso le parecía ridículo pero últimamente, le estaban ocurriendo cosas como esa, bastante a menudo.
"La Asesina", siguió caminando por aquel corredor, consciente de que su víctima, ahora sabía que su verdugo estaba muy cerca. Se golpeó la frente suavemente con la mano, como recriminándose aquella enorme torpeza.
Mientras tanto en lo más profundo de su subconsciente, la pequeña sombra de lo que alguna vez había sido su verdadera personalidad, se daba cuenta de que, poco a poco, comenzaba a recuperar la capacidad de influir en sus actos.
Tenía la apariencia física de la asesina, pero había algo en su semblante totalmente diferente. De repente, su expresión lúgubre y sombría, se iluminó. Comprendió en ese instante, que no pasaría mucho más, antes de que su conciencia recuperara el control; antes de que Alayha "La Asesina", dejara de existir...

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