viene de parte1
Por más que insistí y pregunté a todos, nadie recordaba que hubiese una nena en el auto. Todos me decían lo mismo. A ese hospital, solo habíamos llegado mi mujer y yo. Alejandra no estaba en ningún lado, ni en ese hospital, ni en ningún otro. Comencé a desesperar.
La policía tomó mi declaración y corrió un boletín con la foto y los datos de mi hija. Pero no hubo caso. Parecía como si se la hubiera tragado la tierra. Mi madre, que había llegado a la sala de espera un rato antes de que despertara, no se había enterado de nada. Ni siquiera de la muerte de Victoria. Yo no sabía como decírmelo...
3
Menos de un mes después mi mama falleció. Siempre había sufrido del corazón. Se cuidaba, tomaba sus medicinas, pero la situación era demasiado para ella. Mi hija seguía sin aparecer. La policía la buscaba, pero no había siquiera un rastro. Yo lo había perdido todo; mi única esperanza era que Alejandra apareciera sana y salva.
La necesidad de seguir viviendo, pagar las deudas, un detective que buscara a mi princesa, me obligaron a volver al trabajo. Yo no estaba para nada listo, pero así al menos me mantendría ocupado en algo.
Fue casi dos meses después que obtuve mi primera pista. Había indicios de que nuestros atacantes trabajaban para la mafia de Laredo. Si era así, eso explicaba muchas cosas, ya que según algunos comentarios algo dudosos, Una de las prácticas de Laredo, era reclutar a su gente a muy temprana edad, antes de los diez años. Se decía que mataban a toda una familia si era necesario, para luego secuestrar al niño, y educarlo con sus retorcidos valores.
Si eso era lo que había pasado, Laredo y su gente lo pagarían. Lo había perdido todo, no tenía absolutamente nada que perder. Solo me quedaba mi pequeña Alejandra, y la pensaba recuperar fuera como fuera.
4
Me preparé durante semanas para enfrentarme a ellos. Me entrené con los mejores instructores que el dinero podía pagar. Me estaba endeudando de una manera monumental, pero no me importaba. Lo único que tenía en claro, era que lucharía por mi hijita, hasta el último aliento de vida que conservara. Entrené, y preparé un plan para acercarme a él.
Laredo era un hombre muy engreído, él y su gente se jactaban de no conocer el rostro de sus víctimas. No sería difícil acercarme a su círculo sin que me reconocieran. Así que me presenté una noche en su club nocturno, y traté de captar su atención. Provoqué una pelea de tal magnitud, que el mismísimo Sander, su segundo, se acercó.
Sander no fue realmente un contrincante para mí. El no tenía ni idea de lo que yo era capaz de hacer. No le di la menor oportunidad, y ahí mismo, usando tan solo mis manos, lo maté: le rompí el cuello. Obviamente eso levantó un tremendo revuelo, y Laredo en persona se acercó. Me miraba con una sonrisa malévola en el rostro, demostrando la mayor de las indiferencias ante la muerte de su lugarteniente.
Yo jamás había matado a nadie, y aunque era consciente de lo que había hecho, no reaccioné como lo hubiera hecho cualquier persona en mi situación. Permanecí inmutable, manteniéndole la mirada a Laredo, demostrando una confianza absoluta. El hizo un gesto con la mano, y todos se alejaron. Caminó hasta pararse delante de mi, tan cerca como aquella vez cuando aún era un delincuente de poca monta, cuando yo tenía tan solo doce años. Pero a diferencia de entonces, yo no tuve miedo.
De improviso, rodeó mis hombros con su brazo, y dirigiéndose a todos los que estaban allí, proclamó que había encontrado a su nuevo "Sander". Entendí que se refería a mí cuando noté las miradas de odio de los otros lugartenientes. Me sentía muy extraño, siendo abrazado por el tipo que había ordenado la muerte de mi mujer y el secuestro de mi hija. En ese momento por primera vez entendí que acababa de entrar en un juego siniestro. Pero como dije antes, no tenía nada que perder, y algo que recuperar: el ultimo trozo de lo que había sido hasta hace poco, una vida normal.
5
Los días comenzaron a sucederse uno tras otro. Si bien cada día me ganaba más y más la confianza de Laredo, aún no había podio averiguar nada sobre mi hija. En esas últimas semanas había hecho cosas que jamás hubiera imaginado que era capaz de hacer. El lado oscuro empezaba a apoderarse de mí, y lo único que me mantenía cuerdo era mi búsqueda. Laredo me había encomendado algunos trabajos tan retorcidos, que harían avergonzar a la mayoría de los criminales.
Cuando pienso en ello, me pregunto si realmente estaré haciendo lo correcto. Es una gran contradicción moral para mi, ya que por un lado lo que hago va en contra de todos mis principios morales; pero por el otro, se que es la única forma en la que podré recuperar a mi hijita... Cada día, me siento algo más cómodo con lo que estoy haciendo, y eso me asusta enormemente. Solo espero encontrar a mi hija antes de que este lugar acabe con todo lo bueno que hay en mí, antes de que mi nuevo "trabajo" consuma totalmente mi alma.
Cuando eso suceda, ya nada importará...
Por más que insistí y pregunté a todos, nadie recordaba que hubiese una nena en el auto. Todos me decían lo mismo. A ese hospital, solo habíamos llegado mi mujer y yo. Alejandra no estaba en ningún lado, ni en ese hospital, ni en ningún otro. Comencé a desesperar.
La policía tomó mi declaración y corrió un boletín con la foto y los datos de mi hija. Pero no hubo caso. Parecía como si se la hubiera tragado la tierra. Mi madre, que había llegado a la sala de espera un rato antes de que despertara, no se había enterado de nada. Ni siquiera de la muerte de Victoria. Yo no sabía como decírmelo...
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Menos de un mes después mi mama falleció. Siempre había sufrido del corazón. Se cuidaba, tomaba sus medicinas, pero la situación era demasiado para ella. Mi hija seguía sin aparecer. La policía la buscaba, pero no había siquiera un rastro. Yo lo había perdido todo; mi única esperanza era que Alejandra apareciera sana y salva.
La necesidad de seguir viviendo, pagar las deudas, un detective que buscara a mi princesa, me obligaron a volver al trabajo. Yo no estaba para nada listo, pero así al menos me mantendría ocupado en algo.
Fue casi dos meses después que obtuve mi primera pista. Había indicios de que nuestros atacantes trabajaban para la mafia de Laredo. Si era así, eso explicaba muchas cosas, ya que según algunos comentarios algo dudosos, Una de las prácticas de Laredo, era reclutar a su gente a muy temprana edad, antes de los diez años. Se decía que mataban a toda una familia si era necesario, para luego secuestrar al niño, y educarlo con sus retorcidos valores.
Si eso era lo que había pasado, Laredo y su gente lo pagarían. Lo había perdido todo, no tenía absolutamente nada que perder. Solo me quedaba mi pequeña Alejandra, y la pensaba recuperar fuera como fuera.
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Me preparé durante semanas para enfrentarme a ellos. Me entrené con los mejores instructores que el dinero podía pagar. Me estaba endeudando de una manera monumental, pero no me importaba. Lo único que tenía en claro, era que lucharía por mi hijita, hasta el último aliento de vida que conservara. Entrené, y preparé un plan para acercarme a él.
Laredo era un hombre muy engreído, él y su gente se jactaban de no conocer el rostro de sus víctimas. No sería difícil acercarme a su círculo sin que me reconocieran. Así que me presenté una noche en su club nocturno, y traté de captar su atención. Provoqué una pelea de tal magnitud, que el mismísimo Sander, su segundo, se acercó.
Sander no fue realmente un contrincante para mí. El no tenía ni idea de lo que yo era capaz de hacer. No le di la menor oportunidad, y ahí mismo, usando tan solo mis manos, lo maté: le rompí el cuello. Obviamente eso levantó un tremendo revuelo, y Laredo en persona se acercó. Me miraba con una sonrisa malévola en el rostro, demostrando la mayor de las indiferencias ante la muerte de su lugarteniente.
Yo jamás había matado a nadie, y aunque era consciente de lo que había hecho, no reaccioné como lo hubiera hecho cualquier persona en mi situación. Permanecí inmutable, manteniéndole la mirada a Laredo, demostrando una confianza absoluta. El hizo un gesto con la mano, y todos se alejaron. Caminó hasta pararse delante de mi, tan cerca como aquella vez cuando aún era un delincuente de poca monta, cuando yo tenía tan solo doce años. Pero a diferencia de entonces, yo no tuve miedo.
De improviso, rodeó mis hombros con su brazo, y dirigiéndose a todos los que estaban allí, proclamó que había encontrado a su nuevo "Sander". Entendí que se refería a mí cuando noté las miradas de odio de los otros lugartenientes. Me sentía muy extraño, siendo abrazado por el tipo que había ordenado la muerte de mi mujer y el secuestro de mi hija. En ese momento por primera vez entendí que acababa de entrar en un juego siniestro. Pero como dije antes, no tenía nada que perder, y algo que recuperar: el ultimo trozo de lo que había sido hasta hace poco, una vida normal.
5
Los días comenzaron a sucederse uno tras otro. Si bien cada día me ganaba más y más la confianza de Laredo, aún no había podio averiguar nada sobre mi hija. En esas últimas semanas había hecho cosas que jamás hubiera imaginado que era capaz de hacer. El lado oscuro empezaba a apoderarse de mí, y lo único que me mantenía cuerdo era mi búsqueda. Laredo me había encomendado algunos trabajos tan retorcidos, que harían avergonzar a la mayoría de los criminales.
Cuando pienso en ello, me pregunto si realmente estaré haciendo lo correcto. Es una gran contradicción moral para mi, ya que por un lado lo que hago va en contra de todos mis principios morales; pero por el otro, se que es la única forma en la que podré recuperar a mi hijita... Cada día, me siento algo más cómodo con lo que estoy haciendo, y eso me asusta enormemente. Solo espero encontrar a mi hija antes de que este lugar acabe con todo lo bueno que hay en mí, antes de que mi nuevo "trabajo" consuma totalmente mi alma.
Cuando eso suceda, ya nada importará...

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