lunes, 20 de julio de 2009

Un Boleto Ganador (Parte 1)

La vida de Juan estaba a punto de cambiar completamente, sin embargo él aún no lo sospechaba ni remotamente. Si bien había jugado esa convinación exacta de numeros en la lotería, jamás imaginó que realmente tuviera posibilidades de ser el ganador, del pozo acumulado por cincuenta millones de pesos.

Esa día era para él como cualquier otro. Se levantó muy temprano y se dedicó a ordenar las cosas antes de salir a trabajar. Le gustaba tomar un buen desayuno todas las mañanas, así que se levantaba con bastante margen de tiempo para poder hacerlo. Pronto salió de su casa y caminó hasta la entrada del subte que se encontraba a escasos cien metros de su puerta. La linea I acababa de inaugurar su primer tramo, de Cordoba y Escalabrini Ortiz, hasta Rivadavia a la altura de Caballito. El vivía relativamente cerca del "Mio Cid" (más bien para el lado de Corrientes).
Llegó a su trabajo a las ocho como todos los días, y como lo hacía habitualmente, prendió la radio justo a la hora del informativo. Como cada día, los locutores recitaron los números ganadores y fue entonces, luego de un rato de incredulidad, que entendió que aquellos números coincidían exactamente con los de su boleto. El era el ganador...

Fue recién a la tarde, cuando las agencias de lotería estaban a punto de cerrar, que Juan fue a donde había comprado el boleto.
La chica que atendía el local lo vio entrar, y por alguna extraña razón tuvo la sensación de que él era el misterioso ganador. Aquel del que habían estado hablando todo el día. Lo observó de arriba a abajo. No debía tener más de treinta años, y siceramente le parecía bastante atractivo. No era exactamente delgado, pero tampoco era gordo. Tenía el pelo lacio, y muy corto, y era de color castaño. Sus ojos eran de un marrón bastante oscuro. Su rostro transmitía bondad. Resultaba inexplicable aún para ella, pero así, de repente se sintió terriblemente atraida por ese muchacho.
- Buenas tardes; ¿En que puedo ayudarlo?- Dijo intentanto que no se notara su turbación. Juan tenía en su mano derecha el boleto ganador, pero por alguna razón estaba paralizado.
Observaba a la muchacha fijamente; era alta y muy flaca. Sus ojos eran de un color marrón muy claro, como el color de la miel más pura. Su rostro tenía sus rasgos finamente delineados, y sus labios eran rojos como la fresa. Su pelo lacio y largo, que caía hasta media espalda, era de color negro. Su piel blanca como el algodón, contrastaba un poco con la suya, más bien morena. La joven no era voluptuosa, por el contrario, pero su rostro angelical, de facciones casi perfectas, hizo que él sintiera que se perdía en si mismo al verla.
Estaban los dos allí, uno frente al otro sin saber que hacer, e ignorando que el otro se sentía igual de afectado. La chica se llamaba Lara.
Ella fue la primera en reaccionar, cuando escuchó las campanitas de la puerta que había vuelto a abrirse. Lo miró fijamente a los ojos, tratando de superar su parálisis, y volvió a hablarle. El alejando aquellas sensaciones tan intensas, parpadeó un par de veces y entonces le respondió como pudo.
- Oh si, disculpame. Es que necesito que me orienten. Ayer compré este boleto, y...- Ella le hizó una seña para que callase y le indicó que esperara. Atendió al otro hombre lo más rápido que pudo, y al salir aquel, cerro la puerta con llave. Fue recien en ese momento que volvió a hablarle.
- Perdoná que te haya interrumpido, pero es mejor asegurarse en estos casos...-
-¿En qué casos?- preguntó él algo confundido.
-¿Tenés un boleto ganador no?-
- Sí. Exácto...-
- Bueno, en estos casos, los recaudos que se tomen nunca son suficentes. Quien sabe de que puede ser capaz la gente.- En ese momento él entendió lo que la chica estaba diciendo. Se acercó entonces con el ticket y se lo mostro.
- Estos son los numeros que jugué. Los revise con el diario cinco veces; son los mismos.- Lara miró totalmente alucinada los numeros. El muchacho se había ganado los cincuenta millones del premio...- ¿Qué es lo que debo hacer para cobrar tamaña suma?- Ella lo miró y rio divertida.
- Perdón que haya reido, pero esto es increible.-
-¿Qué cosa?-
-¿Te puedo decir la verdad?- él asintió con la cabeza- No tengo la más remota idea. Jamás había conocido a un ganador de lotería.- Juan sonrió también.
- Pero seguro has pagado alguna vez alguna jugada de quiniela. ¿Cómo es en esos casos?-
- Si, pero eso es distinto. Son unos pocos pesos, y en general se les paga en el momento. Esperame dos minutos; voy a hablar con don Ernesto. El seguro va a saber que hacer... Ah, por cierto, mi nombre es Lara. ¿y el tuyo?- en ese momento él sonrió.
- Yo soy Juan.- dijo un poco más suelto de cuerpo.- Mucho gusto Lara.-
La chica desapareció por la puerta del costado y tardó varios minutos en regresar. Juan se quedó allí preguntandose muchas cosas al mismo tiempo. Pero no pudo meditar mucho más, ya que en eso apareció ella otra vez, trayendo en su mano un librito negro.
El libro parecía que estaba forrado con cuero muy fino. Era delgado y aparentemente bastante viejo. La chica abrió el libro aproximadamente a la mitad y comenzó a leer. Levantaba por momentos la vista y volvía a bajarla; ella lo observaba insistentemente. El aún se esforzaba por no perder la concentración. Finalmente soltó el pequeño cuaderno, y le habló.
- Debemos reclamar el premio desde acá. En dos o tres días habrá que ir con el boleto a lotería nacional.- él se quedó callado unos instantes, pero luego le preguntó.
-¿Eso es todo?
- Eso es todo.- afirmó ella.
La chica hizo una prolongada pausa, y por un momento le pareció que ya no volvería a hablar. Juan estaba allí parado, observandola, esperando que dijera algo más. Pero cuando el creyó que no lo haría, Lara continuó.
- Ya es algo tarde para llamar a Loteria Nacional, esos vágos se van a las cinco o antes. Yo te recomiendo que trates de volver mañana temprano, así los llamamos y arreglamos los detalles. ¿Te parece?- el se quedó pensando, que encontraría el modo de conseguirse la mañana libre, y tal vez, si jugaba bien sus cartas, todo el día.
- Ok, quedamos así. Mañana por la mañana estaré aquí.- Le dijo finalmente.
Juan enfiló entonces hacia la puerta, y luego de agradecerle una vez más por su ayuda, salió del negocio. Lara se quedó allí observando a aquel muchacho alejarse. Había algo en él, que la había turbado increiblemente. Trató de alejar aquel pensamiento de su mente, y se dedicó a terminar con sus tareas. Ya solo faltaban diez minutos para cerrar la agencia, y don Ernesto ya estaría apagando todo allá atrás.

Continuara... (parte 2)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

dale con el final que estoy muriendo de curiosidad !!!!!!!! que lindo escribis!!!!!

Adrian Libonatti dijo...

Muchas gracias Silvya por tus palabras. Te prometo que en pocas horas publico la última parte de la historia. Espero que te guste...