Sus ojos brillaban en la osuridad como no podrían hacerlo jamás, los de ningún otro ser de la profundidad del bosque. El ave había clavado la mirada en su presa. La miraba fijamente, convencida de que ya no tenía escapatoria. Worx, caminaba entre los arbustos y la hierba crecida, completamente ajeno a lo que pasaba. Por lo general los Winis no corrían esa clase de peligros. Solían ir en grupos de no menos de cinco o seis, lo que habitualmente mantenía alejados a los depredadores como el buho.
Pero Worx era un wini solitario, tanto que en general, solía desaparecer de su aldea por días enteros. De sucederle algo, pasarían días, tal vez incluso una semana, antes de que los demás se preocuparan por él...
El buho seguía tan quieto como en aquel momento en el que había elegido al duende como su presa, y aún lo observaba con aquella expresión tan particular. Worx seguía caminando por el bosque, recogiendo frutos, piñones y hongos. Ese día había despertado con ganas de comer guiso silvestre; esa era tal vez la comida más tradicional entre los winis. La misma estaba preprada con piñones, hongos, y ciertas clases de frutos que solo se hallaban en esa parte del bosque.
Hacía casi dos horas que caminaba por allí y tan solo le faltaba un ingrediente para su sopa. Worx permanecía del todo ignorante ante el hecho de que estaba siendo acechado. Y hubiera continuado sin saberlo, de no ser por el grito, casi de guerra, que el buho emitió antes de lanzarse sobre él.
El wini escuhó el grito del ave, y sintió como se le helaba la sangre. De repente quedó petrificado, imposibilitado por el miedo, de correr para salvar su vida. El buho siguió su picada, casi en caida libre hacia el pequeño hombrecillo, hasta que de repente una enorme flecha lo atravesó de lado a lado. El pájaro cayó entonces inerte sobre la tierra, sin siquiera emitir un quejido final. La agonía había sido tan rápida, que sus ojos aún estaban clavados en él, de aquella manera tan penetratante, y casi sobrenatural, con la que lo habían observado desde el comienzo.
Worx aún seguía duro, completamente inmovil. Miró a su alrededor, buscando a quien había disparado aquello, consciente de que solo un pueblo utilizaba esas enormes lanzas con punta de metal: Los hombres. El gnomo sintió como la sangre se le helaba por segunda vez, al mismo tiempo que se lamentaba por la mala suerte que estaba teniendo.
Levantó la vista y entonces pudo observar una cara conocida. Por un momento se negó a creer que la suerte -buena o mala- lo hubiera puesto nuevamente delante de aquel mismo cazador con el que había compartido una vez, el vino hasta altas horas de la noche. El cazador, se acercó tranquilamente hasta pararse a escasos dos metro de donde estaba él, y agudizando la vista, observó al pequeño hombrecillo con mayor detenimiento.
Krickert no podía creer su buena suerte. No solo había vuelto a encontrarse con uno de esos pequeños gnomos, sinó que además había encontrado a Worx, el mismo hombrecto que había conocido hacía casi un año. Se acercó tratando de no espantarlo, hasta pararse delante de él y lo miró con una sonrisa en el rostro.
-¡Pero que chico es este mundo!- el wini, lo miraba sin saber aún como reaccionar, y sin poder deducir las intenciones del hombre.- después de que te fuiste, estuve más de una semana, preguntándome si realmente había bebido y conversado contigo, o si todo había sido un sueño. Por un tiempo estuve convencido de que todo había sido producto del alcohol, pero justo entonces encontré esto.- Kricket buscó en su bolso, y sacó la pequeña lanza que el otro había olvidado aquella noche al irse. Extendió su mano y se la ofrecio al gnomo.- Esta es la quinta vez que regreso a este bosque, y cada vez que he venido, te he buscado sin éxito.-
- Pero... ¿Para qué me buscabas?- Kricket lo observó algo extrañado, como si aquella pregunta lo hubiera desconcertado.
- No se. Supongo que necesitaba saber que efectivamente no estaba volviéndome loco. Además, tenía que devolverte esto.-
- Gracias. Puede que parezca una varita insignificante para ti, pero para mi tiene un enorme valor sentimental.- Worx sostenía la pequeña lanza entres sus manos, al tiempo que la miraba como intentando encontrar alguna muestra de maltrato. Kricket observaba la actitud del pequeño hombrecito y sonreía algo divertido. Estuvo tentado de preguntarle porque había desaparecido ese día, pero sabía que la respuesta era más que obvia: había sentido miedo.
Desde el punto de vista de él, ya no había ninguna razón para seguir perturbando al wini, así que decidió que era hora de marcharse. Dio media vuelta, y luego de agarrar el cuerpo del ave que acababa de cazar, comenzó a alejarse por el sendero hacia el este. Worx que aún estaba entretenido observando su lanza, levantó la vista y vio como se alejaba.
Dudaba entre llamarlo o dejar que se fuera. Finalmente, y contra lo que podía llegar a dictar la prudencia en un caso como ese, lo llamó. Kricket se dio vuelta entonces y lo miró sin decir nada.
- Aún no te he dado las gracias. Si no fuera por ti, hubiera sido la cena de ese buho.- Dijo señalando el pájaro que el cazador llevaba bajo el brazo. El hombre sonrió visiblemente y luego de hacer una pequeña reverencia le contestó.
- No tienes que agradecerme nada. Después de todo, tu me acabas de devolver lo más preciado que siempre tuve: la confianza. La fé ciega en mis instintos...- Worx lo miró entonces sin entender nada.
-¿A caso la habías perdido?-
- Había comenzado a dudar. Pero mis instintos me decían que todo había sido real. Es por eso que volvía una y otra vez a este bosque. Esperando encontrarte a ti o a alguno de los tuyos. Lo hacía con una sola cosa en mente: probarme a mi mismo, que seguía siendo el mismo; que aún podía confiar en mis instintos.-
En ese momento Worx extendió la mano en señal de saludo, y Krickert se arrodilló delante de él para estrechar su pequeña mano. El gnomo tomó entonces su dedo indice y lo estrechó como si estuviera tomando toda su mano. El cazador lo soltó y se levantó. Una vez erguido en toda su longitud le volvió a hablar.
- Cuidate pequeño wini. Que no todos los humanos reaccionaran como yo ante ti. A algunos no les importara tu notable inteligencia y al no verte como un igual te perseguirán. Otros simplemente te temerán y tal vez reaccionen igual que los primeros. Solo unos pocos te ayudaran como yo. Espero que si te cruzas con algun otro de mi especie, sea de estos últimos.-
Y diciendo esas últmas palabras, el cazador comenzó a alejarse nuevamente al tiempo que con un movimiento de su sombrero, se despedía de él. Worx se quedó aún uno o dos minutos, observando el sendero por el que se alejaba el humano, preguntándose si algún día se volvería a cruzar con él.
Pero Worx era un wini solitario, tanto que en general, solía desaparecer de su aldea por días enteros. De sucederle algo, pasarían días, tal vez incluso una semana, antes de que los demás se preocuparan por él...
El buho seguía tan quieto como en aquel momento en el que había elegido al duende como su presa, y aún lo observaba con aquella expresión tan particular. Worx seguía caminando por el bosque, recogiendo frutos, piñones y hongos. Ese día había despertado con ganas de comer guiso silvestre; esa era tal vez la comida más tradicional entre los winis. La misma estaba preprada con piñones, hongos, y ciertas clases de frutos que solo se hallaban en esa parte del bosque.
Hacía casi dos horas que caminaba por allí y tan solo le faltaba un ingrediente para su sopa. Worx permanecía del todo ignorante ante el hecho de que estaba siendo acechado. Y hubiera continuado sin saberlo, de no ser por el grito, casi de guerra, que el buho emitió antes de lanzarse sobre él.
El wini escuhó el grito del ave, y sintió como se le helaba la sangre. De repente quedó petrificado, imposibilitado por el miedo, de correr para salvar su vida. El buho siguió su picada, casi en caida libre hacia el pequeño hombrecillo, hasta que de repente una enorme flecha lo atravesó de lado a lado. El pájaro cayó entonces inerte sobre la tierra, sin siquiera emitir un quejido final. La agonía había sido tan rápida, que sus ojos aún estaban clavados en él, de aquella manera tan penetratante, y casi sobrenatural, con la que lo habían observado desde el comienzo.
Worx aún seguía duro, completamente inmovil. Miró a su alrededor, buscando a quien había disparado aquello, consciente de que solo un pueblo utilizaba esas enormes lanzas con punta de metal: Los hombres. El gnomo sintió como la sangre se le helaba por segunda vez, al mismo tiempo que se lamentaba por la mala suerte que estaba teniendo.
Levantó la vista y entonces pudo observar una cara conocida. Por un momento se negó a creer que la suerte -buena o mala- lo hubiera puesto nuevamente delante de aquel mismo cazador con el que había compartido una vez, el vino hasta altas horas de la noche. El cazador, se acercó tranquilamente hasta pararse a escasos dos metro de donde estaba él, y agudizando la vista, observó al pequeño hombrecillo con mayor detenimiento.
Krickert no podía creer su buena suerte. No solo había vuelto a encontrarse con uno de esos pequeños gnomos, sinó que además había encontrado a Worx, el mismo hombrecto que había conocido hacía casi un año. Se acercó tratando de no espantarlo, hasta pararse delante de él y lo miró con una sonrisa en el rostro.
-¡Pero que chico es este mundo!- el wini, lo miraba sin saber aún como reaccionar, y sin poder deducir las intenciones del hombre.- después de que te fuiste, estuve más de una semana, preguntándome si realmente había bebido y conversado contigo, o si todo había sido un sueño. Por un tiempo estuve convencido de que todo había sido producto del alcohol, pero justo entonces encontré esto.- Kricket buscó en su bolso, y sacó la pequeña lanza que el otro había olvidado aquella noche al irse. Extendió su mano y se la ofrecio al gnomo.- Esta es la quinta vez que regreso a este bosque, y cada vez que he venido, te he buscado sin éxito.-
- Pero... ¿Para qué me buscabas?- Kricket lo observó algo extrañado, como si aquella pregunta lo hubiera desconcertado.
- No se. Supongo que necesitaba saber que efectivamente no estaba volviéndome loco. Además, tenía que devolverte esto.-
- Gracias. Puede que parezca una varita insignificante para ti, pero para mi tiene un enorme valor sentimental.- Worx sostenía la pequeña lanza entres sus manos, al tiempo que la miraba como intentando encontrar alguna muestra de maltrato. Kricket observaba la actitud del pequeño hombrecito y sonreía algo divertido. Estuvo tentado de preguntarle porque había desaparecido ese día, pero sabía que la respuesta era más que obvia: había sentido miedo.
Desde el punto de vista de él, ya no había ninguna razón para seguir perturbando al wini, así que decidió que era hora de marcharse. Dio media vuelta, y luego de agarrar el cuerpo del ave que acababa de cazar, comenzó a alejarse por el sendero hacia el este. Worx que aún estaba entretenido observando su lanza, levantó la vista y vio como se alejaba.
Dudaba entre llamarlo o dejar que se fuera. Finalmente, y contra lo que podía llegar a dictar la prudencia en un caso como ese, lo llamó. Kricket se dio vuelta entonces y lo miró sin decir nada.
- Aún no te he dado las gracias. Si no fuera por ti, hubiera sido la cena de ese buho.- Dijo señalando el pájaro que el cazador llevaba bajo el brazo. El hombre sonrió visiblemente y luego de hacer una pequeña reverencia le contestó.
- No tienes que agradecerme nada. Después de todo, tu me acabas de devolver lo más preciado que siempre tuve: la confianza. La fé ciega en mis instintos...- Worx lo miró entonces sin entender nada.
-¿A caso la habías perdido?-
- Había comenzado a dudar. Pero mis instintos me decían que todo había sido real. Es por eso que volvía una y otra vez a este bosque. Esperando encontrarte a ti o a alguno de los tuyos. Lo hacía con una sola cosa en mente: probarme a mi mismo, que seguía siendo el mismo; que aún podía confiar en mis instintos.-
En ese momento Worx extendió la mano en señal de saludo, y Krickert se arrodilló delante de él para estrechar su pequeña mano. El gnomo tomó entonces su dedo indice y lo estrechó como si estuviera tomando toda su mano. El cazador lo soltó y se levantó. Una vez erguido en toda su longitud le volvió a hablar.
- Cuidate pequeño wini. Que no todos los humanos reaccionaran como yo ante ti. A algunos no les importara tu notable inteligencia y al no verte como un igual te perseguirán. Otros simplemente te temerán y tal vez reaccionen igual que los primeros. Solo unos pocos te ayudaran como yo. Espero que si te cruzas con algun otro de mi especie, sea de estos últimos.-
Y diciendo esas últmas palabras, el cazador comenzó a alejarse nuevamente al tiempo que con un movimiento de su sombrero, se despedía de él. Worx se quedó aún uno o dos minutos, observando el sendero por el que se alejaba el humano, preguntándose si algún día se volvería a cruzar con él.

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