Viene de Parte 4
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Si bien él había creído que sería algo fácil, le tomó tres días dar con la combinación correcta de teclas, que destrabara la puerta. Para entonces, la mayor parte de la manada, se había ido acercando al recibidor, para ver en que se entretenía su líder. Finalmente, la puerta cedió y Todos los presentes se encontraron, ante lo que les pareció una terminal. Pudieron ver los mostradores, las bandas transportadoras funcionando, e incluso a los despachadores trabajando. Eso fue lo que más asombró a todos. Marcelo se alejó un poco del grupo, y acercándose a uno de los empleados intentó hablarle. No le dio tiempo ya que de repente, fue el hombre el que habló.
- Ustedes deben ser los del nuevo grupo de la casona. Están atrasados. Los esperamos hace ya dos días.- Deal no entendía nada.
-¿Nos esperaban? ¿Para qué?- El otro lo miró sin ninguna clase de expresividad y le contestó.
- Para que sigan su viaje. ¿Para qué más? De acá parten los túneles que los llevaran a su destino. A la colonia.- El despachador seguía caminando casi sin fijarse si Marcelo lo seguía o no.- Hoy ya es tarde. Reúnanse todos y vengan mañana antes de las diez. Habrá alguien esperando para guiarlos...- luego de decirle eso último se volvió a alejar. De nada valió que Marcelo lo llamara una y otra vez; el tipo no se dio por enterado.
Deal volvió entonces junto a su gente y les contó lo que aquel hombre le había dicho. Para el atardecer, todos en la casa sabían sobre lo que había pasado. Esa noche hubo un acalorado debate, donde cada uno tenía una opinión diferente; pero hubo algo en lo que todos estuvieron de acuerdo: De quedarse allí, no había garantías sobre cuanto tiempo más estarían a salvo. Hasta el momento nadie había intentado entrar, pero no sabían si las cosas seguirían igual. Por otro lado, a muchos les daba algo de desconfianza toda la situación. Sin embargo sabían que se habían quedado si opciones. Salir de la casa por la puerta principal, estaba totalmente descartado. Los túneles -les decía Marcelo-, eran su mejor opción.
Al día siguiente todos se despertaron temprano y prepararon las cosas para su partida. Luego de hacer una última revisión y de tomar lista, esperaron juntos la aparición de la puerta de acceso a las escaleras. Serían alrededor de las nueve treinta, cuando apareció. Marcelo dejó pasar a todos, y luego de dar una última mirada hacia atrás, cerró la puerta y se apresuró para alcanzar a su grupo. Cuando bajó hasta el segundo subsuelo, vio que la puerta estaba abierta de par en par, pero ninguno de sus amigos se atrevía a pasar. El fue el primero en hacerlo; recién entonces, el resto de la manada lo siguió.
Al otro lado los esperaba el mismo hombre, con el que Marcelo había hablado el día anterior.
- Hola Deal. Veo que has convencido a tu gente de seguir el viaje.- Marcelo lo miró, y tranquilamente le contestó.
- Creo que no nos quedaban demasiadas opciones. El camino de los túneles nos parece el único factible.- el otro asintió entonces con la cabeza. Pero no dijo nada más sobre el tema. En cambio volteó y comenzó a hablar de algo totalmente distinto.
- Ella se llama Marisa.- dijo señalando a una joven.- será su guía.- Marcelo la observó por unos instantes y la reconoció: era la mujer con la que se había visto caminando en aquel sueño. Extrañamente eso no lo sorprendió, por el contrario. Con toda la naturalidad del mundo, se acercó a ella y la saludó.
- Un placer Marisa, yo me llamo Marcelo.- la chica, le devolvió el saludo con una sonrisa en la cara.
Aquel hombre, que luego supieron, se llamaba Basilio, comenzó a pedirles que se apuraran. Fue recién entonces que el grupo pudo ver la entrada, al sistema de túneles que los llevarían a su próximo destino. El túnel era bastante amplio, pero mal iluminado.
- Bueno gente, ya es hora de partir. No se despeguen de mi, y cualquier duda que tengan, consúltenme. Cada uno llevará consigo una lámpara de aceite. Nos iremos alternando en su uso, para que nos duren todo el camino...-luego de decir aquellas palabras, Marisa se internó en el túnel. Marcelo la siguió, al igual que el resto del grupo.
En el preciso momento, en el que el último de ellos entró; la puerta del segundo subsuelo, se cerró estrepitosamente. Basilio que se había quedado cerca, sonrió. Ninguno de los miembros de la manada lo supo en ese momento, pero en el preciso instante en el que esa puerta se cerró, todo en la casona, volvió a estar como el día en el que ellos habían llegado.
La gigantesca heladera volvió a estar contra la pared, la puerta del “P2” volvió a quedar tapada por un muro de ladrillos, y el enorme portón de madera de la entrada principal, volvió a quedar abierto de par en par.
Aparentemente la casona, se estaba preparando para recibir a sus próximos huéspedes. Muy pronto, se convertiría en el refugio de un nuevo grupo de fugitivos...
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Si bien él había creído que sería algo fácil, le tomó tres días dar con la combinación correcta de teclas, que destrabara la puerta. Para entonces, la mayor parte de la manada, se había ido acercando al recibidor, para ver en que se entretenía su líder. Finalmente, la puerta cedió y Todos los presentes se encontraron, ante lo que les pareció una terminal. Pudieron ver los mostradores, las bandas transportadoras funcionando, e incluso a los despachadores trabajando. Eso fue lo que más asombró a todos. Marcelo se alejó un poco del grupo, y acercándose a uno de los empleados intentó hablarle. No le dio tiempo ya que de repente, fue el hombre el que habló.
- Ustedes deben ser los del nuevo grupo de la casona. Están atrasados. Los esperamos hace ya dos días.- Deal no entendía nada.
-¿Nos esperaban? ¿Para qué?- El otro lo miró sin ninguna clase de expresividad y le contestó.
- Para que sigan su viaje. ¿Para qué más? De acá parten los túneles que los llevaran a su destino. A la colonia.- El despachador seguía caminando casi sin fijarse si Marcelo lo seguía o no.- Hoy ya es tarde. Reúnanse todos y vengan mañana antes de las diez. Habrá alguien esperando para guiarlos...- luego de decirle eso último se volvió a alejar. De nada valió que Marcelo lo llamara una y otra vez; el tipo no se dio por enterado.
Deal volvió entonces junto a su gente y les contó lo que aquel hombre le había dicho. Para el atardecer, todos en la casa sabían sobre lo que había pasado. Esa noche hubo un acalorado debate, donde cada uno tenía una opinión diferente; pero hubo algo en lo que todos estuvieron de acuerdo: De quedarse allí, no había garantías sobre cuanto tiempo más estarían a salvo. Hasta el momento nadie había intentado entrar, pero no sabían si las cosas seguirían igual. Por otro lado, a muchos les daba algo de desconfianza toda la situación. Sin embargo sabían que se habían quedado si opciones. Salir de la casa por la puerta principal, estaba totalmente descartado. Los túneles -les decía Marcelo-, eran su mejor opción.
Al día siguiente todos se despertaron temprano y prepararon las cosas para su partida. Luego de hacer una última revisión y de tomar lista, esperaron juntos la aparición de la puerta de acceso a las escaleras. Serían alrededor de las nueve treinta, cuando apareció. Marcelo dejó pasar a todos, y luego de dar una última mirada hacia atrás, cerró la puerta y se apresuró para alcanzar a su grupo. Cuando bajó hasta el segundo subsuelo, vio que la puerta estaba abierta de par en par, pero ninguno de sus amigos se atrevía a pasar. El fue el primero en hacerlo; recién entonces, el resto de la manada lo siguió.
Al otro lado los esperaba el mismo hombre, con el que Marcelo había hablado el día anterior.
- Hola Deal. Veo que has convencido a tu gente de seguir el viaje.- Marcelo lo miró, y tranquilamente le contestó.
- Creo que no nos quedaban demasiadas opciones. El camino de los túneles nos parece el único factible.- el otro asintió entonces con la cabeza. Pero no dijo nada más sobre el tema. En cambio volteó y comenzó a hablar de algo totalmente distinto.
- Ella se llama Marisa.- dijo señalando a una joven.- será su guía.- Marcelo la observó por unos instantes y la reconoció: era la mujer con la que se había visto caminando en aquel sueño. Extrañamente eso no lo sorprendió, por el contrario. Con toda la naturalidad del mundo, se acercó a ella y la saludó.
- Un placer Marisa, yo me llamo Marcelo.- la chica, le devolvió el saludo con una sonrisa en la cara.
Aquel hombre, que luego supieron, se llamaba Basilio, comenzó a pedirles que se apuraran. Fue recién entonces que el grupo pudo ver la entrada, al sistema de túneles que los llevarían a su próximo destino. El túnel era bastante amplio, pero mal iluminado.
- Bueno gente, ya es hora de partir. No se despeguen de mi, y cualquier duda que tengan, consúltenme. Cada uno llevará consigo una lámpara de aceite. Nos iremos alternando en su uso, para que nos duren todo el camino...-luego de decir aquellas palabras, Marisa se internó en el túnel. Marcelo la siguió, al igual que el resto del grupo.
En el preciso momento, en el que el último de ellos entró; la puerta del segundo subsuelo, se cerró estrepitosamente. Basilio que se había quedado cerca, sonrió. Ninguno de los miembros de la manada lo supo en ese momento, pero en el preciso instante en el que esa puerta se cerró, todo en la casona, volvió a estar como el día en el que ellos habían llegado.
La gigantesca heladera volvió a estar contra la pared, la puerta del “P2” volvió a quedar tapada por un muro de ladrillos, y el enorme portón de madera de la entrada principal, volvió a quedar abierto de par en par.
Aparentemente la casona, se estaba preparando para recibir a sus próximos huéspedes. Muy pronto, se convertiría en el refugio de un nuevo grupo de fugitivos...

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