martes, 2 de marzo de 2010

El Resplandor

Aquel reflejo intermitente, no la dejaba ver nada. Malena sabía que aquello era normal en ese lugar, sin embargo hubiera deseado no tener que preocuparse por algo tan estúpido como el reflejo de aquella estrella sobre el "parabrisas" de la nave.
Habían pasado tres días desde su partida de Enron5. El viaje había sido en todos los aspectos tranquilo. En todo ese tiempo no habían tenido una sola alerta de ingeniería, y hasta donde sabía ella, ningún otro tipo de problema. Pero era consciente de que "El Resplandor" -nombre que le daban a ese brillo cegador que emanaba casi siempre de la estrella Resnar-, podía causarles demasiados problemas.

Muchos habían intentado aterrizar en aquel planeta, sin usar instrumental, tratando de "ver a través del brillo". Casi todos habían muerto en el intento...
Ni siquiera se podía confiar del todo en los instrumentos, ya que la radiación de Resnar hacía imposible lograr una lectura coherente. En esas circunstancias, eran realmente pocos los que se atrevían a aterrizar en aquel lugar. Solo los lugareños y algún que otro valiente, lo hacían regularmente. Malena no pensaba correr ninguna clase de riesgo; les tomaría más tiempo, y reduciría tal vez, un quince por ciento su margen de ganancia, pero descargarían toda su mercadería usando el transportador.

Hacía rato que estaba entretenida observando las lecturas, tanto que no se había percatado de que ya, no había nadie más en el puente. Levantó entonces el intercomunicador, y abriendo los canales internos de la nave, habló.
- Bueno señores; es hora de que se ganen su paga...- e hizo una corta pausa.- Los quiero a todos en cubierta en cinco minutos.- Malena Espinel se levantó de su silla y comenzó a caminar también en dirección a cubierta.

"Cubierta" era el modo más usual de denominar a la bodega de carga de una nave. Era una de esas costumbres, que tenían que ver con el origen marítimo de la terminología, empleada en los inicios de la era, primero aérea y luego espacial. Malena había estudiado bastante sobre el tema, y había descubierto que aquello se repetía en la mayor parte de las culturas conocidas.

La bodega no estaba demasiado lejos del puente de mando. Solo las separaba un corto trayecto por el corredor principal de la nave, y luego un descenso de tres niveles en el ascensor. La capitana de la nave, llegó incluso antes que sus tripulantes.
El primero en llegar fue Arnold. Arnold Sullivan era un osco estibador espacial de unos cuarenta años, de origen inglés, pero que se había criado en España. Tenía un carácter bastante difícil de llevar. Solía provocar a los demás con sus modos, y por lo general era quien comenzaba la mayoría de las peleas a bordo del "Petrios". La tripulación se completaba con otros cinco hombres de los cuales, el único miembro estable era Sergio Delía, su segundo al mando.
Sergio tenía aproximadamente su misma edad, unos treinta años. Era responsable, educado, y por lo general puntual. Aunque aparentemente ese día no lo estaba siendo...

Habrían pasado unos quince minutos, durante los cuales había intentado intercambiar, dos o tres palabras con Arnold. Aunque como siempre, solo había obtenido algunos monosílabos como respuesta. Finalmente, cuando ya comenzaba a preocuparse, llegaron sus cinco tripulantes al mismo tiempo. Delía se adelanto un poco y le habló.

- Capitana, hay un problema...- Malena miró a su segundo sin entender nada.
-¿Un problema? Pero si esta mañana hicimos una comprobación de los sistemas y todo estaba ok.- El otro negó con un leve movimiento de cabeza y volvió a hablar.
- No es esa clase de problema. Es un problema de índole burocrática. Por algún motivo, se niegan a autorizar el uso del transportador para enviar la carga.- Espinel sintió de repente un escalofrío, recorriéndole el cuerpo de punta a punta; y por un instante imaginó que debería aterrizar en ese planeta infernal.
- Vuelve a hablar con ellos, debe haber alguna manera de lograr la bendita autorización.- a Sergio le pareció que el tono de la Capitana, era el de una súplica.
- Ya lo intenté todo. Incluso ofrecí un discreto soborno, pero no hay modo. El planeta ha decidido suspender los permisos para el uso del transportador, hasta nuevo aviso.- hizo una pausa y luego de repasar con la mirada al resto de la tripulación, siguió hablando.- No es una idea que me agrade en lo absoluto, pero si queremos entregar la mercancía a tiempo, no nos quedará más alternativa, que pedir la autorización para descender...- Malena abrió lo ojos como platos al escucharlo. Después de eso, no dijo nada más y comenzó a alejarse lentamente hacía el otro extremo de la cubierta. Aparentemente, su peor temor se estaba haciendo realidad.

Por su cabeza pasaban cientos de cosas a la vez. Curiosamente la mayor parte de ellas, eran sobre aquellos amigos íntimos, colegas, que habían perdido sus vidas justamente al intentar aterrizar allí. La administración de Resnar tercera, sabía perfectamente que según su declaración de derechos y obligaciones, no podían bajo ninguna situación, impedir el ingreso y egreso de gente y mercaderías, pero al valerse de un artilugio como el descripto, virtualmente estaban haciéndolo: Nadie en su sano juicio se animaría a aterrizar allí.

Tomó su chaqueta, la cual había dejado sobre una de las cajas del cargamento, y luego de hacerle una seña a su segundo, salió de la bodega. Sergio les dio algunas indicaciones a los demás, y la siguió. Ella no había esperado por él. Para cuando salió al pasillo, la puerta del ascensor se estaba cerrando. Delía esperó pacientemente a que se liberara, y luego de comprobar el nivel en el que había salido su capitana, toco el botón de llamada.
El ascensor se abrió dos o tres segundos después, y rápidamente subió. Al llegar al nivel cuatro, encontró a Espinel sentada en el suelo con las piernas recogidas, y la cabeza apoyada sobre ellas. El se aproximó hasta el punto de quedar parado justo delante de ella.

- Es demasiado peligroso.- le dijo Ella a su segundo. Aún mantenía su cabeza apoyada sobre sus piernas. Parecía muy afectada.- Es casi un suicidio...- Delía asintió con la cabeza; el pensaba más o menos lo mismo.
- Yo pienso lo mismo Malena, pero si no entregamos esa carga quedaremos arruinados. Eso lo sabés mejor que nadie.-Malena levantó entonces la vista y lo miró directamente a los ojos.
Ella sabía perfectamente que era así: Las deudas la tapaban hasta el cuello. La compañía para la que trabajaban había dejado muy claro, que si no se ponía al día con los pagos, debería rescindirles el contrato. Malena espinel estaba realmente desesperada. Era por eso mismo que había aceptado hacer aquella entrega en Resnar tercera, aún a sabiendas de que la carga debía ser entregada sí o sí.
Bajó nuevamente la vista, y luego de meditarlo unos segundos le contestó a Delía.
- De acuerdo Sergio. Nos hemos comprometido a entregar esta carga y debemos cumplir: Bajaremos.- hizo una pausa y se levanto casi de un salto.- Pero no quiero correr riesgos innecesarios; Lo haré yo sola. Ustedes descenderán en el ascensor orbital.- Al levantarse, haba quedado parada muy cerca del rostro de él. Ambos medían aproximadamente la misma altura, por lo que sus labios habían quedado muy cerca. Por un momento él estuvo tentado de besar a su capitana, pero se contuvo. Hacía mucho que se sentía atraído por Malena, pero creía inapropiado cualquier "avance" en ese sentido.
Aunque internamente estaba bastante turbado, sin siquiera inmutarse le contestó.
- Esta nave no puede ser piloteada por una sola persona. Menos aún en estas circunstancias. No te pienso abandonar: Lo haremos juntos.- Malena no quería que Sergio se arriesgara, ya que después de todo, las deudas eran de ella; pero sabía que sería imposible convencerlo de no acompañarla. Por otro lado aunque pudiera resultar algo egoísta, se alegraba de contar con su apoyo en ese momento...


Menos de una hora después Arnold y el resto de los tripulantes, se tele transportaron a la zona orbital de migraciones de Resnar. Sergio había hablado con las autoridades aduaneras, y habían accedido a permitir el descenso de los tripulantes. Malena sintió cierto alivio al escuchar eso. Había decidido arriesgar su vida, pero de ninguna forma se hubiera sentido tranquila con todos a bordo del Petrios. En cuanto a Delía, ese era un caso a parte, ya que él mismo había decidido quedarse...

No tardaron mucho más en obtener la autorización para descender en el planeta. La estación de control espacial, les otorgó entonces el permiso y las coordenadas para el aterrizaje. Casi al finalizar la comunicación, el funcionario "Resnarcense" parecía bastante preocupado. "Solo les quiero dar un consejo..." les dijo antes de cortar, "...Aléjense de las nubes y de cualquier otro obstáculo visual que pueda cegarlos. Si se desvían un poco, nadie les va a decir nada. Solo traten de llegar en una sola pieza".
La capitana accionó entonces los mandos de la nave, y comenzaron a moverse abandonando lentamente la orbita, acercándose poco a poco al punto de inicio de su ruta de descenso. Los instrumentos trabajaban a su máxima capacidad y la nave no había experimentado un solo fallo en los últimos días. Gracias a dios, se encontraba en su mejor forma. En cierto momento, Sergio que estaba sentado frente a los mandos del navegador, volteó y la miró fijamente a los ojos. Parecía como si quisiera hablarle. Espinel se quedó por unos instantes, esperando que dijera algo, pero no lo hizo.


Un rato después, los demás tripulantes del Petrios, observaban desde el enorme ventanal de la estación orbital de migraciones, el descenso de su nave a través de aquella atmosfera tan hostil. En cierto momento Sullivan, que parecía ser el más preocupado de todos, volteó y de modo completamente casual, posó su vista en la cartelera principal del hall.
La primera vez que la leyó, lo hizo sin creer realmente lo que sus ojos habían interpretado. La segunda vez, agudizó los sentidos y leyó casi en voz alta: "Se ha levantado la suspensión administrativa. Ya se puede hacer uso del tele transporte para efectuar la descarga de mercaderías hacia la superficie". El osco estibador espacial volvió a observar a través del ventanal, para luego musitar una sola palabra: "¡Joder!".

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