La nave despegó exactamente a las 15:30. Su destino era Plutón, y el viaje tomaría aproximadamente unas doce horas. El comandante fijó curso hacia el gélido planeta y activó el piloto automático. Al igual que yo se preguntaba que asuntos podría llegar a tener allí nuestro cliente, como para querer ir a un sitio tan inhóspito como lo era el "noveno" planeta del Sistema Solar.
A principios del siglo 21, se había redefinido la palabra planeta, y Plutón dejó de cumplir con la definición. Aún más, para esa época, habían comenzado a sospechar que Caronte, no era su luna, sino la otra mitad de un sistema planetario de "doble planeta". Pero el paso de los años y la fuerza de las costumbres, habían finalmente determinado que de un modo totalmente paulatino, al menos el común de la gente, lo volviera a incluir en la lista de los planetas del Sistema Solar.
Habían pasado varios siglos desde entonces, y la Tierra ya no existía, pero para todos los mundos de la antigua Federación Terrestre, Plutón seguía siendo el noveno planeta...
Comenzamos una charla bastante amena con nuestro pasajero. Una cosa llevó a la otra, y terminamos hablando sobre la Tierra. Según nos contaba, la desaparición de la Tierra había sido bastante extraña; más aún si se estaba al tanto como él, de un detalle en particular, que muchos desconocían: La Tierra había sido evacuada por completo...
Muchos creían que la evacuación había sido parcial; que todo había ocurrido en tan solo semanas. Pero la realidad, era que el gobierno de la Tierra había estado preparándose durante varios años, y que las evacuaciones habían comenzado meses antes de lo que se creía. De hecho, no había muerto ni una sola persona durante la destrucción del planeta.
El Comandante Madeira y yo, escuchábamos atentamente a nuestro cliente, el científico Jonathan Harpen. El sabía muy bien de lo que hablaba: según decía, había trabajado en el proyecto "GAIA". Ese proyecto había tenido como misión encontrar un planeta adecuado para sostener a toda la población de la desaparecida Tierra. Decía que la búsqueda había empezado realmente, cinco años antes de la destrucción.
Nos contó decenas de detalles, sin embargo cuando intentamos que nos dijera la verdadera causa de la implosión del planeta, se mostró esquivo, como si aquella fuera una información demasiado peligrosa como para revelar. Lo que si nos aseguró, fue que todo el asunto había sido pensado una y otra vez, buscando la solución más adecuada para la situación que estaban viviendo.
Esos últimos años, la Tierra se convulsionó, como anunciando que ya no le quedaba demasiado tiempo. Aquello puso al gobierno en alerta, y una vez más, como siempre que habían tenido un problema aparentemente irresoluble, lo llamaron a él...
Habían pasado casi veinte años, y Harpen ya se había retirado, pero una vez más, el gobierno "terrícola" lo había llamado para resolver algo aparentemente sin solución: En este caso, la situación resultaba un tanto más mundana, pero potencialmente, era igual de peligrosa para ellos. No nos quiso decir exactamente de que se trataba, pero algo de lo que si nos dijo, nos dio a entender que se trataba de uno de los estancieros "Hieleros" de Plutón. Evidentemente era un asunto netamente político.
Aquellas doce horas de viaje pasaron bastante rápido. Finalmente llegamos a Plutón y comenzamos poco después el acercamiento final para tomar una órbita baja antes de aterrizar en el planeta. Las coordenadas que nos indicó Harpen, nos llevaban justo al corazón de las tierras del hombre más rico del Sistema Solar: la estancia de Mateo Sauvier.
Sauvier era famoso por sus excesos y por el hecho de saber granjearse enemigos muy poderosos. Solía meterse en negocios bastante turbios y tenía la mala costumbre de involucrarse con gente "pesada". Si bien se sabía que Sauvier hacía negocios al estilo de los antiguos mafiosos, no podía imaginarme que podría haber hecho, para que el gobierno terrestre enviara a alguien como el doctor Harpen, a manejar el problema que representaba, fuera cual fuera...
El comandante aterrizó nuestra nave justo delante de la cúpula que cubría el casco de la estancia. Al lado nuestro había otro vehículo, aparentemente una patrulla de la policía galáctica. Harpen parecía estar algo agitado. Revisaba su reloj una y otra vea, como si se le estuviera acabando el tiempo.
- Nos queda muy poco tiempo. En unas horas ya no podremos hacer nada...- Hablaba de un modo totalmente enigmático y hasta en cierto punto incongruente.
Harpen se acercó a la puerta de popa, y tendió una manga con la nave patrulla. No pasó demasiado tiempo antes de que los ocupantes de la otra nave, activaran el sistema de acople y, luego de igualar la presión, abrieran también su puerta. Yo observaba todo desde el puente. El capitán mientras tanto, controlaba cada movimiento del doctor.
No pasó demasiado tiempo hasta que uno de los ocupantes del otro vehículo comenzara a caminar por la manga hacia nuestra nave. Vestía el uniforme de la Policía Galáctica, y por los galones de su chaqueta, supe que era Comisario. Caminaba con determinación, directamente hacia nuestro pasajero...
- Doctor Harpen: Soy el Comisario Mark Sullivan. Me alegro de que haya llegado finalmente- Harpen asintió con un leve movimiento de su cabeza. Yo que veía la escena a través del monitor, entendía cada vez menos.
- Dígame cual es exactamente la situación.- Sullivan ladeó un poco la cabeza, como intentando darle a entender, que lo que estaba por decir no era para nada alentador.
- Sigue en trance. Si no despierta en ocho horas se saldrá con la suya.- Nuestro cliente se quedó pensativo por un rato, y finalmente volteó para hablarle al comandante Madeira.
- Capitán: voy a descender con el comisario Sullivan; espérenme aquí. Pase lo que pase, nos iremos en nueve horas.- Madeira asintió con la cabeza. En ese momento, Harpen comenzó a caminar por la manga y pronto desapareció dentro de la nave patrulla. El comandante cerró entonces la compuerta y volvió al puente conmigo. Yo seguí con mis tareas. Cuando entró él, unos cinco minutos después, había comenzado a purgar los registros en video.
- No toques nada. Deja todo como está que por ahí, viendo esas cintas, podremos saber que está pasando aquí.- Yo que ya tenía el dedo sobre el botón de borrar sonreí.
- Como tú digas capitán. ¿Por donde quieres empezar?- Madeira se quedó mirándome por un instante, y luego habló.
- Comenzaremos por el registro de llamadas de la nave. Me juego mí puesto de capitán, a que se ha comunicado varias veces con ellos, mientras veníamos para este planeta.-
La idea me resultó de repente, bastante divertida, y por un momento imagine al capitán recibiendo órdenes en lugar de darlas. Sin embargo, segundos después, la computadora devolvió la consulta del registro telefónico de la nave: Madeira estaba en lo cierto. Harpen había usado el teléfono, a razón de dos o tres llamadas por hora; casi una veintena en total. Todo era cada vez más extraño.
En ese momento miré por el "parabrisas" de la cabina y pude observar a Harpen salir de la nave patrulla por la puerta inferior. La misma, estaba acoplada a la entrada principal del casco de la estancia de Sauvier. Miré en esa dirección y pude ver a un Zerfatha que llegaba a recibirlos. No fue mucho más lo que pude ver, ya que pocos segundos después los tres habían desaparecido de nuestras vistas.
Continua Parte 2

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