miércoles, 19 de enero de 2011

En el Fondo de un Baúl

Hacía varias horas que Gerard leía aquella historia, como se lo había pedido de su hermano Jean Piere. La habían encontrado mientras revisaban las cosas, que habían quedado en el garaje. A esa altura se encontraba bastante cansado. Luego de haber pasado la mayor parte de la tarde leyendo, y viendo como comenzaba a oscurecer, no le quedaban demasiadas ganas de seguir; pero ya quedaban pocas páginas.
De todos modos, aunque se hubiera animado a proponerlo, Jean Piere no hubiera aceptado continuar al día siguiente...

"...Sinceramente no recordaba nada de lo que había pasado la noche anterior. Había despertado en la cama junto a una desconocida, y ni siquiera era mi cama. Levanté la vista y observé su rostro: aún dormía.
La observaba al tiempo que trataba de recordar algo, cualquier cosa, pero mi mente estaba en blanco. Ella respiraba pausadamente, sin sobresaltos. Siempre me había gustado ver a las mujeres con las que despertaba, mientras aún dormían. Solían verse justo como ella ese momento: Relajadas, felices y satisfechas. No es que estuviera alardeando; después de todo, no tenía idea de lo que había sucedido aquella noche.
Me levanté y comencé a observar hacia todas partes. Buscaba mi ropa, mis zapatos, mi billetera y mi celular. Pronto las encontré y comencé a vestirme. Volví a observar a la mujer que estaba junto a mí en aquella cama. Era preciosa. Sus cabellos rubios cubrían parte del rostro, pero no hacía falta verlo completo, para admirar esos labios tan rojos y sensuales, y aquel rostro angelical. Efectivamente era una hermosa mujer.
Por un momento pensé en despertarla, pero finalmente decidí que sería mejor irme sin más. Es cierto que de ese modo, jamás sabría lo que había sucedido esa noche, pero creo que en ese momento no quería una explicación. Me apresuré entonces a tomar todas mis cosas, y salí del cuarto haciendo el menor ruido posible.
Fuera de allí, me encontré con un largo pasillo, y una escalera al final. El lugar parecía desierto, sin embargo había algo allí que me estremecía..."

Gerard dejó de leer abruptamente. La historia estaba llegando a su momento de mayor tensión. Sin embargo a él no parecía importarle. Había volteado su cabeza, y observaba la ventana que se encontraba justo a sus espaldas. Acababa de escuchar un ruido bastante inusual, tanto que se había sobresaltado. Jean Piere se había enojado un poco ante la actitud de su hermano. A su entender, él siempre hacía lo mismo: Bastaba que ocurriera cualquier cosa a su alrededor, para que olvidara todo lo demás.
-¿Y ahora que pasó?- preguntó entones algo ofuscado.- Gerad le tocó el brazo como lo hacía cada vez que quería pedirle que hiciera silencio. Jean Piere no entendía nada de lo que estaba pasando. Finalmente casi un minuto después, su hermano le habló.
-¿No escuchaste ese ruido?-
-¿Que ruido Gerard?-
- Es extraño que no lo hayas escuchado... Tu audición debería ser bastante más sensible que la mía; dada tu condición...- Jean Piere era ciego, y si bien no podía mirarlo directamente a los ojos, endureció la expresión de su rostro y con tono severo le contestó.
- La verdad es que no se de donde sacaste esa estupidez. Mejor seguí leyendo, que te detuviste justo en el mejor momento.- Pero Gerard aún lo observaba como si esperara que su hermano recordara algo crucial.
-¿Y el ruido?- pregunto entonces.
-¡Olvídate de ese ruido y seguí leyendo!- dijo por último Jean Piere. En ese instante, Gerard se dio cuenta de cuan enojado estaba su hermano; según su experiencia lo mejor, sería que continuara con la lectura.

"Seguí caminando, alejándome del cuarto donde había despertado unos minutos antes, hasta que comencé a bajar por la escalera. Pensaba en la chica que estaba dejando en esa habitación, en lo que pasaría por su cabeza al despertar y no encontrarme allí junto a ella. Por alguna razón, no podía irme simplemente y dejarla allí sola...
Tomé entonces una determinación, y volví sobre mis pasos, hasta pararme justo delante de la puerta de la habitación. Allí reinaba el silencio más absoluto. No tardé demasiado en entrar. En cuanto lo hice, me llevé la sorpresa más grande de mi vida: el cuarto era totalmente diferente; la cama estaba desecha, y las sabanas parecían jirones. Todo el cuarto se encontraba cubierto por una espesa capa de polvo; tanto que al caminar, iba dejando profundas huellas en el piso.
Lo siguiente que hice fue buscar con la vista a la joven con la que había despertado, pero allí no había nadie. Parecía ser que ese lugar había estado abandonado durante años.
De repente comencé a recordar algunas cosas sobre la noche anterior. Entre ellas la razón, por la que había ido a ese lugar en un primer momento. Siempre se había dicho que esa vieja casa estaba embrujada, pero yo nunca lo había creído...
En ese momento se hacía evidente para mí, que había estado equivocado. Aún no recordaba demasiado, pero estaba seguro de una cosa: de algún modo, alguien o algo, había logrado que perdiera el sentido del tiempo y el espacio, y me había hecho ver lo que no era. Evidentemente había sido otra víctima del espíritu de la Joven Doncella..."

Al terminar la lectura, Gerard cerró el libro y lo dejó sobre la mesita de noche. Jean Piere seguía expectante, como si no pudiera creer que aquella hubiera sido la conclusión de la historia. Su hermano hizo un inútil gesto con las manos, y le dijo que eso era todo. Sin embargo algo llamó su atención también, y luego de revisar un poco el libro, se dio cuenta de que le faltaban tres o cuatro hojas. Seguramente, al menos una de ellas, debía contener el verdadero final.
Gerard revolvió el fondo del baúl donde lo habían encontrado, pero no vio nada. Lo más extraño de todo, era que las hojas parecían haber sido cortadas con algo filoso, de un modo recto y cuidadoso. Era algo sumamente curioso.
Jean Piere esperaba ansioso el veredicto de su hermano. Se movía inquieto en su silla, como si el hecho de no poder escuchar el final de la historia, significara demasiado para él. Y en cierto modo eso era entendible: Ese manuscrito, había sido escrito por su padre poco antes de morir. Aquella era su obra póstuma, la que finalmente lograría el reconocimiento que merecía, como el grandioso escritor que había sido.

Por la mente de Gerard pasaban pensamientos similares. Se devanaba los sesos, intentando descifrar lo que había ocurrido con aquellas hojas. De repente un pensamiento fugaz, cruzó por su mente. Observó una vez más aquella última página, y notó un pequeño símbolo en la parte interna de la contratapa. La observó más de cerca y notó algo más: era bastante más gruesa que la tapa frontal...
Eso, le hizo pensar que tal vez, había algo oculto en su interior; así que tomó una trincheta y cortó el borde. Efectivamente, adentro había algo. Eran las hojas faltantes del manuscrito; y allí, escritas con aquella preciosa letra caligráfica, que su padre había aprendido durante su juventud, estaban las que creyó, eran las últimas palabras que completaban la historia. Sin embargo eso no era del todo cierto...

Cuando desdobló aquellas hojas, pudo ver que contenían una carta de su padre; un mensaje que él, había dejado oculto para ellos dos. Gerard lo leyó una primera vez para si mismo.  Poco después, cuando se dio cuenta de que no había dicho ni una sola palabra en voz alta, comenzó a leer de nuevo. Esta vez, se aseguró de que su hermano pudiera escucharlo:

"A mis Hijos:

               Si están leyendo esta carta, significa que han llegado hasta la última  página del manuscrito, preguntándose por el final. Pues aquí va la respuesta: No escribí ningún final...
               Sucede que hace tiempo que intento terminar con esta historia, pero me ha resultado imposible. Ningún final que intento me convence, ningún giro en la trama me parece lo suficientemente bueno, para coronar aquella que considero mí mejor historia. Así que he decidido dejar de intentarlo y encomendarles a ustedes esta tarea.
               Ya me los estoy imaginando a ambos, diciendo que no se consideran a la altura de tamaña responsabilidad, que jamás se atreverían a terminar de escribir esta historia. Yo por mi parte les digo que estoy convencido de que cualquiera de ustedes, lo podrá hacer mejor que yo. Y aunque ustedes mismos no se tengan confianza, yo si se las tengo.
               Me siento tranquilo, sabiendo que serán ustedes, quienes le darán un final adecuado a mi libro... Les deseo mucha suerte.

PD: En las próximas cuatro hojas, encontraran todas las notas e ideas que volqué mientras iba escribiendo esta historia. Estoy seguro de que les serán de gran utilidad.
Se que piensan que les estoy pidiendo demasiado, pero estoy seguro de que podrán hacerlo..."

La nota terminaba luego de esa frase. Gerard volteó esa primera hoja, y encontró una lista de palabras, frases, e ideas sueltas que pronto pudo interpretar. Su padre, había tomado sus notas siempre del mismo modo, y él sabía exactamente como leerlas.
Jean Piere permanecía en completo silencio. Estaba muy serio y parecía meditar. El siempre había admirado mucho a su padre. Solía decir que su padre merecía pertenecer a ese puñado de escritores, considerados fundamentales para la literatura mundial. Creía que esa tarea no les correspondía...

Gerard en cambio, estaba convencido de que, si lo intentaban juntos, podrían lograrlo. Confiaba mucho, en la capacidad e inventiva de su hermano menor.
- Bueno, manos a la obra: debemos terminar el libro.- Jean Piere volteó la cabeza con los ojos abiertos como platos.
-¿Estás seguro de esto Gerard?, yo no me siento a la altura del reto.-
- Si papá nos encomendó esta tarea, fue porque confiaba en nosotros; y yo no tengo la intención de defraudarlo. Además, si quieres saber como termina la historia, es mejor que nos pongamos a escribir el final...- El muchacho de unos dieciocho años, se levantó de la silla y caminó hasta pararse justo delante de la ventana. Sentía la suave brisa del otoño sobre su rostro, al igual que un dejo del aroma de los tilos que su madre, había plantado en el frente años atrás. Volvió a sentarse en su silla, y esperó pacientemente a que su hermano, comenzara a leer los apuntes de su padre. Y poco a poco, se dibujó una sonrisa en su rostro...

No hay comentarios: