martes, 10 de mayo de 2011

La transformación más profunda (parte 1)

Luego de la muerte de sus padres, vivió con su hermana durante casi veinte años. Hasta que un día, Vanina falleció. A sus setenta y cinco años, había vivido una vida plena. No se había casado, pero había adoptado una niña, a la que -igual que sus padres habían hecho con ella- crió como toda una Sefranti. Se llamaba Camila, y tanto ella como Lucía, la consentían en todo...

Lucía adoraba a Vanina y a Camila por sobre todas las cosas. y fue por esa razón que aquel accidente en el que ambas muriefue tan traumático para ella. Hacía varios años que había comenzado a hacerse a la idea de que en algún momento tanto su hermana como su sobrina morirían, y que ella, que ya comenzaba a parecer más joven que su sobrina, seguiría allí. Sin embargo no creyó que eso sucedería tan pronto, al menos no en el caso de Camila...

Fue un accidente brutal; tanto que la noticia del mismo recorrió el mundo. Principalmente por que una de las víctimas, había sido la afamada genetista Vanina Sefranti. La noticia captó la atención de todos, hasta el punto en el que, con el correr de los días, la prensa no parecía estar dispuesta a olvidar el asunto. Luchi estaba destruida, ya que finalmente, y como tanto había temido desde la muerte de sus padres, se había quedado completamente sola en este mundo. Tenía casi ochenta y cinco años, aunque no aparentaba más de veinticinco. Sin embargo, volvía a sentirse tan indefensa como aquella beba que había vivido sin crecer, por algo más de cuarenta y cinco años. EL tiempo pasó, finalmente los medios se olvidaron de la trágica historia de su familia, pero las heridas no sanaron. Más bien cerraron en falso, por decirlo de algún modo; y ella que jamás había padecido enfermedad alguna, se sumió en una depresión tal que le tomó años superar. Se cerró en si misma, y limitó su contacto con el mundo exterior al mínimo. Con los años, la historia de Lucía Sefranti se convirtió en un mito, para luego ser olvidada casi por completo...

Habían pasado muchos años desde el momento en el que Lucía había quedado sola. Aún mantenía el contacto con el exterior al mínimo, pero por motivos completamente diferentes. Su historia había adquirido el carácter de leyenda; a tal punto que la mayoría de la gente creía que ella había muerto como cualquiera. Para ese entonces no quedaba ni una sola persona viva que la hubiera conocido de joven, y por ende no quedaba nadie que pudiera reconocerla. Para todos en el barrio, ella era la nieta de la Lucía original, y aunque compartían el nombre, nadie podía siquiera sospechar que se trataba de la misma persona.

Lucía tenía casi doscientos años, aunque seguía aparentando tener una edad indefinida entre los veinticinco y los treinta y cinco años. Jamás se había casado, y había limitado sus relaciones sociales al mínimo indispensable. Trabajaba desde su casa. Para esa época, eso era tan común como las escapadas de fin de semana a la luna. Contrariamente a lo que la gente creía a principios del siglo 21, el fin del mundo no había llegado ni mucho menos. todo lo contrario: La humanidad había avanzado y por algún motivo, había decidido poner un poco de orden al caos...


El trabajo de Luchi tenía que ver con un área que irónicamente, alguna vez había sido el centro de todo, pero que para esa época, estaba casi olvidada: La Internet. En algún momento, la gran red de redes había comenzado a ser dejada de lado, siendo reemplazada paulatinamente por su versión mejorada: La "infovía sináptica". Las terminales de computadora fueron reemplazadas paulatinamente al principio, y luego compulsivamente, por terminales sinápticas, conectadas directamente al tallo cerebral. Al principio, eran aparatos externos, cableados y sin una verdadera integración neurológica. Sin embargo, bastaron un par de años para que los receptores se integraran a la red neural de las personas, y para que la Infovía, se convirtiera en algo presente en todos los rincones del planeta, algo intangible que le daba acceso a la gente a toda el conocimiento de la humanidad de forma instantánea y en cualquier parte. Eso casi marcó el fin de Internet; pero no del todo.

Algunas personas se negaron a formar parte del nuevo fenómeno. Eran mayormente personas mayores, demasiado incómodas con la idea de que un cirujano hurgara en sus cerebros por algo tan estúpido como una conexión con la nueva red de redes, la también llamada "Red Orgánica". Lucía era una de esas personas. Pertenecía a una época en la que la Internet se encontraba en su apogeo. Para ella, esa era la mejor forma de interactuar con el ciberespacio.

Se encargaba de mantener un antiguo portal de noticias, que ya existía el día que ella había nacido. En sus mejores épocas, el portal había empleado a decenas de periodistas, programadores, y diseñadores. Las noticias se actualizaban minuto a minuto, y tenía millones de visitas al mes. Sin embargo para esa época, solo escribían en él dos periodistas, ya próximos a jubilarse, y las noticias se actualizaban a lo sumo una vez al día. Lucía veía como todo lo que conocía, incluso esas cosas que había creído casi tan eternas como ella, llegaban a su fin.

Había escuchado hablar bastante sobre esa revolución tecnológica y social, de la que se había mantenido por completo al margen. Según lo que sabía, la interacción era muy diferente dependiendo del sujeto, pero la mayoría de las personas se veía transportada a un lugar que podía ser comparado con la representación que películas antiguas como Tron o Matrix, hacían del tan nombrado pero por entonces poco conocido Ciberespacio, o Realidad Virtual. En algunos casos la experiencia era la de flotar entre datos y circuitos, y en otros algo más cercana a la de encontrarse en un mundo virtual complejo, muy parecido a la realidad.

Los expertos decían que eso dependía de varios factores, entre ellos el grado de integración de los circuitos con la red sináptica del cerebro del usuario, la antigüedad del dispositivo implantado y hasta la psiquis del sujeto en cuestión. Lucía vivía en un ostracismo casi absoluto, sumida siempre en una completa soledad.

Ian Campbell era un joven científico inglés. Tenía un interés especial en la antigua investigación de la genetista Vanina Sefranti especialmente en su segundo y menos conocido trabajo: su investigación sobre el muchas veces denominado "Gen de la Inmortalidad". Hacía varios años que investigaba sobre el tema; para él, la posibilidad de continuar con el trabajo de aquella famosa científica del siglo 21, resultaba sumamente interesante. Tanto que luego de investigar lo suficiente, decidió ir al lugar en donde la doctora Sefranti había realizado su investigación.

No le costó demasiado averiguar su última dirección conocida, y aunque no tenía demasiadas esperanzas de encontrar aquella casa después de más de cien años, creía que ese sería un buen lugar para empezar. Así que una vez decidido el asunto, sacó un pasaje a Sudamérica y viajó a Buenos Aires; su primera parado en una búsqueda que no sabía muy bien como terminaría.

Continuara...  Parte 2

No hay comentarios: