Julián llegó a la puerta de aquel edificio, casi al mismo tiempo que ella. Era muy hermosa, tanto que aquel joven creyó por un momento que estaba soñando. Dio un paso hacia atrás, cediendole de ese modo el paso a la muchacha. En el vestíbulo, pudo apreciar el modo en el que estaba vestida.
Llevaba un precioso vestido color rojo, largo hasta las rodillas, y zapatos haciendo juego. Su pelo rojizo, era completamente lacio. Parecia una de esas modelos de pasarela. En ese edificio en particular no resultaría extraño, ya que en el piso 10 se encontraba la oficina de aquel diseñador de modas. Julián iba justamente a ese lugar.
Tenía sus propios negocios con él. Asuntos inconclusos de tiempo atrás. Se paró delante del ascensor y presionó el botón para que abra. La chica del vestido rojo, se paró justo al lado de él. Julian la miraba de reojo. Realmente era preciosa. Sus ojos de un azul profundo, destacaban aún más, gracias al color tan blanco de su piel. Tenía los ojos perfectamente delineados, y las cejas cuidadosamente arregladas. Sus labios pintados de un clásico color carmesí, parecían llamar a quien los viera a besarlos. Ella era alta y esbelta, justo como suele elegir "él" a sus modelos, pensó.
La puerta del ascensor se abrió finalmete, y ambos lo abordaron. Julián oprimió el botón del piso 10, y esperó a ver si la joven oprimía otró. No lo hizo. En ese momento, Julián supo que no se había equivocado, y casi lamentó que ella fuera al mismo piso que él.
El ascensor no tardó demasiado en llegar a su destino, la primera en bajar fue ella; detrás suyo lo hizo él. La muchacha caminaba pausadamente, cuidando de hacerlo de la forma más elegante posible. Parecía como si practicara para alguna clase de prueba. "¡Pobre chica!", pensó Julián; "Si supiera que clase de pruebas suele tomar Gustav, saldría corriendo en este preciso momento".
La puerta del ascensor se cerró, en el preciso instante en el que Gustav abría la puerta de su oficina. Julián que estaba parado detrás de la joven vestida de rojo, sacó un revolver de adentro del saco, y apuntó directamente hacia él.
-¡Gustav!- gritó con furia él, con la esperanza de que la chica se asustara y se fuera de allí.- He venido a cobrar mi venganza.- El diseñador permaneció allí parado, inmutable. La joven comenzó a gritar desesperadamente, para luego caer desmayada justo en medio de ellos dos. Gustav lo miró con bastante cinismo, y con una mueca burlona le habló.
- Así que finalmente el pendejo cagón ha encontrado sus huevos... ¿Qué esperás? ¿Qué comience a llorar rogando por mi vida?- Julián caminó dos o tres pasos, asegurándose de ese modo de lograr un buen tiro. El era un principiante, y sabía perfectamente que aún a esa distancia, podía llegar a fallar.
-¡Sos un miserable hijo de puta! No espero nada Gustav, solo que finalmente pagués por lo que le hiciste a mi hermana.- y diciendo eso gatilló el revolver y comenzó a disparar.
Las balas salieron una atrás de la otra e impactaron todas sin excepción en el curepo del diseñador. Julián, se acercó entonces hasta el otro, y se aseguró de que estuviera muerto. Así era; su muerte había sido infinitamente más rápida que la de Paola. El muchacho arrojó entonces el arma completamente descargada al piso, y se sentó contra la pared, con las piernas recogidas y la cabeza apoyada entre ellas.
Pocos minutos después, llegó la policía y se encontró con toda esa escena. Uno de los oficiales se acercó hasta donde estaba el muchacho y le tocó el hombro. Él levantó la cabeza y mirando hacia donde estaban atendiendo a la chica, preguntó si iba a estar bien.
- Si muchacho. No le ha pasado absolutamente nada. Ahora decime que carajo pasó acá...-
Julián miró nuevamente al oficial, y con los ojos llenos de lágrimas le alcanzó una hoja de papel. Parecía una carta.
- Tenía que hacerlo.- dijo aún con las lágrimas cayendo por sus mejillas.- No tuve otra alternativa. Si no lo hubiera hecho esta chica hubiera sido la próxima.- y diciendo eso volteó el rostro para ver con furia el cuerpo sin vida Gustav.
El policía, abrió entonces la hoja doblada en tres partes y comenzó a leer. Era la carta de una chica a su hermano. El Teniente Ibañes, cerró de pronto sus ojos, y una solitaria lágrima comenzó a recorrer su rostro. El último párrafo de la carta fue el más revelador.
"Gustav está siendo cada vez más violento con nostras. Anoche golpeó tanto a Marcela que la mató. No he ido a la policía, porque Gustav la maneja como quiere. El sabe que yo lo he visto hacerlo. Se que lo lógico sería que me vaya. Pero no todavía; debo convencer a las demás de que me acompañen..."
Ibañes volvió a darle a Julián su carta, y luego se alejó dos o tres pasos para revisar el cadaver. El muchacho levantó una vez más la cabeza y le habló.
- En cuanto recibí la carta salí para Buenos Aires, pero llegué demasiado tarde. Al día siguiente, ya había matado a las otras tres. Entre ellas mi hermana.- Hizo una pausa y se limpió un poco la cara- Eso fue hace casi un año. Desde entonces he intentado que tu gente hiciera algo, pero a nadie le importó. Finalmente hice lo único que me quedaba por hacer: lo maté yo mismo. Ese bastardo no podrá lastimar nunca más a ninguna chica.- Ibañes lo miró entonces a la cara con un mezcla de tristeza y lástima.
- Pero ahora irás a la carcel ¿Creés que valió la pena?- Julián levantó la vista y la desvió hacia donde estaba aquella muchacha vestida de rojo.
- Absolutamente. Lo que pase conmigo ahora, no importa. Gustav está muerto: ahora mi hermana y las otras podrás descansar en paz...- Ibañes se alejó entonces un poco, y ordenó a dos de los agentes que lo esposaran y se lo llevaran. Cuando ya se lo estaban llevando habló.
- No lo interroguen sin un abogado presente.- y mirando al joven de refilón agregó.- el pibe, acaba de pedirme uno.- Julián lo miró sin entender nada. Según recordaba él no había pedido tal cosa, pero no dijo nada.
Los agentes se lo llevaron del vestibulo, e Ibañes se acercó entonces a la chica de rojo.
-¿Está bien señorita?- ella asintió entonces.- ¿Cómo se llama usted?-
- Anabela.- y viendo hacia donde estaban los forenses, trabajando sobre el cadaver del diseñador le preguntó.- ¿Qué pasó Oficial? Ese muchacho estaba como loco.- Ibañes miró una vez más hacia el cuerpo de Gustav, y sin volver la vista contestó.
- Creo que ese muchacho, este día, le ha salvado la vida...-
Llevaba un precioso vestido color rojo, largo hasta las rodillas, y zapatos haciendo juego. Su pelo rojizo, era completamente lacio. Parecia una de esas modelos de pasarela. En ese edificio en particular no resultaría extraño, ya que en el piso 10 se encontraba la oficina de aquel diseñador de modas. Julián iba justamente a ese lugar.
Tenía sus propios negocios con él. Asuntos inconclusos de tiempo atrás. Se paró delante del ascensor y presionó el botón para que abra. La chica del vestido rojo, se paró justo al lado de él. Julian la miraba de reojo. Realmente era preciosa. Sus ojos de un azul profundo, destacaban aún más, gracias al color tan blanco de su piel. Tenía los ojos perfectamente delineados, y las cejas cuidadosamente arregladas. Sus labios pintados de un clásico color carmesí, parecían llamar a quien los viera a besarlos. Ella era alta y esbelta, justo como suele elegir "él" a sus modelos, pensó.
La puerta del ascensor se abrió finalmete, y ambos lo abordaron. Julián oprimió el botón del piso 10, y esperó a ver si la joven oprimía otró. No lo hizo. En ese momento, Julián supo que no se había equivocado, y casi lamentó que ella fuera al mismo piso que él.
El ascensor no tardó demasiado en llegar a su destino, la primera en bajar fue ella; detrás suyo lo hizo él. La muchacha caminaba pausadamente, cuidando de hacerlo de la forma más elegante posible. Parecía como si practicara para alguna clase de prueba. "¡Pobre chica!", pensó Julián; "Si supiera que clase de pruebas suele tomar Gustav, saldría corriendo en este preciso momento".
La puerta del ascensor se cerró, en el preciso instante en el que Gustav abría la puerta de su oficina. Julián que estaba parado detrás de la joven vestida de rojo, sacó un revolver de adentro del saco, y apuntó directamente hacia él.
-¡Gustav!- gritó con furia él, con la esperanza de que la chica se asustara y se fuera de allí.- He venido a cobrar mi venganza.- El diseñador permaneció allí parado, inmutable. La joven comenzó a gritar desesperadamente, para luego caer desmayada justo en medio de ellos dos. Gustav lo miró con bastante cinismo, y con una mueca burlona le habló.
- Así que finalmente el pendejo cagón ha encontrado sus huevos... ¿Qué esperás? ¿Qué comience a llorar rogando por mi vida?- Julián caminó dos o tres pasos, asegurándose de ese modo de lograr un buen tiro. El era un principiante, y sabía perfectamente que aún a esa distancia, podía llegar a fallar.
-¡Sos un miserable hijo de puta! No espero nada Gustav, solo que finalmente pagués por lo que le hiciste a mi hermana.- y diciendo eso gatilló el revolver y comenzó a disparar.
Las balas salieron una atrás de la otra e impactaron todas sin excepción en el curepo del diseñador. Julián, se acercó entonces hasta el otro, y se aseguró de que estuviera muerto. Así era; su muerte había sido infinitamente más rápida que la de Paola. El muchacho arrojó entonces el arma completamente descargada al piso, y se sentó contra la pared, con las piernas recogidas y la cabeza apoyada entre ellas.
Pocos minutos después, llegó la policía y se encontró con toda esa escena. Uno de los oficiales se acercó hasta donde estaba el muchacho y le tocó el hombro. Él levantó la cabeza y mirando hacia donde estaban atendiendo a la chica, preguntó si iba a estar bien.
- Si muchacho. No le ha pasado absolutamente nada. Ahora decime que carajo pasó acá...-
Julián miró nuevamente al oficial, y con los ojos llenos de lágrimas le alcanzó una hoja de papel. Parecía una carta.
- Tenía que hacerlo.- dijo aún con las lágrimas cayendo por sus mejillas.- No tuve otra alternativa. Si no lo hubiera hecho esta chica hubiera sido la próxima.- y diciendo eso volteó el rostro para ver con furia el cuerpo sin vida Gustav.
El policía, abrió entonces la hoja doblada en tres partes y comenzó a leer. Era la carta de una chica a su hermano. El Teniente Ibañes, cerró de pronto sus ojos, y una solitaria lágrima comenzó a recorrer su rostro. El último párrafo de la carta fue el más revelador.
"Gustav está siendo cada vez más violento con nostras. Anoche golpeó tanto a Marcela que la mató. No he ido a la policía, porque Gustav la maneja como quiere. El sabe que yo lo he visto hacerlo. Se que lo lógico sería que me vaya. Pero no todavía; debo convencer a las demás de que me acompañen..."
Ibañes volvió a darle a Julián su carta, y luego se alejó dos o tres pasos para revisar el cadaver. El muchacho levantó una vez más la cabeza y le habló.
- En cuanto recibí la carta salí para Buenos Aires, pero llegué demasiado tarde. Al día siguiente, ya había matado a las otras tres. Entre ellas mi hermana.- Hizo una pausa y se limpió un poco la cara- Eso fue hace casi un año. Desde entonces he intentado que tu gente hiciera algo, pero a nadie le importó. Finalmente hice lo único que me quedaba por hacer: lo maté yo mismo. Ese bastardo no podrá lastimar nunca más a ninguna chica.- Ibañes lo miró entonces a la cara con un mezcla de tristeza y lástima.
- Pero ahora irás a la carcel ¿Creés que valió la pena?- Julián levantó la vista y la desvió hacia donde estaba aquella muchacha vestida de rojo.
- Absolutamente. Lo que pase conmigo ahora, no importa. Gustav está muerto: ahora mi hermana y las otras podrás descansar en paz...- Ibañes se alejó entonces un poco, y ordenó a dos de los agentes que lo esposaran y se lo llevaran. Cuando ya se lo estaban llevando habló.
- No lo interroguen sin un abogado presente.- y mirando al joven de refilón agregó.- el pibe, acaba de pedirme uno.- Julián lo miró sin entender nada. Según recordaba él no había pedido tal cosa, pero no dijo nada.
Los agentes se lo llevaron del vestibulo, e Ibañes se acercó entonces a la chica de rojo.
-¿Está bien señorita?- ella asintió entonces.- ¿Cómo se llama usted?-
- Anabela.- y viendo hacia donde estaban los forenses, trabajando sobre el cadaver del diseñador le preguntó.- ¿Qué pasó Oficial? Ese muchacho estaba como loco.- Ibañes miró una vez más hacia el cuerpo de Gustav, y sin volver la vista contestó.
- Creo que ese muchacho, este día, le ha salvado la vida...-

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