Sergio tomó entre sus manos aquel manuscrito, como si fuera la cosa más frágil de este mundo. Pasaba sus hojas descoloridas e incluso a veces ajadas, con una pinza plástica. Parecía que estaba poniendo todo su esfuerzo para no cometer ningún error.
Era un ejemplar muy raro. Tenía tal vez unos mil años de antigüedad. Estaba escrito a mano, por el puño del escritor que en los últimos años, habían empezado a señalar como el autor más probable de las famosas Glosas Emilianeses, la muestra más antigua de lo que hoy conocemos como castellano o español.
Ese manuscrito en particular, había sido fechado aproximadamente unos quince años antes que las Glosas. Era un ejemplar único; totalmente escrito a mano, y finamente decorado.
Sergio era curador de la universidad de Salamanca. El era mexicano, pero hacía más de veinte años que vivía en España. Se especializaba en el estudio de libros antiguos y otros objetos de esa índole. De hecho era muy bueno en lo que hacía. Tanto que se lo solía nombrar como una de las cuatro o cinco eminencias dentro su campo. Le habían encomendado una tarea: certificar la veracidad de aquel manuscrito.
Le habían dicho que solo quedaba dos en el mundo, pero que nadie conocía el paradero del otro. Eso convertía al que tenía él entre sus manos en algo único, y aún más valioso de lo que ya de por si era. La datación de carbono, lo situaba en el período correcto, pero aún faltaba el informe del grafólogo, que determinaría si ese manuscrito había sido escrito o no por la misma persona, que las notas más famoso de la lengua castellana.
Siguió trabajando hasta entrada la noche, y para las doce, decidió cortar por aquel día. Sabía que a la mañana siguiente tendría el informe del grafólogo. Esperaba que aquel, develara el misterio y pudiera finalmente terminar un trabajo que ya le había llevado más de dos años. Ansiaba poder empezar con su propio proyecto, la certificación de un antiguo escrito maya.
Al día siguiente, Sergio se levantó como todos los días, desayunó, y se dirigió a la universidad. El informe llegó poco después que él. Barrentos había sacado conclusiones increíbles. El texto era de la misma persona que había escrito el poema, pero además pudo determinar cosas como la edad, e incluso el sexo del escritor. Para la sorpresa de Sergio, Barrentos concluyó que había sido escrito por una mujer de no más de 20 años.
Por supuesto que aquellas conclusiones podían ser erróneas, pero él personalmente no lo creía. Podrían pedir otro análisis, pero a su entender, el resultado sería bastante parecido al que acababa de dar Barrentos. La razón por la cual estaba tan seguro resultaba bastante simple: que su autor fuera una mujer, explicaba muchas cosas...
Sergio leyó una vez más lo que estaba escrito en las primeras tres carillas y sonrió. Lo divertía el contenido del documento. Era como si el destino quisiera jugarle una mala pasada a los eruditos más importantes. Porque el escrito más antiguo de la lengua castellana, no era otra cosa que una lista de víveres... Cuando su informe final se conociera, provocaría un enorme revuelo dentro del ambiente literario mundial.
Después de todo -pensó Sergio-, había cosas para las que ciertas personas, no estaban preparadas. Desde su punto de vista, habría sido mejor que las Glosas Emilianeses, hubieran conservado su "lugar", en la historia de la lengua castellana...
Era un ejemplar muy raro. Tenía tal vez unos mil años de antigüedad. Estaba escrito a mano, por el puño del escritor que en los últimos años, habían empezado a señalar como el autor más probable de las famosas Glosas Emilianeses, la muestra más antigua de lo que hoy conocemos como castellano o español.
Ese manuscrito en particular, había sido fechado aproximadamente unos quince años antes que las Glosas. Era un ejemplar único; totalmente escrito a mano, y finamente decorado.
Sergio era curador de la universidad de Salamanca. El era mexicano, pero hacía más de veinte años que vivía en España. Se especializaba en el estudio de libros antiguos y otros objetos de esa índole. De hecho era muy bueno en lo que hacía. Tanto que se lo solía nombrar como una de las cuatro o cinco eminencias dentro su campo. Le habían encomendado una tarea: certificar la veracidad de aquel manuscrito.
Le habían dicho que solo quedaba dos en el mundo, pero que nadie conocía el paradero del otro. Eso convertía al que tenía él entre sus manos en algo único, y aún más valioso de lo que ya de por si era. La datación de carbono, lo situaba en el período correcto, pero aún faltaba el informe del grafólogo, que determinaría si ese manuscrito había sido escrito o no por la misma persona, que las notas más famoso de la lengua castellana.
Siguió trabajando hasta entrada la noche, y para las doce, decidió cortar por aquel día. Sabía que a la mañana siguiente tendría el informe del grafólogo. Esperaba que aquel, develara el misterio y pudiera finalmente terminar un trabajo que ya le había llevado más de dos años. Ansiaba poder empezar con su propio proyecto, la certificación de un antiguo escrito maya.
Al día siguiente, Sergio se levantó como todos los días, desayunó, y se dirigió a la universidad. El informe llegó poco después que él. Barrentos había sacado conclusiones increíbles. El texto era de la misma persona que había escrito el poema, pero además pudo determinar cosas como la edad, e incluso el sexo del escritor. Para la sorpresa de Sergio, Barrentos concluyó que había sido escrito por una mujer de no más de 20 años.
Por supuesto que aquellas conclusiones podían ser erróneas, pero él personalmente no lo creía. Podrían pedir otro análisis, pero a su entender, el resultado sería bastante parecido al que acababa de dar Barrentos. La razón por la cual estaba tan seguro resultaba bastante simple: que su autor fuera una mujer, explicaba muchas cosas...
Sergio leyó una vez más lo que estaba escrito en las primeras tres carillas y sonrió. Lo divertía el contenido del documento. Era como si el destino quisiera jugarle una mala pasada a los eruditos más importantes. Porque el escrito más antiguo de la lengua castellana, no era otra cosa que una lista de víveres... Cuando su informe final se conociera, provocaría un enorme revuelo dentro del ambiente literario mundial.
Después de todo -pensó Sergio-, había cosas para las que ciertas personas, no estaban preparadas. Desde su punto de vista, habría sido mejor que las Glosas Emilianeses, hubieran conservado su "lugar", en la historia de la lengua castellana...

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