jueves, 12 de marzo de 2009

En un vaso de Wisky (parte 1)

La noche transcurría silenciosa y misteriosa. Dando lugar a la aparición de aquellos seres mitológicos que suelen poblar las mentes de las personas durante aquellas horas. Mateo no lograba pegar un ojo. En su mano derecha, tenía un vaso de wisky, el cual agitaba lentamente antes y después de cada sorbo. Tenía demasiadas cosas en que pensar. Observaba la oscuridad de aquella noche sin estrellas, maravillado ante la gran cantidad de cosas que suceden mientras la mayoría duerme.
- Dame otro...- le dijo sin ninguna clase de emoción en la voz, al criado que atendía a su familia desde hacía casi quince años.
-¿Está seguro señor que quiere seguir bebiendo?- Su amo lo miró sin expresividad de ningún tipo en sus ojos, y le contestó.
- Eso a ti no debe importarte. Se que tienes las mejores intenciones, pero esta noche beberé hasta desfallecer.-
Selgar, hizo un gesto de aceptación, y luego de servirle el trago, se alejó prudentemente unos cuantos pasos, hasta el otro lado de la habitación y se entretuvo observando los cuatro dedos de su verde mano. El era un zerfatha, hacía siglos que su pueblo se había cruzado con los humanos.
Los zerfathas, eran un pueblo pacífico cuyo mundo había sido colonizado por los Terrícolas. Ellos lejos de intentar echar al invasor por medio de la acción bélica, decidieron recibirlos y ofrecerles lo mejor de su hospitalidad. Con los años, su pueblo se hizo famoso en toda la galaxia, por ser considerados los mejores sirvientes, mucamos y mayordomos. Su dedicación era absoluta, y su carácter en todo momento calmado.
Mateo vivía en Plutón, era parte de aquel selecto grupo de humanos que aún vivían en el vecindario de la desaparecida Tierra, la cuna de toda su raza. Su vida había sido siempre bastante sencilla, pero a la vez solitaria.
Agitaba su vaso y observaba el fondo, como si pudiera ver alguna suerte de imagen en la superficie del trago. Su vista comenzó entonces a nublarse, y su percepción del universo a trastocarse. Lentamente comenzaba a sentir que su cuerpo flotaba; y de repente ya no sintió nada en lo absoluto. Solo veía lo que sucedía ante sus ojos, como si se tratara de alguna clase de filmación. Su mente se encontraba muy lejos de su cuerpo, perdida dentro de un vaso de wisky.
Ese solía ser el efecto que la malta Akroniana producía en los humanos, pero el estaba completamente consciente de aquello. Estaba viajando hacia el sitio exacto al que quería ir: las profundidades de su mente.

Selgar notó como lentamente su amo parecía perderse entre la bruma de los recuerdos, y entendió que había traspasado la última barrera. No había garantía de que pudiese regresar. Pero a diferencia de otros humanos que había conocido en su larga vida, el amo Mateo había logrado regresar cinco veces de aquel letargo. Aunque jamás lo había visto beber como aquella noche.
Tomó entonces el vaso de cristal que estaba a punto de caérsele de las manos, y lo apoyó sobre la mesita de luz. Mateo seguía sumido en el más profundo de los trances que un humano podía experimentar. Un estado muy cercano a lo que los antiguos denominaban Nirvana. Un estado de la consciencia donde todo resultaba relativo.

Continuará... parte 2

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