domingo, 22 de marzo de 2009

Lucía (parte 1)

Lucía nació un día como cualquier otro. Aquel día su padre estaba trabajando, y tuvo que dejarlo todo para buscar a su esposa que estaba comenzando a tener las contracciones. Rápidamente llegó a su casa, cargó los bolsos que ambos habían preparado unos días antes, y salió hacia el hospital a toda velocidad. Roberto conducía como si lo estuviera persiguiendo un demonio, mientras que Ana, intentaba calmarse para no acelerar el parto. Ambos estaban felices; era su primera hija.
Ese había sido un tema de discusión durante el embarazo. Ella no quería saber el sexo de su bebé, pero Roberto, siendo un tanto más pragmático, consideraba que sería bueno para poder comprar solo ropita del color correcto, y pintar la habitación que le estaban preparando de azul o rosa, según correspondiera. Fue “el” tema, durante casi tres meses, hasta que una mañana del séptimo mes, ella cambió de opinión. Al día siguiente, estaban los dos delante de su obstetra, pidiéndole que les dijera si sería una nena o un barón. La doctora, sonría algo divertida…
Ana y Roberto llegaron al hospital y entraron por la puerta de la guardia. En el hall los esperaba la doctora Stevens, su obstetra.
- Quédense tranquilos que tenemos tiempo.- dijo observando directo a los ojos a la joven futura mama.- Carla, encargate de acompañar a la señora Sefranti a que se prepare.- dijo a una de las enfermeras. Carla, se acercó a Ana, y le pidió que fuera con ella. Roberto, se quedó allí solo, sin saber muy bien que hacer.

El parto no tuvo ningún sobresalto, y la pequeña Lucía parecía ser una beba completamente normal. Roberto estuvo en todo momento al lado de Ana, sosteniéndole la mano y dándole las fuerzas que necesitaba. El parto duró más de una hora. Al final, ella estaba exhausta...

La llamaron Lucía como a la prima de Ana que tanto los había ayudado siempre. Los días pasaron, y ya de regreso en su hogar, sus vidas transcurrieron como las de cualquier otra pareja de papás primerizos. Así fue durante casi un año, momento en el cual se percataron de que sucedía algo muy extraño con ella.
La llevaban constantemente al pediatra. El doctor media su altura, su peso, y observaba su desarrollo en forma general. Desde el primer día, había gozado de una salud inmejorable, pero había algo que preocupaba a sus padres: en los últimos meses, la pequeña parecía no crecer. Los médicos les decían que no se preocuparan, que cada chico era un mundo en si mismo, pero tanto Roberto como Ana, no podían hacer de cuenta que no notaban nada raro. En tres meses, no había crecido ni siquiera un milímetro...

Pasaron tres años más, para ese momento ambos se habían acostumbrado a la extraña condición de Lucía. No era la única en el mundo con esa condición, pero sobraban los dedos de las manos para llevar la cuenta. Ella se veía y actuaba como una beba de no más de ocho o diez meses. Sabía decir algunas palabras sueltas, y se hacía entender perfectamente, pero no mucho más.
Para ese momento los doctores habían entendido que ocurría algo muy extraño con su paciente, pero no tenía ni siquiera una idea aproximada. Fue Ana, quien buscando en Internet, logró encontrar referencias a otro caso como el de su hija en Estados Unidos. Allí los médicos no sabían mucho más, pero al menos tenía una o dos teorías.
Una de las teorías contemplaba la posibilidad de que sus células no asimilaran correctamente la hormona de crecimiento que nuestro organismo produce. Por ende habían probado un par de tratamientos en los cuales le inyectaron a la paciente, distintas clases de hormonas de crecimiento.
Cada médico tenía una propuesta diferente, así que no era de extrañarse, que los médicos locales no supieran que hacer. Ana recopiló todo aquello que le pareció relevante, y se presentó un día junto a su esposo, en el consultorio del doctor Lorenzetti.
Marcelo Lorenzetti, estudiaba el caso de Lucía desde hacía tres años. El había sido el primer doctor en creer que los padres de la beba estaban en lo cierto. Aquella no era la primera vez que la señora Sefranti llegaba a su consulta con una investigación tan detallada... El pediatra tomó la gruesa carpeta con las dos manos y comenzó a ojearla. La mayor parte del material era muy interesante, y había cosas que increíblemente, él jamás había escuchado en el ambiente médico. Prometió que leería todas y cada una de aquellas páginas, y que en unos días le daría una respuesta. El rostro de Ana se iluminó al escucharlo. El siempre atendía sus pedidos, incluso si pensaba que estaba equivocada. Era por esa razón que tanto ella como Roberto lo habían elegido como el pediatra de su hija.
Quince días después, Lucía recibía la primera de una serie de inyecciones que le aplicarían a razón de una al mes, durante los siguientes veinte meses. Era una solución compuesta de una clase muy particular de hormonas de crecimiento y un suero prepaparado entre otras cosas, con células de cordón umbilical. Todos pusieron sus esperanzas en aquel tratamiento pero solo el tiempo mostraría los resultados...

Continuara... parte 2

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