Viene de la parte 1
En su mente sucedían muchas cosas a la vez. Mateo se veía a si mismo caminando por un largo sendero que no parecía tener fin. Representaba la línea de su vida, un camino lleno de desvíos y salidas que estaba transitando a contramano. El conocía bastante bien aquel lugar; no era la primera vez que lo transitaba…
La patrulla de reconocimiento se estaba acercando a la órbita del gélido planeta. Mark Sullivan comandaba aquella nave. Tenían orden de arrestar al señor Mateo Sauvier. El planeta estaba poblado por unas diez mil personas. Su economía se basaba en la explotación del principal recurso de Plutón: El Hielo. Sauvier vivía en la zona menos poblada del planeta, y era considerado el mayor comerciante del Sistema Solar. Sus tierras ocupaban la quinta parte del planeta, además de poseer la cuarta parte de Caronte, el planeta hermano de Plutón.
Sullivan ordenó descender en el pequeño planeta justo frente a la cúpula del casco de la estancia de Sauvier. Casi de inmediato, distinguieron la verde figura de un criado Zerfatha. El sirviente, se acercó hasta el puerto de acople, y esperó a que la nave se enganchara, e igualara la presión. Pronto pudo observar cuatro figuras humanos, que con paso seguro, se dirigieron hasta la puerta.
- Buenos días señores. ¿Se les ofrece algo?- uno de ellos, el que parecía alguna clase de líder, le habló.
- Soy el Comisario Mark Sullivan, de la policía Galáctica. Tenemos una orden de arresto contra el señor Mateo Sauvier.- Selgar los miró sin poderlo creer.
-¿Una orden de arresto contra el amo Mateo? No puede ser, debe haber alguna clase de error.- Sullivan movió su cabeza negativamente.
- Ningún error señor. Debemos apresarlo de inmediato.- Selgar no sabía que decirles, él tenía muy claro que en ese momento, no era conveniente molestar al amo.
Sin mediar ninguna palabra más, el Criado abrió la puerta y los dejó pasar. Sullivan indicó al resto que lo esperaran en la antesala, y que los llamaría si hacía falta. Selgar agradeció silenciosamente aquella gentileza. Mark Sullivan fue conducido por una serie de pasillos hasta lo que parecía una antigua biblioteca con libros en papel. En el centro de la habitación, había un costosísimo sillón de un cuerpo y una mesita de caoba haciendo juego. En la silla estaba durmiendo Sauvier, y delante de él había una botella de Wisky casi vacía.
El comisario se acercó con gran decisión hasta donde estaba Mateo Sauvier, y con firmeza, sacudió levemente el cuerpo del estanciero para que despertara, pero este no reaccionó. Fue en ese momento que leyó la etiqueta de la botella delante de él, y se dio cuenta de lo que pasaba.
-¿Sabía que lo veníamos a buscar no? Fue por eso que cometió esta locura…-
- No lo sé comisario, y no es la primera vez que entra en esta clase de trance. Ya ha logrado ir y volver cinco veces…- Sullivan se sorprendió enormemente al escuchar las palabras del zerfatha.
-¿Acaso eso es cierto?- Selgar le respondió con algo de orgullo.
- Oh, si señor. Yo he velado por él cada vez que ha emprendido uno de esos viajes.-
- Pues no puedo moverlo en este estado; lo mataría. Tendré que esperar que despierte. Por cierto: ¿Cuánto puede llegar a tardar en despertar?-
- La última vez estuvo casi veinte días explorando su propia mente.-
- ¿Veinte?- se preguntaba que haría allí durante tanto tiempo. No lo sabía, pero de algo estaba seguro: no se iría de allí sin arrestar a Sauvier.
El problema era que su crimen, según la ley, caducaba en veintiún días. Si no despertaba para ese momento, su viaje habría sido para nada. Mark Sullivan saludó cortésmente a Selgar, y salió de la casa.
En su mente sucedían muchas cosas a la vez. Mateo se veía a si mismo caminando por un largo sendero que no parecía tener fin. Representaba la línea de su vida, un camino lleno de desvíos y salidas que estaba transitando a contramano. El conocía bastante bien aquel lugar; no era la primera vez que lo transitaba…
La patrulla de reconocimiento se estaba acercando a la órbita del gélido planeta. Mark Sullivan comandaba aquella nave. Tenían orden de arrestar al señor Mateo Sauvier. El planeta estaba poblado por unas diez mil personas. Su economía se basaba en la explotación del principal recurso de Plutón: El Hielo. Sauvier vivía en la zona menos poblada del planeta, y era considerado el mayor comerciante del Sistema Solar. Sus tierras ocupaban la quinta parte del planeta, además de poseer la cuarta parte de Caronte, el planeta hermano de Plutón.
Sullivan ordenó descender en el pequeño planeta justo frente a la cúpula del casco de la estancia de Sauvier. Casi de inmediato, distinguieron la verde figura de un criado Zerfatha. El sirviente, se acercó hasta el puerto de acople, y esperó a que la nave se enganchara, e igualara la presión. Pronto pudo observar cuatro figuras humanos, que con paso seguro, se dirigieron hasta la puerta.
- Buenos días señores. ¿Se les ofrece algo?- uno de ellos, el que parecía alguna clase de líder, le habló.
- Soy el Comisario Mark Sullivan, de la policía Galáctica. Tenemos una orden de arresto contra el señor Mateo Sauvier.- Selgar los miró sin poderlo creer.
-¿Una orden de arresto contra el amo Mateo? No puede ser, debe haber alguna clase de error.- Sullivan movió su cabeza negativamente.
- Ningún error señor. Debemos apresarlo de inmediato.- Selgar no sabía que decirles, él tenía muy claro que en ese momento, no era conveniente molestar al amo.
Sin mediar ninguna palabra más, el Criado abrió la puerta y los dejó pasar. Sullivan indicó al resto que lo esperaran en la antesala, y que los llamaría si hacía falta. Selgar agradeció silenciosamente aquella gentileza. Mark Sullivan fue conducido por una serie de pasillos hasta lo que parecía una antigua biblioteca con libros en papel. En el centro de la habitación, había un costosísimo sillón de un cuerpo y una mesita de caoba haciendo juego. En la silla estaba durmiendo Sauvier, y delante de él había una botella de Wisky casi vacía.
El comisario se acercó con gran decisión hasta donde estaba Mateo Sauvier, y con firmeza, sacudió levemente el cuerpo del estanciero para que despertara, pero este no reaccionó. Fue en ese momento que leyó la etiqueta de la botella delante de él, y se dio cuenta de lo que pasaba.
-¿Sabía que lo veníamos a buscar no? Fue por eso que cometió esta locura…-
- No lo sé comisario, y no es la primera vez que entra en esta clase de trance. Ya ha logrado ir y volver cinco veces…- Sullivan se sorprendió enormemente al escuchar las palabras del zerfatha.
-¿Acaso eso es cierto?- Selgar le respondió con algo de orgullo.
- Oh, si señor. Yo he velado por él cada vez que ha emprendido uno de esos viajes.-
- Pues no puedo moverlo en este estado; lo mataría. Tendré que esperar que despierte. Por cierto: ¿Cuánto puede llegar a tardar en despertar?-
- La última vez estuvo casi veinte días explorando su propia mente.-
- ¿Veinte?- se preguntaba que haría allí durante tanto tiempo. No lo sabía, pero de algo estaba seguro: no se iría de allí sin arrestar a Sauvier.
El problema era que su crimen, según la ley, caducaba en veintiún días. Si no despertaba para ese momento, su viaje habría sido para nada. Mark Sullivan saludó cortésmente a Selgar, y salió de la casa.
-¿Qué pasó Comisario? Preguntó uno de sus agentes.- él lo miró totalmente desconcertado.
- Tomó Wisky Akroniano. Debemos esperar a que despierte…- Sullivan de repente se quedó muy callado. Tanto que sus subordinados comenzaron a preguntarse que pasaba. Pero luego de esa pausa, dijo una frase que extrañó aún más a su gente-…Si es que despierta…-
Sullivan dejó pasar al último de sus hombres, y cerró la puerta de la nave tras de sí. En ese momento se resignó a tomar aquel forzoso descanso en un sitio tan inhóspito e inclemente como lo era Plutón.
El siempre lo había dicho: Los Solares, estaban todos locos.

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