martes, 24 de marzo de 2009

Lucía (parte 2)

viene de la parte 1

Así, pasaron casi veinticinco años desde aquel día en el que Lucía había nacido, pero ella seguía siendo una beba. Su caso clínico era un emblema dentro de la comunidad médica del planeta. En ese lapso habían aparecido (antes y después) pacientes con patologías similares, pero su caso era único por una razón: a diferencia de los demás niños con este mal, la salud de Lucía era más que excelente. Tanto como para decir que jamás había sufrido ni siquiera un resfrío. Los médicos estaban fascinados, aunque Marcelo Lorenzetti (que seguía atendiendo a Lucía), se había encargado de mantener el anonimato sobre el paradero de la pequeña.
Durante esos años habían probado infinidad de tratamientos; algunos muy extraños por cierto. Sus padres estaban dispuestos a probarlo todo, siempre y cuando no fuera peligroso para ella.
En esos años, Ana y Roberto, habían pensado en tener otro hijo; pero el temor a que le ocurriese lo mismo que a "Luchi", los hcía siempre desistir. Finalmente, casi diez años después del nacimiento de su primera hija, Los Sefranti adoptaron una pequeña nena de un año y medio, a la que llamaron Vanina.
Era una niña bastante compradora, y más que encantadora. Su caracter era muy tranquilo, y siempre tenía una sonrisa en su rostro. Solía mirar a su pequeña hermana mayor, y se preguntaba en que pensaría. Le encantaba jugar con Lucía, y aunque con los años creció como es natural para casi todos los seres humanos, nunca dejo de prestarle atención a su hermana. Ella había sabido desde siempre que era adoptada, y eso no le molestaba. Ella era una Sefranti, y nadie podría decirle jamás lo contrario. Los cuatro intentaban vivir su vida del modo más simple posible.

Vanina siguió creciendo, y el tiempo siguió transcurriendo. Lucía seguía imperturbable ante su paso, y su hermana menor ya había cumplido veinticinco años. Vanina había estudiado medicina, y sus tesis había sido justamente sobre su hermana. Quería lograr lo que ninguno de los doctores había podido en treinta y cinco años: ayudar a Luchi a crecer.
Para esa época, la cantidad de casos documentados, similares al de su hermana, casi se habían triplicado, aunque seguían siendo muy pocos como para que alguien se interesara realmente en descubrir una cura. Vanina había observado durante sus investigaciones, que el caso de su hermana era único en varios aspectos. Para empezar, ella no había tenido jamás una enfermedad, ni siquiera algo de fiebre. En contraste, todos los demás bebes con esa afección, solían ser bastante enfermizos, e incluso eran suceptibles a tumores y otras clases de enfermedades degenerativas.
Le llevó otra década, pero finalmente descubrió una diferencia clave entre Lucía y los demás. Era algo tan imperceptible, que tuvieron que transcurrir casi cuarenta y cinco años para que la genética avanzara lo suficiente como para poder notarlo. Hacía casi doce años (desde el inicio de su tesis doctoral), que Vanina Sefranti trabajaba para descubrir ese detalle clave que ayudaría a su hermana y a todos aquellos en su misma situación.
Lo que descubrió, fue que si comparaban su mapa genético con uno normal, había un diminuto gen, que a principios del siglo XXI creían inútil, que no producía ninguna clase de actividad. Ese gen controlaba la absorción de las diferentes hormonas de crecimiento, y por ende controlaba el desarrollo desde el nacimiento hasta la adultez. En el caso de Lucía, simplementa estaba apagado. Como resultado su cuerpo permanecía siempre inalterable. Su investigación había determinado, que si lograban activar ese en particular, Luchi comenzaría a crecer, al menos hasta alcanzar la adultez... Eso era lo que creía a partir de su segundo descubrimiento, otro gen, de los llamados "residuales", cuya función no habían logrado determinar, pero que directamente estaba ausente en el mapa genético de ella. Vanina creía que ese gen controlaba el envejecimiento celular; no por si solo, pero si interactuando con otro grupo de genes. Ella creía que Lucía crecería y se convertiría en toda una mujer, pero no envejecería, o cuanto mucho, lo haría a un ritmo demasiado lento.
No le tomó más de un año, encontrar el modo de activar el gen "Luchi" (como su descubridora insistió en llamarlo). El resultado fue que finalmente sus padres pudieron ver como su pequeña Lucía comenzó a crecer. El tratamiento sirvió además para los demás afectados, que para esa época eran unos treinta casos documentados, de los que aún sobrevían veinte. Nadie sabía el origen de aquella falla genética, y mucho menos, porque de todos ellos, Lucía era la única a la que le faltaba el gen al que todos habían comenzado a llamar el "Gen de la Inmortalidad". Vanina recibió decenas de premios por sus descubrimientos, que además sirvieron para crear tratamientos para todos aquellos niños con problemas de desarrollo; pero ella era feliz, tan solo por un motivo: finalmente vería crecer a su hermana mayor...

Continuara... parte 3

2 comentarios:

Daiana Aden dijo...

Ahora que me llegan al mail voy a empezar a leerlos, estan buenos ademas me hacen trabajar la imaginacion, aunque es mas divertido sentarse y que me los cuentes vos, te quiero mucho aunque no parezca, ya que estoy te lo digo o no ?? jaja besos saludos

Martin de Souza dijo...

jajajaj mira a quien encontreee! que haces lokita, que es de tu vida? che day cuando quieras escribime o agregame que charlamos, hace mil años que no entro mas a arnet. besos, Martin