1
Las patrullas del "Nuevo Orden Mundial", estaban conformadas por vetustas camionetas Ford y Chevrolet, bastante antiguas y deterioradas. Su misión era la de mantener a raya los ánimos de los habitantes de la Tierra. En todo el mundo, se podían ver por las noches a sus temibles miembros, sembrando el temor entre los niños y los adultos.
A todos efectos, estaba prohibido salir por las noches de las casas. Dicha restricción era tan extrema, que el solo hecho de encontrarse en la calle, significaba la perdida de todas las garantías civiles, y habilitaba a las patrullas a "tirar a matar". Sin embargo siempre había gente dispuesta a transgredir las reglas, y Marcelo Deal, era uno de ellos.
Marcelo era un muchacho de unos veintidós años, proveniente de una familia de ideología progresista, que había repudiado la instauración del "Nuevo Orden", desde el primer día. Lo habían criado bajo la premisa de que el llamado "Nuevo Orden Mundial", era algo que debía ser combatido por todos los medios. Y fue así que Marcelo fue creciendo y en cierto momento se unió a la Resistencia. Una facción totalmente heterogénea, conformada por jóvenes, adultos e incluso familias completas, que buscaban un lugar donde vivir lejos del yugo despótico del gobierno.
Pertenecía a uno de los grupos, que formaban parte de la resistencia. En la jerga les decían "Manadas", estaban formadas por chicos, jóvenes, adultos y ancianos. Familias enteras en muchos casos, que buscaban un mejor modo de vivir. Su Manada estaba vagando desde hacía un par de semanas. Habían oído hablar de una casona vieja, que las patrullas por algún motivo desconocido, no habían requisado aún. Sus contactos con otros grupos, les dieron información sobre el lugar. Según lo que les dijeron, si bien la casa era bastante extraña -y allí solían pasar algunas cosas inexplicables-, era justamente esa la razón por la cual las patrullas, no se animaban a entrar...
Estaba ubicada justo en el centro de la zona de su mayor actividad. El grupo no iba a pasar precisamente sin hacerse notar. Sin embargo, se les estaban acabando las opciones, y según lo que habían escuchado, aquel lugar era su mejor opción.
En las últimas semanas, Marcelo se había constituido tácitamente, en el líder de la manada. La muerte de su antiguo guía los había dejado casi a la deriva, hasta que Marcelo comenzó a infundirles ánimos. Todos ellos confiaban plenamente en él, a tal punto que estaban dispuestos a aventurarse al corazón mismo de la zona más vigilada de la ciudad, para intentar tomar aquella casa.
El sabía que no les podía pedir que lo acompañaran en aquella empresa, pero no hizo falta, ya que todos estuvieron dispuestos a hacerlo.
La operación había sido muy difícil; dejando como saldo de la avanzada unos cuantos heridos, pero por suerte ninguna muerte que lamentar. Finalmente estaban delante de aquella casona. Desde allí no parecía tan imponente como habían esperado; pero por algún motivo -al menos en un principio-,los integrantes de las patrullas no se acercaban a ellos.
Marcelo observó la fachada de aquella casa. La enorme puerta de madera, estaba abierta de par en par, y las luces estaban encendidas. Habían pasado demasiados peligros para llegar a ese sitio, así que no lo pensaron demasiado y entraron. Fue en ese preciso momento, que quienes los perseguían parecieron salir de su letargo, y comenzaron a correr hacia la casa.
Don Vicente, fue el último en entrar. El era un hombre muy corpulento, con una fuerza descomunal. Un vez que cerraron aquella puerta, él comenzó a empujar un enorme mueble de madera maciza, con la idea de trancarla.
Marcelo miró entonces a su alrededor, y notó que la mayoría de las ventanas estaban abiertas de par en par, así que indicó a algunos que lo acompañaran, en una recorrida por aquel lugar. El objetivo era cerrar todas las ventanas, puertas, e incluso ductos que condujeran al exterior.
Así fueron recorriendo el corredor principal. Al final del mismo, se encontraba lo que parecía una cocina. Estaba por cierto en un estado de conservación deplorable. La puerta metálica de doble hoja, que daba acceso al enorme parque que rodeaba aquella casa, se encontraba abierta, y su cerradura estaba completamente oxidada y endurecida. Los intentos que hicieron por girar aquella llave fueron totalmente inútiles: La cerradura no servía. Debían encontrar otro modo de cerrar el portón...
Continuara parte 2...
Las patrullas del "Nuevo Orden Mundial", estaban conformadas por vetustas camionetas Ford y Chevrolet, bastante antiguas y deterioradas. Su misión era la de mantener a raya los ánimos de los habitantes de la Tierra. En todo el mundo, se podían ver por las noches a sus temibles miembros, sembrando el temor entre los niños y los adultos.
A todos efectos, estaba prohibido salir por las noches de las casas. Dicha restricción era tan extrema, que el solo hecho de encontrarse en la calle, significaba la perdida de todas las garantías civiles, y habilitaba a las patrullas a "tirar a matar". Sin embargo siempre había gente dispuesta a transgredir las reglas, y Marcelo Deal, era uno de ellos.
Marcelo era un muchacho de unos veintidós años, proveniente de una familia de ideología progresista, que había repudiado la instauración del "Nuevo Orden", desde el primer día. Lo habían criado bajo la premisa de que el llamado "Nuevo Orden Mundial", era algo que debía ser combatido por todos los medios. Y fue así que Marcelo fue creciendo y en cierto momento se unió a la Resistencia. Una facción totalmente heterogénea, conformada por jóvenes, adultos e incluso familias completas, que buscaban un lugar donde vivir lejos del yugo despótico del gobierno.
Pertenecía a uno de los grupos, que formaban parte de la resistencia. En la jerga les decían "Manadas", estaban formadas por chicos, jóvenes, adultos y ancianos. Familias enteras en muchos casos, que buscaban un mejor modo de vivir. Su Manada estaba vagando desde hacía un par de semanas. Habían oído hablar de una casona vieja, que las patrullas por algún motivo desconocido, no habían requisado aún. Sus contactos con otros grupos, les dieron información sobre el lugar. Según lo que les dijeron, si bien la casa era bastante extraña -y allí solían pasar algunas cosas inexplicables-, era justamente esa la razón por la cual las patrullas, no se animaban a entrar...
Estaba ubicada justo en el centro de la zona de su mayor actividad. El grupo no iba a pasar precisamente sin hacerse notar. Sin embargo, se les estaban acabando las opciones, y según lo que habían escuchado, aquel lugar era su mejor opción.
En las últimas semanas, Marcelo se había constituido tácitamente, en el líder de la manada. La muerte de su antiguo guía los había dejado casi a la deriva, hasta que Marcelo comenzó a infundirles ánimos. Todos ellos confiaban plenamente en él, a tal punto que estaban dispuestos a aventurarse al corazón mismo de la zona más vigilada de la ciudad, para intentar tomar aquella casa.
El sabía que no les podía pedir que lo acompañaran en aquella empresa, pero no hizo falta, ya que todos estuvieron dispuestos a hacerlo.
La operación había sido muy difícil; dejando como saldo de la avanzada unos cuantos heridos, pero por suerte ninguna muerte que lamentar. Finalmente estaban delante de aquella casona. Desde allí no parecía tan imponente como habían esperado; pero por algún motivo -al menos en un principio-,los integrantes de las patrullas no se acercaban a ellos.
Marcelo observó la fachada de aquella casa. La enorme puerta de madera, estaba abierta de par en par, y las luces estaban encendidas. Habían pasado demasiados peligros para llegar a ese sitio, así que no lo pensaron demasiado y entraron. Fue en ese preciso momento, que quienes los perseguían parecieron salir de su letargo, y comenzaron a correr hacia la casa.
Don Vicente, fue el último en entrar. El era un hombre muy corpulento, con una fuerza descomunal. Un vez que cerraron aquella puerta, él comenzó a empujar un enorme mueble de madera maciza, con la idea de trancarla.
Marcelo miró entonces a su alrededor, y notó que la mayoría de las ventanas estaban abiertas de par en par, así que indicó a algunos que lo acompañaran, en una recorrida por aquel lugar. El objetivo era cerrar todas las ventanas, puertas, e incluso ductos que condujeran al exterior.
Así fueron recorriendo el corredor principal. Al final del mismo, se encontraba lo que parecía una cocina. Estaba por cierto en un estado de conservación deplorable. La puerta metálica de doble hoja, que daba acceso al enorme parque que rodeaba aquella casa, se encontraba abierta, y su cerradura estaba completamente oxidada y endurecida. Los intentos que hicieron por girar aquella llave fueron totalmente inútiles: La cerradura no servía. Debían encontrar otro modo de cerrar el portón...
Continuara parte 2...

No hay comentarios:
Publicar un comentario