Vine de parte 2
3
El "3P", se parecía más a un centro comercial que a otra cosa. Frente a él tenía lo que parecía la sucursal de un banco, con cajero y todo; un hall central llenó de pequeños stands de bijouterie, y otros artículos de lo más variados. Incluso allí había un salón de conferencias. Pero encontró algo, que incluso en un sitio tan extraño como ese, parecía estar totalmente fuera de sitio. Fue algo que vio al final de aquel enorme hall central: allí había una escuela. No cabía ninguna duda; figuraba el nombre, la nomenclatura escolar, e incluso el numero del colegio. Marcelo no podía explicar la presencia de todas esas cosas, en el tercer piso de la casa; pero pronto dejó de importarle.
Aquel lugar tenía de todo. Estaba abandonado, pero podía arreglarse y ponerse en funcionamiento. Por alguna razón que él aún intentaba deducir, las patrullas del Orden no habían tomado esa casa, y no se mostraban muy ansiosos por hacerlo. Las cosas extrañas que allí sucedían parecían ser la causa.
Así pasaron tres días. La manada se acomodó perfectamente en la casona, y pronto se acostumbraron a todo lo extraño que allí sucedía. Cosas tan descabelladas como aparecer de repente, en un piso diferente al que uno estaba inicialmente, o que las puertas aparecieran y desaparecieran mágicamente. En esos tres días, Marcelo había estado explorando la casa. Usando el ascensor, había visitado cuatro de los cinco niveles de la casa; esto incluyendo uno de los dos niveles subterráneos, el cual estaba ocupado por toda clase de objetos, de las más diversas procedencias. Pero aún le faltaba visitar el segundo subsuelo, al cual aún no había podido entrar por una sencilla razón: el ascensor no abría la puerta...
La primera vez se había asustado bastante, le había ocurrido lo mismo que al llegar al tercer piso, pero con la diferencia de que en aquella primera ocasión, después de un rato, las puertas habían abierto. En cambio, en esa oportunidad y en las siguientes, debió marcar el botón de algún otro piso, para poder salir de allí. Era como si el nivel estuviera sellado.
Por supuesto, de entre todos los misterios que encerraba esa casa, el mayor era sin lugar a dudas, el del segundo piso. Un nivel entero que supuestamente no existía. Marcelo sabía que era muy probable que el piso realmente no existiera, y que la nomenclatura 3P fuera un mero accidente, o una broma del constructor. Sin embargo, su instinto le decía que había algo más...
Llegó un punto en el que habían logrado encontrar, cierta clase de lógica en las transformaciones que sufría la casa. Una especie de "ritmo" que se repetía una y otra vez a intervalos más o menos constantes. De ese modo, el grupo de Deal, había logrado acoplarse casi por completo a las modificaciones (puertas desapareciendo, cambios en la ubicación de los cuartos) de la casa. Ya habían pasado unos diez días, y en todo ese tiempo, las patrullas nos los habían molestado.
Marcelo seguía intentando descubrir si había o no un segundo piso, y tratando de entrar al segundo subsuelo. Poco a poco durante aquellos últimos días, algunos se habían unido a su búsqueda; más por combatir el aburrimiento que por convicción, pero lo habían ayudado mucho.
Ese día encontraron una puerta que nunca había visto antes, y para su sorpresa vio que era el acceso a las escaleras que conectaban todos los niveles. En un principio no se animó a entrar, temeroso de que la puerta desapareciera y no pudiera regresar; pero luego de descubrir el patrón que seguía, donde aparecía y con que frecuencia lo hacía, se aventuró al otro lado.
Según las inscripciones, él había ingresado por planta baja. Comenzó entonces a subir por la escalera y vio la puerta del prime piso. Subió un nivel más, y donde debía estar la puerta del segundo, observó una porción de pared totalmente diferente a la de alrededor. Eso le dio la pauta de que allí, en algún momento había existido una puerta. Tanto el tercer piso, como el primer subsuelo, tenían sus accesos habilitados. Pero al llegar al final de la escalera -al llegar al segundo subsuelo-, se dio cuenta de que la puerta, al igual que la del ascensor, estaba clausurada. La puerta parecía oxidada y bastante derruida, aunque inexplicablemente, había señales que hacían pensar a quien la viese, que había sido abierta recientemente. El extraño zócalo que tenía en lugar de cerradura, tenía una inscripción que él jamás había visto antes en la casa: "Santuarium". Aquello estaba escrito en letra clara y bien delineada.
Continuara parte 4...
3
El "3P", se parecía más a un centro comercial que a otra cosa. Frente a él tenía lo que parecía la sucursal de un banco, con cajero y todo; un hall central llenó de pequeños stands de bijouterie, y otros artículos de lo más variados. Incluso allí había un salón de conferencias. Pero encontró algo, que incluso en un sitio tan extraño como ese, parecía estar totalmente fuera de sitio. Fue algo que vio al final de aquel enorme hall central: allí había una escuela. No cabía ninguna duda; figuraba el nombre, la nomenclatura escolar, e incluso el numero del colegio. Marcelo no podía explicar la presencia de todas esas cosas, en el tercer piso de la casa; pero pronto dejó de importarle.
Aquel lugar tenía de todo. Estaba abandonado, pero podía arreglarse y ponerse en funcionamiento. Por alguna razón que él aún intentaba deducir, las patrullas del Orden no habían tomado esa casa, y no se mostraban muy ansiosos por hacerlo. Las cosas extrañas que allí sucedían parecían ser la causa.
Así pasaron tres días. La manada se acomodó perfectamente en la casona, y pronto se acostumbraron a todo lo extraño que allí sucedía. Cosas tan descabelladas como aparecer de repente, en un piso diferente al que uno estaba inicialmente, o que las puertas aparecieran y desaparecieran mágicamente. En esos tres días, Marcelo había estado explorando la casa. Usando el ascensor, había visitado cuatro de los cinco niveles de la casa; esto incluyendo uno de los dos niveles subterráneos, el cual estaba ocupado por toda clase de objetos, de las más diversas procedencias. Pero aún le faltaba visitar el segundo subsuelo, al cual aún no había podido entrar por una sencilla razón: el ascensor no abría la puerta...
La primera vez se había asustado bastante, le había ocurrido lo mismo que al llegar al tercer piso, pero con la diferencia de que en aquella primera ocasión, después de un rato, las puertas habían abierto. En cambio, en esa oportunidad y en las siguientes, debió marcar el botón de algún otro piso, para poder salir de allí. Era como si el nivel estuviera sellado.
Por supuesto, de entre todos los misterios que encerraba esa casa, el mayor era sin lugar a dudas, el del segundo piso. Un nivel entero que supuestamente no existía. Marcelo sabía que era muy probable que el piso realmente no existiera, y que la nomenclatura 3P fuera un mero accidente, o una broma del constructor. Sin embargo, su instinto le decía que había algo más...
Llegó un punto en el que habían logrado encontrar, cierta clase de lógica en las transformaciones que sufría la casa. Una especie de "ritmo" que se repetía una y otra vez a intervalos más o menos constantes. De ese modo, el grupo de Deal, había logrado acoplarse casi por completo a las modificaciones (puertas desapareciendo, cambios en la ubicación de los cuartos) de la casa. Ya habían pasado unos diez días, y en todo ese tiempo, las patrullas nos los habían molestado.
Marcelo seguía intentando descubrir si había o no un segundo piso, y tratando de entrar al segundo subsuelo. Poco a poco durante aquellos últimos días, algunos se habían unido a su búsqueda; más por combatir el aburrimiento que por convicción, pero lo habían ayudado mucho.
Ese día encontraron una puerta que nunca había visto antes, y para su sorpresa vio que era el acceso a las escaleras que conectaban todos los niveles. En un principio no se animó a entrar, temeroso de que la puerta desapareciera y no pudiera regresar; pero luego de descubrir el patrón que seguía, donde aparecía y con que frecuencia lo hacía, se aventuró al otro lado.
Según las inscripciones, él había ingresado por planta baja. Comenzó entonces a subir por la escalera y vio la puerta del prime piso. Subió un nivel más, y donde debía estar la puerta del segundo, observó una porción de pared totalmente diferente a la de alrededor. Eso le dio la pauta de que allí, en algún momento había existido una puerta. Tanto el tercer piso, como el primer subsuelo, tenían sus accesos habilitados. Pero al llegar al final de la escalera -al llegar al segundo subsuelo-, se dio cuenta de que la puerta, al igual que la del ascensor, estaba clausurada. La puerta parecía oxidada y bastante derruida, aunque inexplicablemente, había señales que hacían pensar a quien la viese, que había sido abierta recientemente. El extraño zócalo que tenía en lugar de cerradura, tenía una inscripción que él jamás había visto antes en la casa: "Santuarium". Aquello estaba escrito en letra clara y bien delineada.
Continuara parte 4...

No hay comentarios:
Publicar un comentario