Viene de parte 1
2
Siguió observando y entonces vio que a un lado de la puerta, había un enorme refrigerador, aún más grande que la abertura. Era muy pesado, pero confiaba en que con ayuda, podría moverlo. Entre varios comenzaron con la tarea que sabían de antemano, no sería nada fácil. Pero casi al mismo tiempo que ellos lo intentaban, desde la parte de afuera de la casa, uno de los autos patrulla de la policía del Orden, embistió contra el portón. Las puertas se abrieron de par en par, y ellos pudieron ver como la Chevy amarilla, retrocedía para de ese modo volver a tomar carrera. Ya solo les quedaba una posibilidad, y era lograr mover el refrigerador. No creían poder hacerlo a tiempo. Sin embargo a último momento, y dejando una gran marca en las baldosas, la base se deslizó sobre el piso, pudiendo mover así el gigantesco electrodoméstico, hasta situarlo delante del portón cerrado. Un instante después, sintieron el impacto del auto al chocar contra el portón. Increíblemente, este no cedió.
El refrigerador, tenía prácticamente un metro setenta de profundidad, por dos de alto. Por si mismo pesaría al menos dos toneladas. Además de que al situarlo delante de la entrada, había quedado encajado en un desnivel del piso, un pequeño escalón de no más de tres centímetros, pero suficiente para impedir que el refrigerador se deslizara. Por otro lado, era virtualmente imposible que pudieran voltearlo.
Estando seguro de que por ahí no lograrían entrar, continuó revisando las habitaciones. Justo al lado de la cocina había dos puertas; eran las de dos baños. Uno de ellos parecía encontrarse en perfecto estado, aunque estaba un poco sucio y descuidado; eso resultaba completamente lógico. Sin embargo, lo que realmente llamó la atención del grupo fue el segundo baño.
Al entrar, notaron que el lugar estaba lleno de cosas como juguetes, libros de colorear, e incluso una pequeña e improvisada cama color rosa. Todo indicaba que en algún momento, aquella habitación, había servido como cuarto para una niña. La presencia de todas esas cosas, indicaban que habían debido irse apresuradamente, dejándolo todo atrás. Si bien aquel baño despertaba su curiosidad, Marcelo sabía que debía seguir con su recorrida. Así que cerró las ventanas y salió del cuarto.
Al final del pasillo vio una luz. En ese momento pasaron decenas de cosas por su cabeza, docenas de explicaciones para aquella luz, pero ninguna de sus especulaciones estaba cerca de explicar lo que estaba a punto de ver...
Con cautela se acercó a la puerta y entró. Era una segunda cocina, pero se encontraba en perfecto estado. Los platos estaban apilados sobre la mesada, los vasos al borde de la pileta, y los cubiertos secándose en el escurridor. El piso era blanco, y relucía de limpio. A la mesa, estaban sentadas dos mujeres, conversando animadamente sobre los temas más intrascendentes. Marcelo las observó intentando reconocerlas, pero no recordaba que fueran parte de la manada. Las mujeres ni siquiera repararon en él, pero por algún motivo eso no le preocupó demasiado. Elevó la vista y vio una enorme ventana tipo vaivén; debía cerrarla. Se acercó, y por más que buscó un modo de trancar aquella ventana, luego de casi cinco minutos no había podido hacerlo. Finalmente una de esas dos mujeres le habló.
- Esa ventana no se puede trabar. Igual no te preocupes, que estamos en un primer piso...- Marcelo miró de nuevo hacia la mesa y vio como las dos señoras le sonreían. Entonces asomó la cabeza por la ventana y miró hacia afuera. Efectivamente estaban en un primer piso.
Se veía el techo de tejas, la gran arboleda que ocultaba del exterior buena parte de la casa, y más abajo -a unos cuatro o cinco metros- el césped del parque trasero. Ya de por si, todo era muy extraño; pero más extraño aún fue el hecho de que al voltear nuevamente, la cocina había cambiado por completo: Las dos mujeres no estaban, y todo lo que antes había estado limpio y reluciente, ahora estaba sucio y roto.
Las cosas estaban tornándose muy extrañas. Marcelo comenzó a hacerse entonces una idea, de la razón por la que los miembros de las Patrullas, le temían a la casa...
Fue casi una hora después, que regresó a aquella cocina. En esa segunda ocasión, vio algo que no había visto la primera vez; parecía un ascensor. Era el típico "elevador" con puertas automáticas, todo de metal brillante. Algo que jamás había esperado encontrar en una casa. Al costado de la puerta, había un panel con dos botones, y cinco luces que marcaban cinco paradas. Eso le llamó mucho la atención.
Decidió presionar uno de los botones, y casi de inmediato, la puerta se abrió. Dentro, el elevador estaba todo recubierto por espejos. A un costado, vio el panel con los botones; uno de ellos decía "3P". Aparentemente, ese era el punto más alto del lugar. Le extrañó que no hubiese un segundo piso, pero fue algo más en la lista de cosas extrañas que estaban sucediendo allí. Presionó entonces el botón y las puertas se cerraron.
No tardó demasiado tiempo en detenerse, pero las puertas no se abrieron de inmediato. Por el contrario, transcurrió tanto tiempo que en cierto momento, él comenzó a preocuparse. Finalmente la puerta se abrió, y lo que vio entonces, fue algo increíble...
Continuara parte 3...
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Siguió observando y entonces vio que a un lado de la puerta, había un enorme refrigerador, aún más grande que la abertura. Era muy pesado, pero confiaba en que con ayuda, podría moverlo. Entre varios comenzaron con la tarea que sabían de antemano, no sería nada fácil. Pero casi al mismo tiempo que ellos lo intentaban, desde la parte de afuera de la casa, uno de los autos patrulla de la policía del Orden, embistió contra el portón. Las puertas se abrieron de par en par, y ellos pudieron ver como la Chevy amarilla, retrocedía para de ese modo volver a tomar carrera. Ya solo les quedaba una posibilidad, y era lograr mover el refrigerador. No creían poder hacerlo a tiempo. Sin embargo a último momento, y dejando una gran marca en las baldosas, la base se deslizó sobre el piso, pudiendo mover así el gigantesco electrodoméstico, hasta situarlo delante del portón cerrado. Un instante después, sintieron el impacto del auto al chocar contra el portón. Increíblemente, este no cedió.
El refrigerador, tenía prácticamente un metro setenta de profundidad, por dos de alto. Por si mismo pesaría al menos dos toneladas. Además de que al situarlo delante de la entrada, había quedado encajado en un desnivel del piso, un pequeño escalón de no más de tres centímetros, pero suficiente para impedir que el refrigerador se deslizara. Por otro lado, era virtualmente imposible que pudieran voltearlo.
Estando seguro de que por ahí no lograrían entrar, continuó revisando las habitaciones. Justo al lado de la cocina había dos puertas; eran las de dos baños. Uno de ellos parecía encontrarse en perfecto estado, aunque estaba un poco sucio y descuidado; eso resultaba completamente lógico. Sin embargo, lo que realmente llamó la atención del grupo fue el segundo baño.
Al entrar, notaron que el lugar estaba lleno de cosas como juguetes, libros de colorear, e incluso una pequeña e improvisada cama color rosa. Todo indicaba que en algún momento, aquella habitación, había servido como cuarto para una niña. La presencia de todas esas cosas, indicaban que habían debido irse apresuradamente, dejándolo todo atrás. Si bien aquel baño despertaba su curiosidad, Marcelo sabía que debía seguir con su recorrida. Así que cerró las ventanas y salió del cuarto.
Al final del pasillo vio una luz. En ese momento pasaron decenas de cosas por su cabeza, docenas de explicaciones para aquella luz, pero ninguna de sus especulaciones estaba cerca de explicar lo que estaba a punto de ver...
Con cautela se acercó a la puerta y entró. Era una segunda cocina, pero se encontraba en perfecto estado. Los platos estaban apilados sobre la mesada, los vasos al borde de la pileta, y los cubiertos secándose en el escurridor. El piso era blanco, y relucía de limpio. A la mesa, estaban sentadas dos mujeres, conversando animadamente sobre los temas más intrascendentes. Marcelo las observó intentando reconocerlas, pero no recordaba que fueran parte de la manada. Las mujeres ni siquiera repararon en él, pero por algún motivo eso no le preocupó demasiado. Elevó la vista y vio una enorme ventana tipo vaivén; debía cerrarla. Se acercó, y por más que buscó un modo de trancar aquella ventana, luego de casi cinco minutos no había podido hacerlo. Finalmente una de esas dos mujeres le habló.
- Esa ventana no se puede trabar. Igual no te preocupes, que estamos en un primer piso...- Marcelo miró de nuevo hacia la mesa y vio como las dos señoras le sonreían. Entonces asomó la cabeza por la ventana y miró hacia afuera. Efectivamente estaban en un primer piso.
Se veía el techo de tejas, la gran arboleda que ocultaba del exterior buena parte de la casa, y más abajo -a unos cuatro o cinco metros- el césped del parque trasero. Ya de por si, todo era muy extraño; pero más extraño aún fue el hecho de que al voltear nuevamente, la cocina había cambiado por completo: Las dos mujeres no estaban, y todo lo que antes había estado limpio y reluciente, ahora estaba sucio y roto.
Las cosas estaban tornándose muy extrañas. Marcelo comenzó a hacerse entonces una idea, de la razón por la que los miembros de las Patrullas, le temían a la casa...
Fue casi una hora después, que regresó a aquella cocina. En esa segunda ocasión, vio algo que no había visto la primera vez; parecía un ascensor. Era el típico "elevador" con puertas automáticas, todo de metal brillante. Algo que jamás había esperado encontrar en una casa. Al costado de la puerta, había un panel con dos botones, y cinco luces que marcaban cinco paradas. Eso le llamó mucho la atención.
Decidió presionar uno de los botones, y casi de inmediato, la puerta se abrió. Dentro, el elevador estaba todo recubierto por espejos. A un costado, vio el panel con los botones; uno de ellos decía "3P". Aparentemente, ese era el punto más alto del lugar. Le extrañó que no hubiese un segundo piso, pero fue algo más en la lista de cosas extrañas que estaban sucediendo allí. Presionó entonces el botón y las puertas se cerraron.
No tardó demasiado tiempo en detenerse, pero las puertas no se abrieron de inmediato. Por el contrario, transcurrió tanto tiempo que en cierto momento, él comenzó a preocuparse. Finalmente la puerta se abrió, y lo que vio entonces, fue algo increíble...
Continuara parte 3...

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