Viene de parte 3
4
Durante varias noches, Marcelo Deal intentó resolver los acertijos que representaban, cada uno a su manera, el segundo piso y el segundo subsuelo. En algún punto, durante aquellas horas de desvelo, comenzó a creer que tal vez si lograban entrar al segundo piso, podrían resolver el misterio del nivel más profundo de la casa.
Para Don Vicente no fue muy difícil preparar un par de cargas y disponerlas de tal modo, que pudieran volar la irregular pared que cubría la puerta del "2P". Durante años se había dedicado a demoliciones, y desde su ingreso en la Manada, se había convertido en su experto en explosivos; eso los había salvado algunas veces.
Don Vicente colocó las cargas, en los puntos en que consideró que serían más eficientes, y se alejó. Detrás de él, a un metro más de distancia, estaba Marcelo observando. Tenía los brazos cruzados y la vista clavada en el muro. Don Vicente contó mentalmente los segundos, y al llegar a diez, accionó el detonador. La pared se derrumbó limpiamente, revelando una puerta de metal gris oscuro, igual a las puertas de los demás niveles. Marcelo se acercó y bajó el picaporte. Para su enorme sorpresa, este cedió y la puerta se abrió.
En un principio la penumbra absoluta en la que se encontraba aquel lugar, le impidió observarlo, pero conforme sus ojos se acostumbraban a ese ambiente casi sin luz, Marcelo pudo ver más y más detalles; hasta que en un momento comenzó a distinguir algo más que sombras. Don Vicente miraba hacia todas partes como intentando encontrar algo. Marcelo Deal, comenzó a caminar por todo el cuarto, con la convicción de que la clave para poder entrar al segundo subsuelo, estaba en ese lugar.
El "P2", estaba repleto de artefactos inútiles. De un modo muy parecido a lo que sucedía en el primer subsuelo, pero con la particularidad de que allí, todo estaba increíblemente ordenado. Casi al final del pasillo, habiendo pasado el amplio espacio del hall, vio una puerta que parecía ser diferente a las demás. Para empezar, tenía una inscripción bastante extraña en la parte superior, pero además, aparentemente estaba cerrada.
Marcelo pensó de repente que la llave de esa puerta, debía estar en aquel manojo de llaves, que había encontrado en el portón de la cocina de planta baja. Aún las tenía encima; por algún motivo, las había llevado con él durante los últimos diez días... Se acercó hasta situarse delante de la puerta, y sacó el manojo de su bolsillo. Probó entonces con la que le pareció, la llave más adecuada. El cerrojo increíblemente cedió, y con un ensordecedor chillido, la pesada hoja de metal se abrió.
Al entrar, pudieron ver que dentro del cuarto, había una mesa sobre la que se encontraban etiquetadas un gran número de piezas; mayormente de tamaño reducido. Marcelo se aproximó y miró las cosas detenidamente. Sabía que cuando viera lo que estaba buscando, de algún modo lo reconocería.
De repente todo estuvo claro en su cabeza; simplemente lo supo. Su mente acababa de resolver gran parte del enigma que encerraba aquella casa, permitiéndole concluir que su mejor opción, era seguir la ruta que aquello que gobernaba la casa, les estaba indicando. Era como si algo o alguien, le hiciera llegar la información, directamente a su cabeza. Fue luego de pensar justamente en eso, que encontró lo que buscaba...
Era un pequeño aparatito rectangular, que pronto entendió encajaría perfectamente, en el zócalo que había visto en la puerta del segundo subsuelo. Tenía cinco teclas, dispuestas en forma de cruz con un vértice central. Resultaba obvio concluir, que debería introducir alguna clase de combinación para abrir la puerta. Pero ese no sería realmente un problema, ya que se le acababan de ocurrir un par de posibilidades.
Esa noche soñó cosas bastante extrañas. Se vio a si mismo caminando por una serie de túneles oscuros, con una lámpara de aceite como única iluminación. Todo en aquel sueño le parecía muy normal. Junto a él, caminaba una joven que jamás había visto antes; pero que parecía conocer a la perfección aquel sitio.
Al despertar, tenía la plena seguridad de que aquellos túneles, eran el lugar al que la casa los estaba guiando, y más aún, estaba convencido de que la entrada estaba en el segundo subsuelo. Aquella noche no pudo dormir más...
A la mañana siguiente, se levantó como si hubiera dormido ocho horas seguidas. Tenía mucha energía, y parecía estar inquieto. Desayunó algo de pasada, y se paró a esperar que la puerta de las escaleras apareciera. Para entonces, ya le había tomado el ritmo a la casa, y podía calcular aproximadamente, donde y cuando aparecería una puerta o cuando se encontrarían de repente en otro piso. La puerta tardó un rato largo en aparecer. Deal se apoyó contra la pared, y pacientemente esperó. Especulaba sobre cual podría ser la combinación que abriría la puerta. Creía tener la respuesta entre un grupo de números que había armado. Finalmente la puerta apareció, y sin perder más tiempo, entró y comenzó a bajar por las escaleras. El recibidor del segundo subsuelo, estaba igual que la última vez que lo había visto. Marcelo se acercó entonces a la puerta, y sacando la pequeña caja de su bolsillo, la colocó en su lugar. La caja encajó a la perfección, y de inmediato vio como se iluminó el display, que hasta entonces había estado apagado...
Continuara parte 5 y final
4
Durante varias noches, Marcelo Deal intentó resolver los acertijos que representaban, cada uno a su manera, el segundo piso y el segundo subsuelo. En algún punto, durante aquellas horas de desvelo, comenzó a creer que tal vez si lograban entrar al segundo piso, podrían resolver el misterio del nivel más profundo de la casa.
Para Don Vicente no fue muy difícil preparar un par de cargas y disponerlas de tal modo, que pudieran volar la irregular pared que cubría la puerta del "2P". Durante años se había dedicado a demoliciones, y desde su ingreso en la Manada, se había convertido en su experto en explosivos; eso los había salvado algunas veces.
Don Vicente colocó las cargas, en los puntos en que consideró que serían más eficientes, y se alejó. Detrás de él, a un metro más de distancia, estaba Marcelo observando. Tenía los brazos cruzados y la vista clavada en el muro. Don Vicente contó mentalmente los segundos, y al llegar a diez, accionó el detonador. La pared se derrumbó limpiamente, revelando una puerta de metal gris oscuro, igual a las puertas de los demás niveles. Marcelo se acercó y bajó el picaporte. Para su enorme sorpresa, este cedió y la puerta se abrió.
En un principio la penumbra absoluta en la que se encontraba aquel lugar, le impidió observarlo, pero conforme sus ojos se acostumbraban a ese ambiente casi sin luz, Marcelo pudo ver más y más detalles; hasta que en un momento comenzó a distinguir algo más que sombras. Don Vicente miraba hacia todas partes como intentando encontrar algo. Marcelo Deal, comenzó a caminar por todo el cuarto, con la convicción de que la clave para poder entrar al segundo subsuelo, estaba en ese lugar.
El "P2", estaba repleto de artefactos inútiles. De un modo muy parecido a lo que sucedía en el primer subsuelo, pero con la particularidad de que allí, todo estaba increíblemente ordenado. Casi al final del pasillo, habiendo pasado el amplio espacio del hall, vio una puerta que parecía ser diferente a las demás. Para empezar, tenía una inscripción bastante extraña en la parte superior, pero además, aparentemente estaba cerrada.
Marcelo pensó de repente que la llave de esa puerta, debía estar en aquel manojo de llaves, que había encontrado en el portón de la cocina de planta baja. Aún las tenía encima; por algún motivo, las había llevado con él durante los últimos diez días... Se acercó hasta situarse delante de la puerta, y sacó el manojo de su bolsillo. Probó entonces con la que le pareció, la llave más adecuada. El cerrojo increíblemente cedió, y con un ensordecedor chillido, la pesada hoja de metal se abrió.
Al entrar, pudieron ver que dentro del cuarto, había una mesa sobre la que se encontraban etiquetadas un gran número de piezas; mayormente de tamaño reducido. Marcelo se aproximó y miró las cosas detenidamente. Sabía que cuando viera lo que estaba buscando, de algún modo lo reconocería.
De repente todo estuvo claro en su cabeza; simplemente lo supo. Su mente acababa de resolver gran parte del enigma que encerraba aquella casa, permitiéndole concluir que su mejor opción, era seguir la ruta que aquello que gobernaba la casa, les estaba indicando. Era como si algo o alguien, le hiciera llegar la información, directamente a su cabeza. Fue luego de pensar justamente en eso, que encontró lo que buscaba...
Era un pequeño aparatito rectangular, que pronto entendió encajaría perfectamente, en el zócalo que había visto en la puerta del segundo subsuelo. Tenía cinco teclas, dispuestas en forma de cruz con un vértice central. Resultaba obvio concluir, que debería introducir alguna clase de combinación para abrir la puerta. Pero ese no sería realmente un problema, ya que se le acababan de ocurrir un par de posibilidades.
Esa noche soñó cosas bastante extrañas. Se vio a si mismo caminando por una serie de túneles oscuros, con una lámpara de aceite como única iluminación. Todo en aquel sueño le parecía muy normal. Junto a él, caminaba una joven que jamás había visto antes; pero que parecía conocer a la perfección aquel sitio.
Al despertar, tenía la plena seguridad de que aquellos túneles, eran el lugar al que la casa los estaba guiando, y más aún, estaba convencido de que la entrada estaba en el segundo subsuelo. Aquella noche no pudo dormir más...
A la mañana siguiente, se levantó como si hubiera dormido ocho horas seguidas. Tenía mucha energía, y parecía estar inquieto. Desayunó algo de pasada, y se paró a esperar que la puerta de las escaleras apareciera. Para entonces, ya le había tomado el ritmo a la casa, y podía calcular aproximadamente, donde y cuando aparecería una puerta o cuando se encontrarían de repente en otro piso. La puerta tardó un rato largo en aparecer. Deal se apoyó contra la pared, y pacientemente esperó. Especulaba sobre cual podría ser la combinación que abriría la puerta. Creía tener la respuesta entre un grupo de números que había armado. Finalmente la puerta apareció, y sin perder más tiempo, entró y comenzó a bajar por las escaleras. El recibidor del segundo subsuelo, estaba igual que la última vez que lo había visto. Marcelo se acercó entonces a la puerta, y sacando la pequeña caja de su bolsillo, la colocó en su lugar. La caja encajó a la perfección, y de inmediato vio como se iluminó el display, que hasta entonces había estado apagado...
Continuara parte 5 y final

No hay comentarios:
Publicar un comentario