domingo, 22 de febrero de 2009

Nada había sido casual (parte 1)

El puente de mando de la nave estaba en completo silencio. Daniel Cássara dormitaba sentado en la silla del capitán; de a ratos parecía salir de su letargo para mirar a través del gran ventanal frontal. Al otro lado del grueso cristal de fibra de diamante, podía contemplar la silueta recortada de Marte. La nave se encontraba en orbita alrededor del planeta rojo, esperando la autorización para aterrizar. Los procedimientos burocráticos del cuarto planeta, solían ser exhaustivos y bastante tediosos; pero su nave, esperaba desde hacía casi cinco días. En otra parte de la nave, el Capitán Sorino, intentaba razonar con el personal de la aduana.
- Hace casi cinco días que esperamos su confirmación. Ya les mostramos el manifiesto de carga, y saben que llevamos medicamentos. La autoridades de sanidad nos están esperando desde hace días.- Sorino comenzaba a enojarse.
- Yo lo entiendo a usted Capitán. Pero usted debe hacer lo propio con mi persona, estoy atado de manos. Según una denuncia recogida por mi departamento, esa nave se encuentra en cuarentena. Hasta que el peligro desaparezca, no podré dejarlos aterrizar.-
-¿Usted me está tomando el pelo? Sabe muy bien que solo tenemos provisiones y oxigeno para unos cinco días más. Si no descargamos entre hoy a la noche y mañana, deberemos regresar a la Tierra. Si no fuera por los medicamentos, yo ya me hubiera vuelto para casa. La verdad que su atención al turista deja mucho que desear…-
- No puedo hacer nada por usted señor. Los escaneos ambiéntales, han detectado la presencia de ciertos microbios en su aire, que sugieren que sufren una serie de enfermedades pulmonares.- Sorino, estaba a punto de perder el buen juicio.
-¿Pero de que está hablando? Si el único enfermo aquí, es nuestro Ingeniero; que tiene una gripe común y silvestre. De hecho dentro de nuestro embarque hay vacunas para esa enfermedad.- El Inspector de aduana lo observó triunfante.
- O sea que admite que nuestro análisis fue correcto…-
- Pero si esa no es un enfermad que requiera cuarentena. Nuestros bisabuelos la curaban con un poco de caldo de pollo. Es inofensivo…- El funcionario hizo un gesto con las manos como diciéndole que él nada podía hacer. Fue en ese momento que Sorino cortó abruptamente la transmisión. Se sentía completamente impotente ante la situación. Todo por una simple gripe…

El capitán estaba indignado. Caminaba de una punta a la otra de su habitación, murmurando y maldiciendo. Pronto comprendió que no podía hacer otra cosa más que esperar. Finalmente se sentó frente a la computadora, e hizo lo único que le quedaba por hacer: mandar un mail al consulado terrestre en Marte. Hacía casi cincuenta años, que la colonia marciana, se había independizado del tercer planeta, y desde entonces habían endurecido año a año los requisitos para el ingreso de naves terrestres al planeta. El creía que tal vez el consulado en el planeta rojo, podría destrabar la situación.

Cecil Roths, era el ingeniero de vuelo de la nave. Hacía días que padecía una simple gripe, pero era tanto el malestar que sentía, que los primeros dos días había estado en cama alimentándose a base de caldos y galletitas de agua. Para ese momento estaba recuperado casi por completo, pero aún se sentía algo decaído y bastante congestionado. Estaba realizando tareas rutinarias de mantenimiento en la sala de máquinas en el nivel inferior, muy cerca de la bodega de carga. Y fue allí que descubrió algo bastante preocupante.
Los niveles de oxigeno descendían abruptamente y aquello le daba la pauta de que tan solo les quedaban pocos minutos de aire. Dejó todo lo que estaba haciendo y se apresuró a manipular el tablero de comunicaciones para avisarle al capitán. Pero no había caso, el panel no respondía; los niveles de energía de la nave también descendían. No tenía demasiado tiempo, así que puso los sistemas de puertas de la nave en manual, y a un ritmo demasiado lento, comenzó su carrera por alcanzar el puente de la nave. Sabía que en cualquier momento se terminaría todo, así que se apresuró lo más que pudo, pero no fue suficiente. Pronto comenzó a sentir la falta de oxígeno y poco después cayó inconsciente en el piso de aquel pasillo.

El resto de la tripulación permanecía completamente ajeno a todo esto, y no parecía verse afectada por el desperfecto. Daniel Cássara seguía en el puente de mando, sentado en la silla del capitán. Sabía que debía permanecer despierto ya que en cualquier momento aparecería Sorino, y no debía encontrarlo flojeando. De pronto levantó la vista y notó una pequeña diferencia, casi imperceptible, en el monitor de signos vitales de la nave. En realidad no entendía como lo había notado, la señal cardiaca de Roths había desaparecido…


Continua parte 2

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