viene de la parte 1
La doctora Carla Benson, era la médica de la nave. Estaba durmiendo en su habitación, cuando Cássara la despertó con su llamado. Pocos instantes después, cuando logró despabilarse por completo, revisó su monitor cardíaco. Efectivamente, la señal de Roths había desaparecido.
- Computadora: Ubica el comunicador del Ingeniero de vuelo.-
El ordenador, no tardó demasiado en mostrar en la pantalla de su organizador, el sector y la ubicación exacta. No podía perder tiempo; cabía la posibilidad de que fuera una falsa alarma, pero no estaba dispuesta a correr ese riesgo. Salió de su habitación, justo para encontrarse con Sorino que acababa de enterarse de lo que estaba pasando. Se dirigieron ambos hacia el pasillo de acceso de la cubierta inferior. Y fue allí que lo encontraron, tan solo a unos metros del acceso al elevador. Benson se agachó y controló los signos vitales.
-¿Y doctora?, ¿Cuál es su diagnóstico?- Carla Benson movió su cabeza negativamente y luego habló.
- Está muerto Capitán… Ya no hay nada que podamos hacer, la actividad cerebral ha desaparecido por completo.-
- ¿Puede decirme cual fue la causa de la muerte?- Sorino de repente se sintió muy preocupado. Tenía miedo de que los marcianos tuvieran razón, y que la nave estuviera siendo atacada por alguna clase de enfermedad mortal.
- El escaner me muestra que los niveles de oxígeno en sangre han descendido considerablemente. Al parecer Cecil murió asfixiado. Es como si de repente se hubiera quedado sin aire.- Alberto Sorino se apresuró a controlar los niveles de oxígeno en aquella cubierta.
-¿Cómo puede ser? Los niveles atmosféricos son normales. Además no hay ningún registro de que hayan descendido en algún momento durante las últimas veinticuatro horas.-
- No lo sé Capitán. Yo solo puedo decirle que Cecil Roths ha muerto sofocado por falta de oxígeno.- luego de aquella aseveración, ambos permanecieron en silencio. Ninguno de los dos entendía que había pasado.
En otra parte de la nave, Eric Sapiola, revisaba los ductos que el ingeniero de vuelo le había encargado. Eric era el ayudante del ingeniero, y su tarea era realizar la mayor parte de los controles rutinarios de la nave. En ese momento realizaba sus tareas asignadas como todos los días. De repente notó algo extraño; una alarma que acababa de encenderse. Miró detenidamente la pantalla de su PDA y verificó que los niveles de oxígeno habían bajado casi hasta cero. No tuvo demasiado tiempo, ya que poco después comenzó a sentir como la falta de aire hacía que perdiera el conocimiento…
A la mañana siguiente, el funcionario de la aduana que había mantenido aquella comunicación con el capitán Sorino, envió un mensaje a la nave diciéndole que habían autorizado su descenso. Pero luego de intentar establecer la conversación seis veces, entendió que estaba pasando algo malo. Rápidamente ordenó un escaneo de la nave. Los niveles atmosféricos y todo lo demás eran normales, pero no detectaban ningún signo vital.
La escuadra de seguridad, entró a la nave, solo para comprobar que sus diez tripulantes habían muerto. La autopsia que se realizó pocas horas después, confirmó lo que los escaneos vitales habían mostrado en un primer momento: Todos habían muerto asfixiados; sofocados por falta de aire. Poco después la nave fue devuelta a la compañía terrestre a la que pertenecía, y al poco tiempo le fue asignado un nuevo capitán y una nueva tripulación.
Ni aquel funcionario, ni ninguno de los expertos que consultaron en las siguientes semanas, pudieron determinar lo que había pasado. Jamás supieron lo que había ocurrido…
Dos décadas después, un grupo científicos de la colonia de Venus, descubrió que las resinas que usaban en aquella época para fabricar los cristales de fibra de diamante, desprendían bajo ciertas condiciones, una clase de sustancia psicotrópica que hacía creer a las personas que se estaban asfixiando; provocando de ese modo, una respuesta fisiológica acorde a un sofocamiento real.
El descubrimiento sirvió para explicar lo ocurrido en la nave de Marte, y en otros cuatro o cinco casos similares, registrados durante esos años. Si bien en parte aquello era cierto, la realidad había sido un tanto más compleja. Nunca supieron sin embargo, que las condiciones necesarias para que la sustancia se liberara, no habían estado presentes en ese caso. Eso solo significaba una cosa.
Nada de lo ocurrido había sido casual.
La doctora Carla Benson, era la médica de la nave. Estaba durmiendo en su habitación, cuando Cássara la despertó con su llamado. Pocos instantes después, cuando logró despabilarse por completo, revisó su monitor cardíaco. Efectivamente, la señal de Roths había desaparecido.
- Computadora: Ubica el comunicador del Ingeniero de vuelo.-
El ordenador, no tardó demasiado en mostrar en la pantalla de su organizador, el sector y la ubicación exacta. No podía perder tiempo; cabía la posibilidad de que fuera una falsa alarma, pero no estaba dispuesta a correr ese riesgo. Salió de su habitación, justo para encontrarse con Sorino que acababa de enterarse de lo que estaba pasando. Se dirigieron ambos hacia el pasillo de acceso de la cubierta inferior. Y fue allí que lo encontraron, tan solo a unos metros del acceso al elevador. Benson se agachó y controló los signos vitales.
-¿Y doctora?, ¿Cuál es su diagnóstico?- Carla Benson movió su cabeza negativamente y luego habló.
- Está muerto Capitán… Ya no hay nada que podamos hacer, la actividad cerebral ha desaparecido por completo.-
- ¿Puede decirme cual fue la causa de la muerte?- Sorino de repente se sintió muy preocupado. Tenía miedo de que los marcianos tuvieran razón, y que la nave estuviera siendo atacada por alguna clase de enfermedad mortal.
- El escaner me muestra que los niveles de oxígeno en sangre han descendido considerablemente. Al parecer Cecil murió asfixiado. Es como si de repente se hubiera quedado sin aire.- Alberto Sorino se apresuró a controlar los niveles de oxígeno en aquella cubierta.
-¿Cómo puede ser? Los niveles atmosféricos son normales. Además no hay ningún registro de que hayan descendido en algún momento durante las últimas veinticuatro horas.-
- No lo sé Capitán. Yo solo puedo decirle que Cecil Roths ha muerto sofocado por falta de oxígeno.- luego de aquella aseveración, ambos permanecieron en silencio. Ninguno de los dos entendía que había pasado.
En otra parte de la nave, Eric Sapiola, revisaba los ductos que el ingeniero de vuelo le había encargado. Eric era el ayudante del ingeniero, y su tarea era realizar la mayor parte de los controles rutinarios de la nave. En ese momento realizaba sus tareas asignadas como todos los días. De repente notó algo extraño; una alarma que acababa de encenderse. Miró detenidamente la pantalla de su PDA y verificó que los niveles de oxígeno habían bajado casi hasta cero. No tuvo demasiado tiempo, ya que poco después comenzó a sentir como la falta de aire hacía que perdiera el conocimiento…
A la mañana siguiente, el funcionario de la aduana que había mantenido aquella comunicación con el capitán Sorino, envió un mensaje a la nave diciéndole que habían autorizado su descenso. Pero luego de intentar establecer la conversación seis veces, entendió que estaba pasando algo malo. Rápidamente ordenó un escaneo de la nave. Los niveles atmosféricos y todo lo demás eran normales, pero no detectaban ningún signo vital.
La escuadra de seguridad, entró a la nave, solo para comprobar que sus diez tripulantes habían muerto. La autopsia que se realizó pocas horas después, confirmó lo que los escaneos vitales habían mostrado en un primer momento: Todos habían muerto asfixiados; sofocados por falta de aire. Poco después la nave fue devuelta a la compañía terrestre a la que pertenecía, y al poco tiempo le fue asignado un nuevo capitán y una nueva tripulación.
Ni aquel funcionario, ni ninguno de los expertos que consultaron en las siguientes semanas, pudieron determinar lo que había pasado. Jamás supieron lo que había ocurrido…
Dos décadas después, un grupo científicos de la colonia de Venus, descubrió que las resinas que usaban en aquella época para fabricar los cristales de fibra de diamante, desprendían bajo ciertas condiciones, una clase de sustancia psicotrópica que hacía creer a las personas que se estaban asfixiando; provocando de ese modo, una respuesta fisiológica acorde a un sofocamiento real.
El descubrimiento sirvió para explicar lo ocurrido en la nave de Marte, y en otros cuatro o cinco casos similares, registrados durante esos años. Si bien en parte aquello era cierto, la realidad había sido un tanto más compleja. Nunca supieron sin embargo, que las condiciones necesarias para que la sustancia se liberara, no habían estado presentes en ese caso. Eso solo significaba una cosa.
Nada de lo ocurrido había sido casual.

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